Una visita anti latinoamericana

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Alberto Acevedo

No resultó cierta la versión de los grandes medios de comunicación, particularmente los colombianos, de que la gira del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, por cuatro países del continente, tendría como objetivo afianzar lazos de cooperación económica y examinar la lucha contra el narcotráfico, entre otros tópicos de la cooperación bilateral con la Casa Blanca.

En realidad, estos aspectos fueron relegados a un segundo plano, y lo relevante del mensaje del vicepresidente, es el intento de cohesionar un bloque de países, alineados con la política intervencionista de los Estados Unidos, en un intento desesperado por aislar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, crear la imagen de un país inviable y alimentar las condiciones para una intervención militar directa, idea que por cierto fue muy mal recibida entre los tradicionales aliados de la política de Washington.

En la medida en que avanzaba su gira por los países que Estados Unidos ha considerado su ‘patio trasero’, el flamante vicepresidente fue quitándose la careta de demócrata, y mostró su rostro de estratega de la intervención directa en los asuntos de otras naciones, de sometimiento de sus aliados al dictado de la política exterior norteamericana y de amenazas, al indicar que su país “no se va a quedar quieto” ante las decisiones soberanas que adopte el pueblo venezolano.

‘Democracia’ americana

En Cartagena, Mike Pence dijo que su país seguirá apoyando elecciones libres en el hemisferio occidental “hasta que se restaure la democracia para el pueblo venezolano”. Indicó además que “Estados Unidos no se quedará parado mientras Venezuela se desmorona” y advirtió que “Estados Unidos, Colombia y las naciones libres de América Latina no callarán”.

Dijo finalmente el señor Pence que “un Estado fallido en Venezuela amenaza la seguridad y la prosperidad de todo nuestro hemisferio y del pueblo de los Estados Unidos de América”. Ya hemos referido, en artículos anteriores, lo que para el Departamento de Estado significa la defensa de la seguridad y la prosperidad de Venezuela. Es el desalojo de la Revolución Bolivariana y la retoma del país por parte de la burguesía nacional e internacional, para apropiarse los ricos yacimientos petroleros del subsuelo de esa nación.

Al vender la idea de que Venezuela es un país en total colapso, el segundo hombre al mando de la administración norteamericana busca crear consensos, no solo entre la opinión pública de su país, sino en el resto del continente, para avanzar en su propósito de imponer una serie de sanciones al gobierno legítimo del presidente Maduro, endurecer el cerco y la asfixia económicas, estimular  una situación  interna de mayor inestabilidad y dar el paso final, que en palabras de Trump, es el de la intervención militar directa, con el apoyo de sus acólitos, tipo Santos, Macri y Peña Nieto.

Instrumento intervencionista

La visita, además, buscó ratificar y darle legitimidad a la denominada Declaración de Lima, un documento de claro contenido intervencionista, inspirado por Estados Unidos, en el que 17 países de la región dan un paso más en dirección a la desestabilización del gobierno venezolano, a la opción del golpe de Estado con el que ha soñado la oposición fascista de ese país.

En este aspecto es donde se muestra el desespero de la política exterior norteamericana por ahogar la democracia venezolana. Fracasaron en el intento golpista de la derecha interna, que le apostó a la caída de Maduro y predijo que su salida era cuestión de horas. Fracasaron en su intento de aplicar la llamada “carta democrática”, instrumento intervencionista de la OEA, y se les desgastó la figura de mercenario de su secretario general el señor Luis Almagro.

En cierto modo, lo que no pudieron lograr con las guarimbas, el bloqueo de calles, el incendio de personas vivas, el asalto a instalaciones públicas y de asistencia social, la puesta en escena de grupos paramilitares fascistas, quieren ahora trasladarlo al escenario internacional, y con el concurso de gobiernos, proclives a la política intervencionista gringa, sueñan con crear el escenario del golpe, la contrarrevolución y la intervención directa en Venezuela.

Esa estrategia no les ha salido como se la esperaban los ideólogos de la derecha internacional. En el campo interno venezolano, el escenario de la Asamblea Nacional Constituyente implicó un reposicionamiento del chavismo en la política nacional. Un efecto inmediato es que la llamada ‘oposición’ se ha desarticulado, se ha sumergido en contradicciones más profundas y ha perdido credibilidad ante la opinión pública. De hecho, casi ha desaparecido su poder de convocatoria.

Los países del ALBA ratifican su posición antimperialista y su solidaridad con la Revolución Bolivariana, actitud que en otros continentes comparten Rusia, China, Irán y otras naciones, que advierten a Washington  que una aventura militarista le saldrá costosa, que Venezuela no está sola, no será un plato fácil, será un hueso difícil de roer para su política anexionista y neocolonial.

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