Una deuda sin cancelar con las madres comunitarias

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Han dado sus casas, sus tiempos, sus vidas, algunas llevan más de 25 años con el programa y al día de hoy en sus jardines reciben a los hijos de quienes un día ellas cuidaron.

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Jenny Cristina Gutiérrez García
Comunicaciones Unión Patriótica

Son las seis de la tarde del miércoles 6 de abril, frente a las instalaciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF- en la carrera 68 con calle 64, bajo plásticos negros y frente a su carpa esta sentada Olinda García presidenta del Sindicato Nacional de trabajadores y trabajadoras al cuidado de la infancia y los adolescentes en el sistema nacional de Bienestar Familiar, quien junto a cien compañeras más decidieron acantonarse desde el lunes pasado en un acto de disconformidad frente a los constantes y ya históricos incumplimientos por parte de entidades como, el ICBF.

La acompañan un hombre de acento extranjero y una mujer con quienes comparte algo de comer. Se aparta de ellos y de lo que denomina “chozas”, y se detiene en un punto en el que logra observar el campamento en su totalidad.

“Las madres comunitarias vienen de todo el país”, señala Olinda, e indicando las carpas menciona sus procedencias como si estuviese observando un mapa departamental de Colombia, “allí están las de Antioquia, al lado de allá las del Cesar, Sincelejo, Atlántico, Bolívar, Cauca, Santanderes, Tolima, Meta, Cundinamarca y Bogotá”. Esta noche dormirán aquí 85 mujeres, mañana al clarear el día llegaran más.

Vienen a recordarle al Ministerio del Interior y al ICBF el incumplimiento de acuerdos alcanzados durante el año 2013, periodo en el que también entraron en paro durante 24 días y se tomaron la Plaza de Bolívar para llamar la atención del gobierno nacional; solo cuando quedaron en sostén y amenazaron con desnudarse por completo representantes de organismos como el ICBF accedieron a escucharlas.

Olinda luce preocupada, “tenemos mujeres enfermas y de avanzada edad, que no están acostumbradas a estas circunstancias, uno ya sabe como es dormir en suelo y con cartones, pero ellas no”. Han tenido que hacer las veces de enfermeras, la fiebre, el dolor de cabeza, la gripa o la hinchazón e incluso accidentes dentro del campamento han sido parte de la jornada.

Junto a cuatro baños portátiles esta la cocina, cuatro piedras sirven de soporte a las ollas que utilizan quienes de manera organizada y por turnos preparan los alimentos para todas. Varias de las madres comunitarias se sitúan junto al fogón para coger calor y hablan con intranquilidad de la escasez de colchonetas y frazadas.

El paro no será levantado, esperan la presencia de Cristina Plazas –directora del ICBF-, de la Fiscalía, la Procuraduría , la Contraloría y de los Ministros de Trabajo y Hacienda para exigir de nuevo el inicio de la formalización laboral para las madres comunitarias tradicionales y madres FAMI, a través de la vinculación mediante contrato de trabajo a termino indefinido que incluya todas las garantías del Ley; medidas de apoyo que garanticen las mejores condiciones de atención para los niños y niñas que hacen parte del programa de hogares comunitarios; la preservación de los derechos de las madres comunitarias; una pensión digna que abarque los años de servicio; garantías para el funcionamiento de las asociaciones de padres de familia que históricamente han venido contratando con el ICBF; una remuneración justa y la revisión de estándares aplicados en los últimos años al programa, los cuales resultan lesivos para estas madres y difíciles de cumplir por parte de los hogares tradicionales.

Olinda señala que las madres comunitarias han dado sus casas, sus tiempos, sus vidas, algunas llevan más de 25 años con el programa y al día de hoy en sus jardines reciben a los hijos de quienes un día ellas cuidaron; “el estado tiene una deuda social con todas nosotras”, agrega.

Hoy murió una madre comunitaria en Córdoba, ellas no la olvidan.