Por una América Latina sin manicomios

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La pobreza y la pérdida de ingresos deterioran la salud mental, dice la OMS

El covid-19 ha interrumpido o trastornado los servicios de salud mental en 93 países, según una encuesta realizada en 130 naciones

Alberto Acevedo

Varios eventos se realizaron en las últimas semanas, que coinciden en la idea de eliminar los manicomios en América Latina y el Caribe y reclamar de los gobiernos de la región políticas alternativas, más humanas y menos excluyentes en el tratamiento a las personas que sufren algún tipo de trastorno mental.

Un evento de estos es la realización reciente de foros regionales y virtuales, varios de ellos bajo el confinamiento por la pandemia, con participación de especialistas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Uruguay, de los que se desprende la elaboración de una cartografía de la situación de salud mental en América Latina, desde un enfoque de derechos humanos. Los otros eventos, la celebración el 10 de octubre pasado del Día Mundial de la Salud Mental, y un tercer evento, la celebración de la Semana de Lucha Antimanicomial, del 5 al 11 de octubre pasados.

Detrás de las actividades que en nuestro continente se realizan en esta dirección, está la Red Latinoamericana y del Caribe de Derechos Humanos y Salud Mental, que lidera la campaña por una América Latina sin manicomios. Es un organismo autóctono y contra hegemónico, constituido en 2017.

Lucha por varias libertades juntas

Se trata de una lucha por la transformación en el campo de la salud mental, que encuentra nuevos apoyos y articula experiencias, organizaciones y luchas en varios países del continente. Estas plantean una reforma psiquiátrica en América Latina y el Caribe que ligue movimientos sociales, colectivos de trabajadores, de usuarios, de familiares, que se unen en la denuncia del manicomio y sus prácticas como un proceso político y de exclusión social.

La utilización de choques eléctricos a los pacientes en muchos frenocomios, es una práctica detestable, que ha causado no pocas polémicas entre médicos y psiquiatras. La consigna de la desmanicomialización es una lucha por varias libertades juntas, inclusive, la libertad de ser loco, o como dice el poeta argentino Vicente Zito Lema, el derecho al delirio. Los manicomios han sido a lo largo de la historia para los locos pobres, no por ser locos, al menos no solamente, sino por ser pobres.

El psiquiátrico es sinónimo de encierro. Y sin libertad no hay salud mental posible. El hospital mental enferma, nunca cura, y va debilitando la capacidad de resistencia, el sueño de libertad del paciente, hasta doblegarlo.

No dan el brazo a torcer

En 1986 se organizó la Red Alternativa a la Psiquiatría, que planteó la lucha por la desmanicomialización, como la militancia por la dignidad de la vida, objetivo al que se sumaron organizaciones de médicos y usuarios, que consideran a los manicomios como enemigos de la salud mental. Siempre se frustró el intento de cerrarlos. La esencia del manicomio es la destrucción del sujeto. Desconociendo que existen tratamientos alternativos, extramurales para el tratamiento de los problemas de la salud mental. Más aún, que se pueden construir políticas alternativas colectivas, con participación de las comunidades. A pesar de los reveses, estas organizaciones no renuncian a su lucha.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, en una declaración reciente, divulgada el 5 de octubre pasado, asegura que la pandemia del covid-19 ha interrumpido o trastornado los servicios de salud mental en 93 países, de acuerdo a una encuesta adelantada entre 130 naciones. Esos servicios esenciales de salud mental “se han interrumpido justamente cuando más se necesitan”, dijo el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien pidió a los líderes mundiales que “actúen con rapidez y decisión para invertir más en servicios mentales para salvar vidas”.

La OMS estima que cerca de 1.000 millones de personas en el mundo padecen algún tipo de trastorno mental, y una cifra cercana al doble puede enfrentar un trastorno de ese tipo en algún momento de su vida.

Incrementar los recursos

Los especialistas de este organismo de las Naciones Unidas recordaron que el duelo, el aislamiento, la pérdida de ingresos y el miedo, desencadenan problemas de salud mental o agravan los existentes. El covid-19 puede provocar complicaciones neurológicas y mentales como el delirio, la agitación y accidentes cerebrovasculares, y el aumento del consumo de alcohol y de drogas, así como el insomnio o ansiedad, producto del estrés generado por la pandemia.

El suicidio, por ejemplo, asociado a menudo a formas de estrés, cobra cada año unas 800.000 víctimas en el mundo, y persistió en la última década, en la medida en que se acentuó la crisis económica global. De acuerdo a la experiencia de emergencias sanitarias anteriores, se espera que en los próximos meses y años aumenten considerablemente las necesidades de apoyo psicosocial y en materia de salud mental. El objetivo central de la celebración del Día de la Salud Mental, por consiguiente, es conseguir que los gobiernos incrementen las inversiones a favor de la salud mental.

En 2010, los gobiernos de la región habían asumido por consenso el compromiso de llegar a 2020 sin manicomios, un objetivo ligado a la lucha por los derechos de las personas con discapacidad; a impulsar reformas legales en torno al reconocimiento de la capacidad de las personas con problemas de salud mental para tomar decisiones. Ningún país cumplió ese compromiso.

Sociedad neurotizada

La Red Latinoamericana y del Caribe aboga por la creación de nuevas leyes, de políticas públicas y nuevos espacios sociales que, desde criterios de comunidad, promuevan los derechos humanos de las personas con sufrimiento psíquico o con consumo problemático de sustancias psicoactivas.

La pandemia del covid-19 ha puesto en evidencia las excrecencias del sistema de salud mental. La falta de medidas preventivas, protocolos de cuidados, ausencia de apoyos necesarios, no solo para proteger la salud, sino para garantizar recursos económicos, sociales y culturales.

Víctor Frankl, uno de los referentes más destacados de la psicología del siglo XX, doctorado en Medicina y Filosofía de la Universidad de Viena, fallecido en 1997, propuso la rehumanización de la psicoterapia frente a la neurotización de la sociedad. Para el especialista, es primordial reconocer y reflexionar sobre el sentimiento colectivo que está experimentando la humanidad: la falta de sentido ante la vida y el miedo que tenemos a hablar de ello. Es la patología de nuestro tiempo. Pero en este diagnóstico, no tienen cabida los manicomios.

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