Un comunista ejemplar

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Carlos A. Lozano Guillén
@carloslozanogui 

El 25 de febrero pasado se conmemoró el 18 aniversario de la muerte de Gilberto Vieira White, a los 89 años. Fue una muerte natural y tranquila, como siempre lo fue su extraordinaria personalidad. Los promotores del plan “Golpe de Gracia”, último nombre del operativo siniestro del genocidio de la Unión Patriótica y del Partido Comunista, fruto del contubernio del paramilitarismo, ganaderos, latifundistas, algunos políticos nacionales y regionales del tradicionalismo bipartidista y elementos de la Fuerza Pública en particular ligados a los organismos de inteligencia, no lograron asesinarlo como era su objetivo, porque fue superior el cuidado y la férrea disciplina revolucionaria del dirigente.

Gilberto Vieira fue Secretario General del Partido Comunista Colombiano durante 47 años, desde cuando lideró al grupo mayoritario de dirigentes nacionales y regionales que en el V Congreso Nacional, en 1947, en Bucaramanga, rescató al partido del oportunismo derechista del browderismo que se hacía ilusiones de alianzas con el imperialismo estadounidense tras la derrota del nazi fascismo en la segunda guerra mundial. Este grupo hacía gala de una concepción obrerista radical, autoritaria y de extremada ilusión en las alianzas con la “burguesía nacional”; su principal dirigente, Augusto Durán, llegó al desvarío de proponer el respaldo al gobierno de Mariano Ospina Pérez. En este congreso, Vieira fue designado Secretario General y orientó al partido en la recuperación de la ideología del marxismo-leninismo y de su aplicación creadora a la realidad colombiana.

El camarada Gilberto se caracterizó como persona decente y de buenas costumbres, fue un maestro de la dialéctica, rasgo característico en sus discursos y conferencias públicas. Era un consumado lector y leía mucha poesía, hasta el punto, lo recordó alguna vez Cecilia Quijano Caballero, su esposa y compañera de toda la vida, que declamaba las que más le agradaban cuando hacía los diarios ejercicios físicos para mantenerse en forma.

Desde 1991 comenzó a escribir sus memorias, registradas en el texto inédito “La Libreta Blanca”, así llamado no sé si por él o por su hija Constanza, en cuyo preámbulo escribió: “He creído un poco en el destino, casi como los antiguos griegos. Esa creencia quizás irracional, tiene raíces en episodios de mi infancia y juventud que me lanzaron al torrente de la lucha revolucionaria”.

Cuando su vida se apagó, el 25 de febrero del año 2000, Gabriel García Márquez escribió un artículo que tituló “El muro que nunca cayó” donde reivindica la recia personalidad de Vieira. “Su historia es la historia del Partido Comunista” y más que un buscador de votos como los políticos, se dedicó a la promoción de ideas, resaltó el Premio Nobel. Sin duda fue un comunista ejemplar.

carloslozanogui@outlook.es

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