Uigures, en el centro del debate

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Manifestación de la etnia uigures en contra de la política del Gobierno chino.

El conflicto con la etnia uigur, que agrupa a unos 10 millones de personas y que habita la región de Xinjiang, se ha convertido en el pretexto perfecto para motivar una nueva ola de intervencionismo estadounidense contra China. Las autoridades de Estados Unidos y los medios de comunicación occidentales acusan al país asiático de violar los derechos humanos de esa población y de llevar a cabo un ‘genocidio’, pero ignoran varios aspectos de la situación que la hacen muy compleja.

La región de Xinjiang se encuentra ubicada justo en el trazado de la nueva “ruta de la seda”, un gigantesco proyecto de infraestructura que unirá a China con Asia central y Europa. Los uigures, representan la mitad de la población de la región y tienen una cultura muy diferente a la que se promueve desde Beijing. Son musulmanes, muchos de ellos integristas y fanáticos, fuertemente nacionalistas y tienen unas costumbres ancladas en su tradición. Por ello, más allá de un problema de homogeneización cultural, es estratégico para China que Xinjiang sea pacificada y los grupos yihadistas uigures se mantengan bajo control.

La modernidad -con todo lo bueno y lo malo que esta conlleva- impuesta por el gobierno chino ha sido recibida con molestia por los uigures, quienes desde 2009 han intensificado sus acciones armadas. Es cierto que la política de homogeneización en Xinjiang ha sido llevada a cabo al estilo chino, es decir, impuesta a la población. También es cierto que se han cometido atropellos y abusos, aunque nunca comparables con los infligidos por Estados Unidos a sus “enemigos” en cárceles como Guantánamo o Abu Ghraib. No obstante, hay que señalar que la situación ha sido aprovechada por los propagandistas occidentales como munición contra el gobierno chino.

Por supuesto, el conflicto en Xinjiang no es algo orquestado desde el exterior, como lo sostiene la propaganda china, pero sí es un problema muy serio y complejo. En ese contexto, el cierre del consulado estadounidense en Chengdu es una decisión que no solo es diplomática porque también busca entorpecer las acciones de provocación que en la región llevan a cabo tapaderas de la CIA como Radio Free Asia, el World Uyghur Congress y la National Endowment for Democracy (NED), apoyadas por personajes de la catadura de Marco Rubio o Ted Cruz, excelsos representantes del pensamiento más reaccionario y ultraconservador de la administración estadounidense.

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