Trump le da un portazo a la Unesco

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Ciudad sangrada de Jerusalén, declarada patrimonio cultural de la humanidad.

La Casa Blanca invoca un supuesto sesgo antiisraelí por parte de la agencia de las Naciones Unidas. Se trata en realidad de un apoyo a la política racista contra el pueblo palestino, por parte de su mayor aliado en el Oriente Medio

El pasado 12 de octubre, la administración del presidente Trump anunció al mundo la decisión de la mayor potencia del mundo de retirarse de la Agencia de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco. Heather Nauert, portavoz de la Casa Blanca, fue la encargada de hacer el anuncio, e indicó que “no es una decisión que se tome a la ligera”, y se explica “en el continuo sesgo contra Israel” y en la necesidad de “una reforma fundamental de la institución”.

Pocas horas después del anuncio, también el gobierno de Israel expresó su intención  de abandonar la prestigiosa organización de la ONU, con sede en París, encargada de la defensa del patrimonio cultural de la humanidad. La posición de Israel fue más agresiva aún y calificó al ente multilateral de ser un  “teatro del absurdo donde se deforma la historia en vez de preservarla”.

El argumento esgrimido por Estados Unidos e Israel, de una fementida posición antiisraelí por parte de la Unesco, no es más que un embeleco. Lo que en realidad irritó a ambos gobiernos, que actúan de la mano en política internacional y han constituido una verdadera asociación criminal para agredir a otros pueblos, fue la decisión de la Unesco, adoptada en julio pasado, de declarar a la ciudad de Hebrón, como zona protegida del patrimonio de la humanidad.

Memoricidio

Hebrón es una milenaria ciudad ubicada en territorio palestino, pero actualmente bajo ocupación de tropas israelíes, que han expulsado a sus pobladores y la han repoblado con asentamientos judíos. Ciertamente, la intención  de la Unesco de defender la ciudad como patrimonio cultural de la humanidad, obstaculiza los planes expansionistas, racistas y colonialistas de Israel contra el pueblo palestino, que tiene con ello la posibilidad de defender este territorio.

La Unesco ha defendido el criterio de seleccionar monumentos y sitios que considera patrimonio de la humanidad, pero que se ubican en territorios usurpados por Israel al pueblo palestino. Se encuentran en ellos reliquias judías, cristianas, musulmanas, romanas helenísticas, que al ser reconocidas, inciden en incentivos turísticos, pero también en el relato histórico. Y esto es lo que más molesta, especialmente a Tel Aviv, empeñada en borrar la memoria histórica del pueblo palestino, en una especie de “memoricidio”, que Israel denomina “judaización”.

Realmente la Unesco se convirtió en obstáculo para el empeño de Israel de borrar del planeta al pueblo palestino. En este sentido, Estados Unidos apoya plenamente la política colonialista de Israel, y por eso critica a la Unesco, le retira la ayuda financiera y reclama ahora una “reforma sustancial” del organismo. Lo que muestra también, que Estados Unidos no es un intermediario para la paz en la región, sino un obstáculo para alcanzarla.

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