Transnacionalización vs. progreso nacional

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Panorámica de Bogotá. Foto archivo

Nelson Fajardo

La burguesía colombiana, y en especial, la burguesía santista, está de plácemes, por el recibimiento de Colombia en la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, OCDE, por sus siglas en inglés. Es la tradicional postura de una burguesía criolla, como la nuestra, acostumbrada a feriar la soberanía nacional. Efectivamente, se trata de nuestro ingreso a una organización, que destaca por agrupar los países del mundo (37 países) que sobresalen por un alto desarrollo de sus fuerzas productivas (medios de producción y fuerza de trabajo).

Club OCDE

Si bien somos aceptados en este gran club porque la capacidad de acumulación nuestra, se da acompañada de una baja en la inversión; esto no significa que no se esté ejecutando. Precisamente, este aspecto fue el que más llamó la atención a la burguesía mundial, que se expresa en los países más desarrollados, pertenecientes a la OCDE. Aquí, y a juzgar por su composición, los desarrollados harán presencia transfiriendo tecnología barata; mientras que nosotros seguiremos atados a la exportación de materias primas. La OCDE fue fundada el 14 de diciembre de 1960 en París, inicialmente, con el objetivo de administrar los recursos del Plan Marshall, prestados por los Estados Unidos de América a las naciones de Europa Occidental para su reconstrucción, después de concluida la Segunda Guerra Mundial. Estuvo constituida en sus comienzos por 20 naciones y actualmente cuenta con 37 naciones, entre ellas, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Suecia, Suiza, Japón, Corea del Sur, República Checa, Israel, Colombia (30 de mayo de 2018).

La Organización, luego de la distribución de los recursos del Plan Marshall ha saltado al mundo de la asesoría y con dineros para proyectos de los países desarrollados que cuentan con recursos para ciencia e investigación para sus países miembros. Así que el acceso a dichos recursos no es para ayuda soldaria a los países más pobres del mundo y solo llegaremos a ellos si demostramos que esa alta capacidad de acumulación está bien orientada; es decir está bien planificada y los recursos son altamente proporcionales a las demandas, tanto del aparato económico, como de la sociedad. Es decir, observemos si existe una posibilidad de transferencia de valor agregado de esos países miembros hacia un país como el nuestro, con serios problemas de desarrollo.

Es bueno recordar que la OCDE surgió en medio de lo más caliente de la guerra fría y su orientación anticomunista es muy fuerte, pero actuemos de manera clara con respecto a las áreas donde podemos obtener apoyo primario, impulsar no solo la economía, sino también el Proceso de Paz, que estamos viviendo, y que según los gobernantes, constituye junto con la membresía a la OCDE, las banderas más destacadas, pero esperamos que no se pierda lo poco que nos queda de soberanía nacional.

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