El Congreso expidió́ la Ley 142 de 1994 con la que de un plumazo escindió el activo de generación de energía de ISA y lo destinó a la constitución de una sociedad de economía mixta de la que resultó Isagén, hoy en manos privada

Gonzalo Álvarez Henao

Qué oportuno resulta citar en este breve comentario que se hace en torno a la amenaza de privatización que se cierne contra Interconexión Eléctrica ISA, lo dicho por Marx en el 18 brumario de Luis Bonaparte, que la historia ocurre dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia, sin dejar de lado la advertencia que con frecuencia nos hacen de que cuando se desconoce la historia estamos expuestos a repetirla.

Esto parece ser lo que nos sucede de manera reiterada a los colombianos. Ejemplo de ello es que, en la década del 40, la generación, distribución y comercialización de la energía eléctrica, en su mayoría se encontraba en manos privadas, lo que resultó ser una traba para el desarrollo industrial y comercial del país y la satisfacción de la creciente demanda de energía eléctrica de las familias concentradas en los centros urbanos.

Análisis poco rigurosos de la realidad dan cuenta que Colombia pasó de ser un país rural a un país urbano, sin detenerse a pensar que entre nosotros ocurrió todo lo contrario de lo que han dicho los estudiosos del urbanismo que para que un pequeño pueblo se convierta en ciudad, se requiere de un proceso lento y continuo, que a menudo tarda siglos, en un todo espacial orgánico y hasta cierto punto coherente. Sin embargo, las ciudades colombianas a partir de la década del 40 registraron un crecimiento brusco, desordenado y anárquico. Basta con decir que la población para el año 1950 se acercaba a los 12 millones de habitantes y en apenas setenta años pasamos a más de 50 millones, en su mayoría viviendo en las grandes ciudades.

Crecimiento acelerado

¿Cuál es la causa que motivó la migración de hombres y mujeres del campo a la ciudad? En una primera aproximación debemos argumentar que es el resultado del estallido de la violencia política que se desató a partir del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la miseria en el campo, el reclutamiento de campesinos por parte de la industria y el desplazamiento interno. Todo esto trajo como consecuencia un crecimiento acelerado de los centros urbanos, y una mayor demanda de servicios públicos, entre ellos, el de energía eléctrica.

La demanda de energía eléctrica no solo provenía de los hogares urbanos, sino también de la floreciente industria del país. Para poder garantizar el suministro eficiente de energía eléctrica el presidente Carlos Lleras Restrepo, se vio precisado a convocar en septiembre de 1967 a la Corporación Autónoma Región de Cauca (CVC), la Central Eléctrica de Anchicayá (CHIDRA), la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), las Empresas Públicas de Medellín (EPM), el Instituto de Aprovechamiento de Aguas y Fomento Eléctrico (Electragguas) y la Central Hidroeléctrica de Caldas (CHEC), para dar nacimiento a Interconexión Eléctrica S.A., ISA, como una entidad pública.

ISA de establecimiento público, fue transformada en una poderosa empresa industrial y comercial del estado en 1990. De esta manera el estado adquirió el monopolio de la generación y distribución de la energía en el país; pero esto resultó ser incómodo para los privatizadores neoliberales que haciendo uso de su influencia y poder, consiguieron que el constituyente del 91 introdujera en el artículo 365 de la Constitución Política, la participación del sector privado en la generación, distribución y comercialización de la energía.

Desnaturalizando a ISA

Despejado el camino legalmente, el Congreso expidió la Ley 142 de 1994, con la que de un plumazo escindió el activo de generación de energía de ISA y lo destinó a la constitución de una sociedad de economía mixta de la que resultó Isagén, hoy en manos privadas.

ISA, con su limitado objeto social, jurídicamente continuó siendo una empresa industrial del estado, pero sus administradores la han venido desnaturalizando, para poder perseguir a la organización sindical y a los trabajadores, buscando despejar el camino para su privatización total. El primer paso que han dado para el logro de este propósito fue la creación, sin autorización legal, de Intercolombia S.A., la que están utilizando como punta de lanza contra el sindicato. Hay que decir que con unos jueces parcializados consiguieron dejar sin vigencia algunos apartes de los estatutos de Sintraisa, en su pretensión de acabar con este histórico y combativo sindicato.

Lo que pretenden los privatizadores neoliberales es hacernos retroceder a la década del 40, cuando el sector predominante en la generación, distribución y comercialización de energía eléctrica era el sector privado, al que hubo que retirar de esta actividad porque el único interés que tenía era obtener buenas ganancias sin invertir en nuevos proyectos.

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