“Todos pagamos el pato”. Peñalosa y el Transmilenio

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Julián López M. Especial para VOZ*

La consigna que tanto se lee en el transporte masivo en Bogotá. “Transmilenio”, de que “Todos pagamos el pato”, se aplica muy consecuentemente, a la situación que viven los bogotanos por el mencionado transporte, que definitivamente ha colapsado y que si bien, en sus comienzos se vio como una mejora al transporte público, no ha logrado solucionar las difíciles condiciones de la movilidad de la ciudad capital.

Es un hecho que, mientras en algunos países desarrollados, ya el “tren bala”, que se moviliza a más de 400 kilómetros por hora, es obsoleto; y que el metro subterráneo, implementado hace más de un siglo, en algunas ciudades del mundo, está siendo superado por el Maglev, “tren por levitación magnética”, (que sin causar polución, ni gasto de combustibles, puede moverse a 700 kilómetros por hora); en las principales ciudades de Colombia y en la ciudad capital, nos encontramos aún en la era del “bus”.

Y todo ello, ha sido, porque la politiquería y los intereses particulares de monopolios del transporte y unas pocas familias, que obtienen cuantiosas ganancias de Transmilenio y la movilidad, han venido soslayando desde hace décadas, la construcción del transporte masivo a través del metro u otra solución que supere el bus, aún vigente en nuestras ciudades y en la ciudad capital.

Por ello, podemos afirmar, qué de la mayoría de los bogotanos, “Todos pagamos el pato”, por la implementación de un sistema, ya en desuso y que ha colapsado, como lo muestran las evidencias actuales del transporte masivo en Bogotá.

En primer lugar, “Todos pagamos el pato”, porque de las vías autonorte del sistema “Transmilenio”, en más de un 90% construidas en la primera administración Peñalosa, de 24.753 losas instaladas, 6.588 presentaban algún tipo de falla y 435 daños graves. Estudios demostraron como si en las bases se hubiera utilizado pavimento y no fluido relleno, la posibilidad de erosión de la base, por falta de drenajes hubiera sido menor. Los daños los pagan los impuestos  de los bogotanos, que hasta el 2016, han realizado una inversión superior a los 104.000 millones de pesos.

Los mismos con las mismas

Lo más curioso de todo, es que para el 2017, empresas como “Castro Scherassi” y “Equipo Universal”, a las que en el año 2000, le adjudicaron contratos que hoy equivalen a más de 120.000 millones para construir dos tramos de la troncal Transmilenio por Avenida Caracas, 14 años después, vuelven al escenario de la contratación de grandes obras en Bogotá, como parte del Consorcio que propuso la APP (Alianza Pública Privada), para mejorar la Autonorte. Mejorar esas losas vale mínimo 300.000 millones y los bogotanos, tristemente, “Todos pagamos el pato”.

Aunque al Distrito le preocupan los 1.700 millones de pesos anuales, que deja de recibir el sistema, por el tema de los “colados”, lo que preocupa realmente a los bogotanos, es la cantidad de muertes, más de 200, en lo que lleva funcionando Transmilenio. Y todo, porque un sistema de transporte masivo en la superficie, que ocupa la malla vial y que está en desuso; lleva muchos bogotanos, a que por causas económicas, el desempleo y la precariedad en que se mueve la juventud; y ante unas estaciones de transporte a la vista, en la superficie y con las puertas abiertas, caigan en la tentación de ingresar, corriendo por las avenidas para evitar el pago y subirse a los portales. La realidad, es que si se hubiera construido un transporte masivo como el metro, subterráneo o elevado, dicha situación, que ha ocasionado tantas muertes; no se hubiera presentado. Son las muertes, la mayoría de juventud, ocasionada por Transmilenio y su pésima planeación de transporte masivo. Y “Todos los bogotanos pagamos el pato”.

Y “Todos pagamos el pato”; porque no han servido acciones para disminuir la evasión, como: sanciones, puertas “anticolados”, barreras de acceso, planas educativas, retenciones, campañas pedagógicas; por un sistema, que definitivamente, está mal concebido y que no funciona. Y ¿quién responde por esas muertes; la gran mayoría de jóvenes de extracción humilde? Debe juzgarse a los promotores e impulsores, de ese sistema; que paguen sus equivocaciones y que puedan indemnizar las numerosas familias, que han perdido sus seres queridos.

Equivocadas soluciones

Y “Todos pagamos el pato”, porque el mal estado de las vías del sistema, en Autonorte y en la Avenida Caracas, con sus múltiples deterioros viales, ocasiona un transporte que causa daño al sistema óseo y al estado general de salud del cuerpo humano, por las continuas vibraciones y “fuertes sacudidas” de los articulados. Y sería conveniente, que un estudio médico dictaminara, si dichas vibraciones continuas y fuertes de los buses, ocasiona daños también en el sistema visual y la retina de los bogotanos.

En definitiva, “Todos pagamos el pato”, por las equivocadas soluciones al transporte masivo en Bogotá, causado por múltiples razones; las más sobresalientes: la politiquería que durante muchos años ha gobernado a Bogotá, sin olvidar que del metro, se ha venido hablando hace más de cincuenta años y también por las ganancias de ocho familias dueñas del transporte.

Y “Todos pagamos el pato”, porque lo realizado por la actual administración de la ciudad capital, de desconocer estudios técnicos ya elaborados (inversión de más de 120.000 millones de pesos) y el avance que había mostrado un proceso de construcción de transporte masivo subterráneo, con desarrollos en su implementación; es una muestra clara de ello.

Tristemente, para preocupación de los bogotanos, por las equivocaciones en la movilidad y el transporte masivo, “Todos pagamos el pato.” Por ello, y muchos factores más, la revocatoria a Peñalosa, “vendedor de transmilenios”, es el camino.

* Arquitecto de la Universidad Nacional.

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