Tejedoras de memoria

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Tejedoras de memoria de Mampuján, Bolívar. Foto PNUD.

En estos tiempos de negación de la historia, de la memoria y la verdad de los hechos dolorosos y violentos que ha vivido el país durante décadas, es perentorio defender el derecho de las víctimas y de las futuras generaciones a conocer la verdad construida colectivamente, no la impuesta desde el Estado

María P. Cardona Mejía

Debido a las posturas antihistóricas del actual director del Centro de Memoria Histórica, Colombia exige y reclama poner la verdad como simiente de una nueva sociedad. Las tejedoras de memoria no somos vengadoras, somos tejedoras de una colectividad que reclama verdad y justicia.

El Instituto Latinoamericano de Derechos Humanos manifiesta: “En un Estado de Derecho el proceso jurisdiccional parece ser el único camino legítimamo de la verdad, como basamento histórico, con permanente proyección de futuro”, esto sólo será posible con la vinculación de todos los actores, esto es, Estado en todas sus expresiones paramilitares e insurgencias, de no darse esta vinculación en el esclarecimiento de los hechos estaríamos ante una verdad construida por quienes, desde el Estado se consideran “vencedores.”

En este sentido, se reclama la verdad completa: ¿Qué pasó? ¿Por qué pasó? ¿Quién ejecutó la orden? ¿Quiénes dieron la orden? ¿Quiénes escalaron hacia el poder político y económico arrebatando vidas? ¿Qué desarrollo exógeno y endógeno se le truncó a la sociedad, a las organizaciones y a las familias con los asesinatos de líderes y lideresas de oposición, defensoras y defensores, ambientalistas, reclamantes de tierras, y los recientes asesinatos de excombatientes firmantes de los acuerdos? ¿Qué país, qué tipo de sociedad tendríamos si por dar solo un ejemplo, a Jaime Pardo Leal no se le arrebata su valiosa vida y hubiésemos tenido la oportunidad de que llegase a la presidencia? ¿Por qué se bombardea un territorio en Caquetá y se ciega la vida de niñas y niños? ¿Qué les queda a las madres y padres de estos infantes?

Estos interrogantes nos entristecen pero alimentan nuestra lucha por lograr la verdad como memoria y hacer de esta memoria el puente entre el antaño violento y el futuro en paz, sin violencias, con memoria como herramienta política y organizativa encaminada a la construcción de la paz completa, del pleno goce de los derechos humanos, de hacer realidad el derecho a vivir dignamente y libres de violencias. Esa verdad nuestra, construida por nosotras como Libertad – liberación, de tal manera que las víctimas, por décadas segregadas, oprimidas, podamos hablar y mostrar nuestra verdad, que al hacerse colectiva, la convertimos en instrumento de interlocución social que nos permita despojar a los victimarios de sus armaduras, sus cinismos, sus mentiras.

La dignidad de las tejedoras

Un pueblo sin memoria es un pueblo sin dignidad, y las tejedoras de memorias tenemos claro nuestro papel en la defensa de la dignidad. Vale la pena recordar un cuento titulado “Guillermo Jorge Manuel José” de Julio Vives, Ediciones Erake. En uno de sus apartes dice: “Guillermo Jorge Manuel José que no era un niño muy grande le pregunta a la señora Marcano que tocaba el piano ¿Qué es la memoria?” La señora le responde “Algo tibio, mi niño, algo tibio”. Es este calorcito del ejercicio de recuperar memoria y exigir verdad lo que nos ha permito hacer de las ausencias impuestas por el poder de las armas y el miedo, permanentes presencias.

Aquellas mujeres y aquellos hombres con quienes compartimos la militancia, la vida familiar, los sueños, las risas, los llantos; cuya ausencia nos fue impuesta, jamás nos abandonarán, porque nos negamos a olvidar, porque las y los mantenemos como memoria viva permanentes en la marcha, en el plantón, en el grito libertario, en la exigencia de que ni en nombre de la paz ni en nombre de la democracia es legítimo despreciar los derechos de las víctimas. La historia no se borra de un brochazo tapando murales, ni negando la realidad y los hechos, la memoria y la verdad colectiva están ahí, en los ríos, los océanos, las veredas, las montañas, las calles, en todo el paisaje, en los recuerdos de las víctimas, esos recuerdos que a  veces nos hacen llorar de rabia e impotencia y otras nos hacen sonreír con amor al traer al presente aquellos momentos tiernos, traviesos, militantes que compartimos con nuestros ausentes – presentes.

El papel de las organizaciones

Las organizaciones de víctimas y defensoras de derechos humanos han realizado ejercicios de memoria a través de plantones, intervenciones callejeras, mítines, actos privados y públicos, homenajes en aniversarios, llenos de hermosas metáforas e imágenes para mostrarle al mundo lo que ocurrió y sigue ocurriendo con el clamor de que no se repita, de que se den reales garantías de no repetición. Algunas veces, al calor de un tinto o de unas cervezas nos encontramos, nos reconocemos, nos abrazamos y las y los traemos recordando sus risas, sus gestos, sus luchas, sus rabietas, sus errores y aciertos, su ternura, sus frases.

Cómo olvidar la larga y hermosa cabellera de Carmen Elisa Nova; la entrega y amor en el ejercicio de la enfermería de Marlene Rengifo; tantas mujeres, que se hace corto el espacio para nombrarlas. Nos negamos a olvidarlas nos mantenemos tercas en el recuerdo haciendo del recuerdo la savia que alimenta el tronco de nuestras luchas diarias, en la marcha, en el blanco del cafeto en flor, en la montaña vibrante, en el río cantarín, en el océano majestuoso, ahí están y estarán convocándonos a continuar, a no desfallecer, a hacer temblar las calles con nuestro clamor en la defensa de la vida. Y es esa permanente presencia la que nos llena de valor para demostrar nuestra indignación y rechazo ante el afán institucional de negar la verdad, de imponernos su narrativa amañada e impune desconociendo la nuestra y la de las organizaciones defensoras y acompañantes.

Las tejedoras están en todo el país

Cada ejercicio de recuperación de memoria es un grito libertario femenino de exigencia de nunca más criminalidad estatal, de acción política hacia la construcción de una nueva sociedad equitativa, justa. Solo en la medida que se construya colectivamente la verdad, se respete y se reconozca esa verdad podremos avanzar hacia la democratización del país y lograr las bases que permitan la real aplicación de los mandatos y protocolos allanando el camino hacia el pleno desarrollo de la dignidad humana y el respeto de los derechos humanos

Las buscadoras de las víctimas de desaparición forzada en las diferentes regiones del país y las tejedoras de la memoria histórica lo hacemos convencidas de que este es el camino  para lograr, más temprano que tarde,  que la muerte nunca más sea impuesta, que la muerte llegue porque hemos alcanzado el final del ciclo vital, que lleguemos a morir porque es natural morir una vez recorrido el camino, no porque se nos trunque el camino y se nos imponga la muerte.

Juntemos nuestras voces, nuestras manos, nuestros sueños y construyamos entre todas nuestra verdad, mirando hacia el pasado con amor y valor para que no se repita, mirando hacia el futuro con esperanza, un futuro en el que las nuevas generaciones, nuestras hijas e hijos, nietas, nietos, bisnietas y bisnietos puedan vivir libres, dignos y plenos, bajo la sombra protectora de las araucarias, de las palmas de cera, de los cafetos en flor, de las ceibas, al amor y a la vida cantar.

Solo así podremos descansar y exclamar con orgullo y humildad, “tarea cumplida”. Convocamos al permanente ejercicio de la memoria y de la verdad construida desde todos nuestros espacios, polifonías y sueños. Recuperar la memoria y la dignidad de las víctimas de criminalidad estatal es nuestro deber, nuestro derecho.

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