¡Tarjeta roja a la desigualdad!

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Hay desinterés del gobierno por los jóvenes de los barrios populares.

Entrevista con Jeliz García Bolívar, árbitro de la categoría C de la Federación Colombiana de Fútbol.

Ivanovich Jiménez

Ningún otro deporte como el fútbol tiene el poder de convocar multitudes. El “deporte de masas” tiene una historia alternativa poco conocida y muchas veces omitida, que muestra su carácter popular. Pese a eso, y como consecuencia de su popularización a nivel mundial, el fútbol ha sido mercantilizado e incorporado en la lógica del capitalismo. Hoy en día, los clubes de fútbol son grandes empresas y los jugadores no son más que mercancías.

Muchos jóvenes de los sectores más empobrecidos de Colombia, privados de toda posibilidad de estudiar una carrera universitaria, sueñan con ser y ganar salarios como los de Juan Guillermo Cuadrado, Pablo Armero y Carlos Bacca, entre otros.

Al hablar de fútbol, generalmente nos referimos a los goles, los pases, las atajadas de los arqueros y los planteamientos tácticos de los entrenadores. Pero muy poco se habla de los grandes olvidados, esos protagonistas ocultos de este deporte: los árbitros.

¿Qué sería del fútbol sin los árbitros? Eduardo Galeano se refería a los árbitros de la siguiente manera: “Su trabajo consiste en hacerse odiar. Única unanimidad del fútbol: todos lo odian, lo silban siempre, jamás lo aplauden, nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo galopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los 22 jugadores; en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigiendo su cabeza”.

VOZ habló con Jeliz García Bolívar, un joven de 21 años que vive en el barrio La Chinita de Barranquilla y actualmente es árbitro de la categoría C de la Federación Colombiana de Fútbol. Ingresó a la Corporación de Árbitros del Atlántico, donde pasó a ser árbitro de la Liga del Atlántico. Por su desempeño fue obteniendo reconocimientos que lo llevaron a ascender a la tercera división del fútbol colombiano.

–Jeiz, vemos que te apasiona el arbitraje. A la mayoría de los jóvenes les gustaría jugar fútbol y ser grandes jugadores. ¿Por qué elegiste ser árbitro y no un goleador?

–Yo inicialmente tuve el sueño de ser un gran futbolista, de triunfar haciendo goles en las canchas y jugar en un equipo grande, pero mi familia nunca contó con los recursos necesario para inscribirme en una escuela de fútbol de alto nivel, como la Escuela Barranquillera y la Escuela del Toto Rubio que son escuelas muy competitivas pero así mismo son muy costosas. Mi interés por el arbitraje se despertó gracias al profesor Franklin Ramírez. Él es el director del Club de Formación Deportiva y Social Frammy.

Alguna vez organizó un torneo y me hizo la propuesta de ser el árbitro. Él estaba convencido de que no era necesario traerlos de otra parte, porque en el mismo barrio podían salir buenos árbitros, y por qué no, llegar a ser árbitros de la Federación Colombiana de Fútbol. A mí me pareció una exageración del profe porque nunca me había imaginado con un silbato dirigiendo un partido de fútbol. Acepté la propuesta y pité ese campeonato, sin tener la menor idea de las reglas del fútbol, luego otro y otro, y poco a poco le fui cogiendo amor a esto, hasta que formalmente ingresé a la corporación de árbitros del Atlántico.

–Hablemos un poco de tu barrio La Chinita. ¿Cómo viven los jóvenes en él?

–Mi barrio es un barrio humilde del sur de Barranquilla. Es una comunidad que está afectada por muchos problemas sociales, como la delincuencia, la drogadicción y la vinculación de jóvenes que crecieron conmigo a bandas criminales. Considero que esto es producto de la pobreza y la falta de oportunidades principalmente para la juventud. Sin embargo, y pese a esos problemas, en el barrio vive gente noble y trabajadora que en medio de las dificultades busca salir adelante. Tenemos el ejemplo de Teófilo Gutiérrez, a quien se veía jugando en las canchas del barrio y quien gracias a su esfuerzo y dedicación hoy triunfa en el fútbol internacional.

–¿A qué crees que se debe la carencia de oportunidades?

–En primer lugar a la falta de recursos económicos. Estudiar, educarse, hacer deporte, etc., cuesta, y muchos de esos jóvenes no cuentan con los recursos. Por otra parte creo que se debe también al desinterés de los gobernantes por los jóvenes de los barrios populares. Solo existimos cuando necesitan un voto para elegirse.

–Ya eres árbitro de la Federación. ¿Cómo llegar tan lejos?

–Por la disciplina, el empeño que le he puesto y las ganas que tengo salir adelante. En esto he aprendido a enfrentar los problemas de la vida con la misma fortaleza que enfrento los conflictos en el terreno de juego.

–¿Cómo te ves en los próximos años?

–Me veo portando una escarapela FIFA, siendo un árbitro del más alto nivel. Sueño con pitar la final de un campeonato mundial. Sueño con ayudar a los míos a salir adelante. Pero estoy convencido que hace falta mucho, por eso trabajo día a día, con toda la dedicación, el esfuerzo y la disciplina.

–¿En Colombia se les da la oportunidad a los jóvenes de realizar sus sueños?

–Mi respuesta es sencilla: no. Existen comunidades y sectores a donde se necesita mayor presencia del gobierno y generar mayor oportunidades para los jóvenes. Quizás existan programas que brinden algún apoyo a la juventud, pero todavía falta mucho por hacer. Siempre que exista esa desigualdad entre las clases sociales y el estigma hacia los jóvenes, estaremos careciendo de esas posibilidades para cumplir nuestros sueños.

–Por último. ¿Qué mensaje les mandas a esos jóvenes que no tienen las oportunidades que quisieran, pero que aún se atreven a soñar?

–Que persistan. Por más dificultades que les presente, hay que enfrentarlas. Las cosas no siempre van a ser como hoy, pero mientras esto cambia, es importante no desfallecer en el cumplimiento de nuestros sueños. Yo soñé con ser un gran futbolista. Como la mayoría de los jóvenes de mi barrio, tuve la dificultad de no poder ingresar a formarme como tal. Pero hoy en día le cogí amor al arbitraje, creo que lo hago bien, y por eso sigo trabajando para cumplir mi sueño de ser un árbitro FIFA.