Tacadas políticas

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Esta campaña a 2018 ha develado la razón conservadora (de derecha) de Cambio Radical, su táctica camaleónica es gozar de la burocracia (con cuotas en diferentes ministerios e institutos estatales)

Julio Rubio Gallardo – Especial para VOZ*

Es una lástima que la disciplina o el “deporte” del billar haya sido sacralizado por las campañas políticas. Lo han vuelto parte del marketing y la publicidad agresiva, ahora recurrente. Esta actividad que hace parte de la cultura popular, que sirve para el diálogo, el esparcimiento y el debate político en medio de cervezas, ha sido usada por el partido Cambio Radical para emplazar al naciente partido político FARC, surgido de los acuerdos de La Habana y que encarnará y permitirá la participación electoral de una insurgencia desmovilizada.

Pero, qué motivó a Cambio Radical a elaborar dicho comercial, qué significa este mensaje en la lucha por la presidencia en 2018, o, cuáles son las jugadas que los partidos están haciendo para ir acumulando fuerzas para la contienda electoral. Estas y otras preguntas surgen de manera inmediata, pero también emergen situaciones que bien podrían servir para caracterizar el quehacer político en la actual coyuntura.

La primera situación, a propósito del partido Cambio Radical, es su paulatino distanciamiento del gobierno Santos, y esta publicidad y su negativa de apoyar la Justicia Especial de Paz, así lo demuestran. Un distanciamiento que trae consigo un acercamiento, cada vez más, de este partido con el Centro Democrático, lo cual confirma dos cosas: una, su vocación o ethos de una fuerza política de derecha, y dos, el transfuguismo como táctica de diferenciación del gobierno de turno y afirmación como opción política. Esta campaña a 2018 ha develado la razón conservadora (de derecha) de Cambio Radical, su táctica camaleónica es gozar de la burocracia (con cuotas en diferentes ministerios e institutos estatales) y hacerse fuerte dentro del gobierno, para luego esgrimirse como los salvadores de las buenas costumbres y los luchadores del anti-castro-chavismo-farcriano. La tacada de la bola en la buchacara, así lo dice.

El transfuguismo

Lo más sintomático de esta pragmática y cultura política colombiana, que ahonda el fin de los partidos políticos, es la legitimad que el transfuguismo está ganando. Al parecer, la acción política para ser presidente en Colombia, es hacer parte del gobierno de turno y luego traicionarlo esgrimiendo diferencias de enfoque o estilo o porque se considera que la “política es dinámica”. Algunos consideran a Juan Manuel Santos como el precursor del transfuguismo, cuando decide traicionar a su antiguo jefe político Álvaro Uribe Vélez, pero la verdad histórica indica que el fin de los partidos y el juego de los personalismos o traiciones para ganar la contienda electoral, tiene una larga tradición.

La gran diferencia es el cinismo político con el cual se reniega del pasado y se reciclan intereses a cualquier precio, lo importante es ganar a toda costa y costo. En este escenario, las coaliciones o partidos duran lo que la mermelada aguante y su vigencia se extiende al año anterior de las nuevas elecciones, momento en el cual es menester atacar al gobierno de turno y enarbolar las banderas de la salvación, la libertad y el orden. La racionalidad instrumental convertida en mecánica electoral.

Así, Cambio Radical significa, en estricto sentido, cambio circular. Es decir, la enseñanza es aprender a gozar de las ventajas políticas y económicas de un gobierno, luego criticarlo en sus principios, para de esa manera volver a ser gobierno, pero esta vez en cuerpo propio. La táctica le funcionó a Santos, y Vargas Lleras espera repetir la fórmula. Con la característica de que es un candidato sin partido (cosa extraña), porque Vargas Lleras se lanzó a la contienda por firmas y Cambio Radical es solo un apoyo o cuando menos simpatizante, dicen sus miembros. Pero esa jugada de las firmas es otro de los rasgos del quehacer político nacional: evitar ser relacionado con un partido, vender la imagen de independencia (sobre todo de un partido con estrechas relaciones con la corrupción) y tener mayor margen de maniobra en la consecución de dineros para la campaña. Negar la filiación partidaria es táctico y trae réditos en medio del declive de los idearios y las ideologías, y el auge de los personalismos.

CR y el discurso agresivo

Pero el aspecto que resulta más contradictorio del nombre de Cambio Radical, a propósito de la publicidad en contra del partido político FARC, es el regreso del discurso agresivo, intolerante y excluyente que caracterizó gran parte del siglo XIX y XX. La negación a ultranza del opositor político a través de los estigmas y clasificaciones que, además de negarlo, producen miedo, odio y/o animadversión en la opinión pública, creando un chivo expiatorio o “enemigo interno”, el cual es la causa de todos los males.

A pesar de los Acuerdos y la desmovilización, se debe seguir insistiendo en la peligrosidad que representa este partido y en la reafirmación salvífica que Cambio Radical, y Vargas Lleras, representan para el país. Ello demuestra que para algunos sectores sociales y políticos, lo más importante era la desmovilización y no la reconciliación o el debate de las ideas; además porque necesitan de un enemigo para auto-afirmarse y atacar al gobierno de turno y del cual hicieron (hacen) parte con burocracia y mermelada.

Este ataque estilo Trump, nuevo vademécum de la práctica política, además de poner al nuevo partido como lo peor del mundo, tiene como efecto colateral atacar a todos(as) aquellos(as) que han defendido el proceso de paz y están dinamizando su implementación. Atacar este proceso, que ha sido la bandera del gobierno Santos, como ha sucedido con la Justicia Especial de Paz, es revivir la tensión social y las pasiones políticas del referendo de octubre de 2013. Capitalizar la efervescencia producto de los mensajes de pánico, post-verdades, enemigos y lecturas apocalípticas, hacen de Cambio Radical un jugador (no solo de pull) sino de billar a tres bandas.

Ganar es la consigna que determina cualquier jugada política, sin importar los costos que tenga para la paz. Al fin y al cabo, ya lo dijo el gran estratega de la campaña del referendo por el No, Juan Carlos Vélez: “Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca […] dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación […] Descubrimos el poder de las redes sociales”. Con estos criterios, al parecer, se está dinamizando la contienda política y como en todo espectáculo, bienvenidos al mundo real.

* Profesor universitario en el Valle del Cauca.

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