Suenan tambores de guerra en Medio Oriente

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Protesta en Teherán por el asesinato de Soleimani, 3 de enero.

Voces como la del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y la de líderes de las principales potencias del mundo, instaron a Washington y Teherán a morigerar la tensión, y bajarle el tono a los llamados a la confrontación

Alberto Acevedo

El argumento esgrimido por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para justificar el ataque y asesinato del líder iraní Qasem Soleimani, en el sentido de que el operativo con misiles “tenía, como objetivo disuadir futuros planes de ataque iraníes”, además de estúpido, es una explicación que nadie creyó, ni en los círculos políticos más cercanos a la Casa Blanca, ni entre sus aliados.

No solo porque entre la estrategia de la política exterior iraní jamás se contemplaron planes de ataque de ninguna índole contra Estados Unidos, que constituyeran una amenaza a su soberanía o a sus intereses estratégicos, sino porque los servicios de inteligencia norteamericanos desde hacía muchos años venían haciéndole seguimiento a Soleimani, y si de atentar contra su vida se trataba, pudieron haber actuado antes. Entonces, ¿por qué ahora? Es la pregunta que se hacen varios analistas.

Una de las respuestas que ofrecen los observadores de la política norteamericana, es que el ataque con misiles en inmediaciones del aeropuerto de Bagdad, ocurrido el 3 de enero pasado, contra un vehículo en el que se transportaban Soleimani, y otros oficiales de la Guardia Revolucionaria Iraní, obedeció a un  cálculo electoral, en el momento en que se anunciaba la llegada al senado norteamericano del pliego de acusaciones contra Trump por varios delitos, juicio interno que de prosperar, pone en tela de juicio no solo su mandato, sino la posibilidad de su reelección para las elecciones de noviembre próximo.

Razones de la agresión

Ordenar un ataque militar contra otra nación, a la que oficialmente no se le ha declarado la guerra, ha sido una táctica de varios presidentes norteamericanos, para crear artificialmente un ambiente de respaldo al ejecutivo y favorecer su imagen en tiempos preelectorales. El último en acudir a esa estrategia fue Obama, que también atacó a Irán. Por cierto, en ese momento fue Trump uno de los primeros en denunciar que no había razones para que Obama atacara a Irán, más allá de una estrategia electoral perversa. Ahora, es Trump el que acude a tal expediente.

Otra razón de la aventura bélica del inquilino de la Casa Blanca es enviar una señal a aliados suyos en el Medio Oriente, como Israel y Arabia Saudita, que le venían reclamando acciones concretas para detener la expansión de la influencia iraní en la región. Es conocido el odio de Israel hacia el régimen de los ayatolas, que se opone a sus planeas hegemónicos en Oriente Medio.

Lo cierto es que, en lo inmediato, la acción de Trump ha tensado y polarizado la región. Un gran número de naciones rechazan el asesinato de Soleimani. Queda claro, en primer lugar, que el bombardeo con misiles al aeropuerto de Bagdad, en Irak, viola los más elementales principios del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Pero también la constitución nacional de los Estados Unidos.

Por encima de la constitución

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, le recordó al mandatario que una acción militar como la llevada a cabo en Oriente Medio, debió tener primero la aprobación del Senado y debió ser consultada con el parlamento en su conjunto, y esta vez, ni siquiera se informó del hecho a esa instancia legislativa. Por consiguiente, la aventura bélica mereció el rechazo mayoritario de los norteamericanos. De hecho, en la primera semana de enero, se realizaron manifestaciones en repudio al asesinato de Soleimani en al menos 80 ciudades de los Estados Unidos.

En este contexto, lo menos que podía esperarse es la enérgica reacción del gobierno iraní que prometió “venganza” ante el crimen de uno de sus más representativos dirigentes. Soleimani ostentaba el grado de mayor general del ejército de la nación islámica, era el jefe de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, una organización militar cuyo objetivo es la protección del sistema político de Irán.

Más allá de ese liderazgo, construyó una relación “profunda y duradera” entre los Cuerpos de la Guardia y las milicias armadas chiítas iraquíes y libanesas. Voceros de la cancillería rusa, lo calificaron como uno de los “imprescindibles” y un “héroe nacional” iraní. Pero, además, la prensa internacional lo definió como el más cercano asesor del ayatola Jamenei, líder espiritual del país persa.

Venganza

Y mientras el presidente de Irán, Hasán Rohaní dijo que Teherán y otras naciones de la región cobrarán “vengarán” por el asesinato del general iraní, el líder supremo, el ayatola Alí Hoseini Jamenei, dijo que a los “criminales” les espera una dura venganza.

Es pertinente la observación, en este sentido, del analista internacional Basem Tajeldine, en el sentido de que Estados Unidos e Israel “han subestimado la reacción de Irán”. El asesinato del líder iraní “traerá un antes y un después para toda la región”, con este ataque “Estados Unidos ha comenzado una guerra que acabará rápidamente con su presencia en toda la región. En adelante los altos mandos militares estadounidenses en la zona deberán temblar, porque Irán aplicará el ojo por ojo”, apunta el analista.

Otro observador, Ali Vaez, director de cuestiones iraníes del proyecto International Crisis Group, dice que “esto es nada menos que una declaración de guerra a un país acorralado, que cada vez tiene menos que perder”. “Irán dará respuesta en el momento más oportuno. No se les conoce por desesperados”. Según Vaez, Teherán podría sopesar “una respuesta proporcional”, que no necesariamente provoque “un contraataque estadounidense”.

Bajar el tono

Un enfoque similar lo comparte la cancillería rusa. María Zajarova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, dijo que el mundo se enfrenta a una nueva realidad. “Hoy nos enfrentamos a la muestra de una nueva realidad, es decir, la eliminación de un representante del gobierno de un Estado soberano, un funcionario público, sin una correlación de estas acciones con alguna base jurídica”. Entre tanto, el canciller iraní, Mohammad Javad Zarif, calificó el crimen como “acto de terrorismo internacional”.

Otras voces, como la del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres y líderes de las principales potencias del mundo, instaron a Washington y Teherán a morigerar la tensión, a bajarle el tono a los llamados a la guerra y a evitar que se desencadene una nueva conflagración mundial a partir del Medio Oriente.

6 Comentarios

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