Stephen Hawking: La desaparición de un coloso

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Stephen Hawking.

Alfonso Conde

El “historiador del tiempo” o “historiador del universo”, como fue denominado el físico británico Stephen William Hawking, dejó de existir el pasado 14 de marzo en Cambridge, Reino Unido, a la edad de 76 años.

Aun cuando el gran trabajo de toda su vida pueda parecer alejado de las afujias de los comunes mortales, él comprende la búsqueda de respuestas a preguntas que la humanidad se ha formulado a través de todos los tiempos. Como él mismo las formuló: ¿Qué sabemos en realidad del universo y cómo lo conocemos? ¿De dónde viene el universo? ¿A dónde va? ¿Tuvo un inicio? ¿Cómo y por qué empezó? ¿Qué pasó antes de él? ¿Tendrá un final, y en caso afirmativo, cómo será? ¿Cuál es la naturaleza del tiempo? ¿Podemos retroceder en el tiempo?

La filosofía ha muerto

Como manifiesta en el primer capítulo de El Gran Diseño: “La mayoría de nosotros no pasa la mayor parte de su tiempo preocupándose por estas cuestiones, pero casi todos nos preocupamos por ellas en algún instante. Tradicionalmente, esas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física”.

Su formación en matemáticas aplicadas, física teórica y física cuántica lo dirigió hacia la astrofísica y la cosmología, y, al igual que otros científicos, dedicó esfuerzos importantes a tareas de divulgación que siempre generaron polémica, en especial con seguidores de pensamientos religiosos.

Obras como Historia del Tiempo, Del Big Bang a los agujeros negros, El Gran Diseño, El Universo es una Cáscara de Nuez y La Teoría del Todo: El Origen y el Destino del Universo, figuran entre sus escritos más conocidos por la población general, más allá de sus trabajos especializados, digeribles sólo para la comunidad científica.

Fue un claro heredero de la ciencia jónica (Tales, Pitágoras, Arquímedes, Anaximandro, Empédocles, Demócrito, Aristarco…) tal vez la pionera en atribuir el comportamiento y descripción de la naturaleza a la existencia de leyes físicas, concepto perdido durante siglos y retomado sólo a partir del siglo XVI (Kepler, Galileo, Descartes).

Sobre la base de la existencia de tales leyes físicas, de las preguntas originales se transita a otros interrogantes como el origen de dichas leyes, la existencia de excepciones, como por ejemplo los llamados milagros, y sobre la posibilidad de la existencia de más de un solo conjunto de leyes. En numerosas oportunidades el desarrollo de sus hipótesis llevó al ateo Hawking a debates públicos con voceros de planteamientos religiosos que anteponían la voluntad de un ser superior como principio creador del universo.

Origen del mundo

Hawking trabajó en las leyes básicas que gobiernan el universo. La teoría general de la relatividad de Einstein indica, según desarrollos de Hawking y Penrose, el surgimiento del espacio y el tiempo con el llamado Big Bang (la gran explosión, hace unos 13.800 millones de años), y un eventual final en agujeros negros (puntos de altísima densidad material que ejercen tal fuerza de atracción gravitacional que ni la luz puede escapar a su influencia y por tanto aparecen negros; sin embargo ellos sí emiten la llamada radiación de Bekenstein-Hawking que puede, eventualmente, debilitarse y desaparecer). Se especula que en el centro de la mayoría de las galaxias se encuentra un agujero negro supermasivo.

La aproximación al conocimiento se desarrolla por la construcción de modelos lógicos que se contrastan con las observaciones de una realidad, siempre esquiva. Hawking postuló un modelo según el cual el universo no tenía un único estado inicial (condición necesaria para que cualquier modelo pueda predecir el comportamiento futuro) y, en consecuencia, los físicos no deben pretender formular una teoría que explique la configuración actual del universo sobre la base de un estado inicial en concreto.

Modelos diversos

Como decía el gran físico, un modelo es satisfactorio si es “elegante”, si contiene pocos parámetros ajustables, si concuerda con las observaciones existentes y las explica, y si realiza predicciones detalladas sobre observaciones futuras. Ello es independiente de lo que llamamos “sentido común” que se forma a partir sólo de la observación de lo cotidiano. La física genera modelos diversos para distintas circunstancias. Así existen modelos para el comportamiento de las partículas que conforman la materia y otros para el universo como un todo, cuyos elementos no necesariamente coinciden.

Las eventuales inconsistencias entre los modelos de la física de los astros (relatividad general) y la física de los “ladrillos” de la materia (teoría cuántica), que sin embargo coinciden en sus fronteras, obligan a la ciencia a la búsqueda de una teoría unificada que pueda explicar las llamadas cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, como aspectos diferentes de una única fuerza, lo que parece ser el objetivo de la física contemporánea.

Vida asombrosa

No se puede cerrar este escrito sin llamar la atención sobre aspectos humanos del desaparecido filósofo del universo. Stephen Hawking a la edad de veintiún años empezó a notar el aumento de su torpeza física que lo llevaba a tropezar y caer con alguna frecuencia. Los médicos le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad degenerativa que destruye las neuronas motoras y va produciendo una parálisis progresiva que llega a ser casi total. A pesar de que la esperanza de vida media de los afectados con esa enfermedad es de sólo cuatro a cinco años, tal vez su intensa actividad intelectual contribuyó a extender ese período por cincuenta y cinco años. ¡Asombroso!

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