Skampida, una ventana a la libertad

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Skampida.

Jairo Antonio Rojas
@Antoniodelcomun 

David y yo salimos en bicicleta un domingo cualquiera de elecciones. Ya habíamos discutido extensamente sobre por qué y por quién votar; él nunca había votado y yo quería que lo hiciera. Mi tesis era, por la izquierda o mejor no vote, el defendía la abstención, igual íbamos rumbo a Corferias.

Llegamos al lugar donde votan todos aquellos que nunca lo han hecho, buscamos dónde asegurar las ciclas y presentando la cédula cruzamos todos los controles sin mayor dificultad. Había poca gente, nos acercamos a las mesas. David, con  identificación en mano preguntó si aparecía en los listados, la jurado buscó y efectivamente lo encontró; él, antes de que resaltaran su nombre, se apuró a dar las gracias y pidió de vuelta su documento. No iba a votar. Nadie podía creerlo, ni la jurado ni yo tampoco, pero así era, él solo quería saber si su número de identificación hacia parte del sistema electoral. Luego se marchó.

David es el cantante, bajista y uno de los fundadores de Skampida, quienes este año cumplen 20 años de estar sonando. En el 2004 se fueron a probar suerte a Estados Unidos, y como a casi todos los latinos, les tocó acceder a trabajos varios para poder sobrevivir. Sin embargo también permitió que abrieran sus mentes a las músicas del mundo y esa base de ska, punk y de ritmos latinos característicos en la banda se enriqueció con influencias de sonidos balcánicos y de Europa oriental.

Hoy cuentan con cuatro discos, Stereoblastter (2004), Inflamable (2011), Transmutante (2015) y Rebelation (2017). Sin disqueras ni managers han girado casi por todo Estados Unidos, Canadá, México, Venezuela, Holanda, Suiza, Alemania, Italia, Rusia, República Checa, Rumania, Serbia, Turquía, entre otros países, todo de manera auto-gestionada.

Cuando regresan a Bogotá, no tienen en los bolsillos los miles de millones que deben atesorar otros artistas, aunque si vienen de tocar en escenarios y compartir carteles que difícilmente otras bandas pueden acreditar. Pero sobre todo, vienen de ver otros mundos con sus propios ojos, otros mundos que los enriquecen musicalmente, pero también políticamente.

Ninguno vota, han preferido abstenerse de un sistema electoral que han visto fracasar una y otra vez. Su revolución tiene otro idioma, otras formas; en sus canciones hay ideas rebeldes, más simbólicas que explícitas, y así se comportan en la realidad, una rebeldía que no se enuncia sino que se ejerce. Sin acumular riquezas, sin traicionar su música, conociendo el mundo sin prejuicios, tocando con los más grandes, pero sin dejar de tocar en festivales pequeños que para ellos son importantes. Son una ventana a la libertad, así vivan en lo que ahora llaman subalternidad; son expresión de mestizaje, son síntesis de muchas culturas; sin grandes discursos ni artilugios, son el canto de pueblos silenciados históricamente.

Con 20 años de trayectoria y un alto kilometraje musical, Skampida es un excelente cierre de este festival que deposita confianza al rock colombiano con más de la mitad de sus presentaciones en bandas distritales y nacionales. Es su cuarta vez en Rock al Parque, ojalá la última.

El lunes 20 de agosto a las 7:30 de la noche, en la tarima principal el festival vivirá un show a pulso y desde abajo, cargado de adrenalina y un coctel de géneros, al mejor estilo de los Skampida. Al cierre de la jornada y el festival, Pennywise. Imperdible.

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