Sin sumisión

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José Ramón Llanos

Vamos a compartir con los lectores algunas reflexiones sobre el problema de las drogas, los cultivos de coca y marihuana en Colombia, y también la ineficacia de los gobiernos norteamericanos para combatir el narcotráfico y el depósito de las grandes sumas de dineros producto de esas actividades en el sector financiero.

Sabemos que los Estados Unidos es la zona del mundo donde más se consumen estupefacientes y psicotrópicos. Por supuesto, allí también se dan las más grandes operaciones financieras en la red bancaria. Se producen y exportan los más importantes precursores químicos, sin cuyo concurso material no se podrían producir las drogas.

En consecuencia, el combate del narcotráfico exige un esfuerzo máximo de los Estados Unidos para controlar el comercio y la distribución de la droga dentro del país, así como también evitar que de allí salgan los precursores químicos y evitar que con todo el poderío militar, policial y de inteligencia y todo su arsenal tecnológico, impedir que la droga entre al país y por tanto se quiebren financieramente los sembradores y procesadores de estupefacientes.

Por las razones anteriores, es inútil que los mandatarios gringos sigan desgañitándose amenazando a los gobiernos latinoamericanos, en lugar de convocar a todos los países implicados en el problema de la drogadicción, para debatir y valorar las estrategias utilizadas hasta el momento y que han resultado inútiles o poco efectivas. No se trata de imponer desde la fuerza, una política, sino de consensuar un plan para lograr disminuir y en lo posible acabar con el narcotráfico como actividad económica altamente rentable.

No se debe excluir ninguna opción o método para afrontar y acabar con el problema. Por tanto, es necesario que el presidente Juan Manuel Santos cuando dialogue con Trump, presente y defienda la política más conveniente para proteger el bienestar, la salud y nuestro medio ambiente.

Se debe valorar y rechazar la posición monotemática estadounidense: aspersión con glifosato, sin tener en cuenta los daños que esa sustancia produce en la salud humana. De igual manera se debe someter a debate y valoración la posibilidad de legalizar el consumo de la marihuana, para descriminalizar esa actividad y disminuir el consumo al no haber posibilidades de generar utilidades con ese actividad.

El Gobierno colombiano, con el apoyo de otros mandatarios latinoamericanos, debe acabar con la prepotencia del gobierno estadounidense que hasta ahora ha contado con la sumisión de los presidentes del continente, para imponer la política antidroga que ha querido y ha resultado ser ineficaz ya que no ha impedido el crecimiento exponencial del consumo de los estupefacientes en aquel país y por tanto estimula el cultivo de la marihuana y la cocaína.

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