Sin respiro: Contaminación ambiental en Medellín

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Una jornada extrema de pico y placa durante tres días, no constituyó la solución al problema de la calidad del aire en la capital antioqueña. Urge un programa de acciones que involucre a toda la sociedad. Si en Medellín llueve, en Bogotá no escampa

Alberto Acevedo

De acuerdo a indicadores de los principales centros de monitoreo ubicados en puntos estratégicos de la ciudad, entre los años 2012 y 2016, no mejoró la calidad del aire en Medellín y su área metropolitana, en un hecho que, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, OMS, sitúa a la ciudad como una de las más contaminadas del continente, al lado de urbes como Rio de Janeiro, Belo Horizonte, Guatemala, Lima y Cochabamba.

En al menos dos estaciones de observación de la calidad del aire, se registró la presencia de material particulado, conocido en medios técnicos como PM25, el más nocivo para la salud de las personas. Entre enero y noviembre de 2016, estos registros estuvieron por encima de los indicadores permitidos por la OMS.

Esta situación llevó a las autoridades metropolitanas de la capital de la montaña a decretar la alerta roja ambiental y a imponer un pico y placa extendido, durante tres días, a partir del 23 de marzo pasado. Organizaciones ambientalistas que conocieron un  relativo alivio de la contaminación del aire en la ciudad, durante la restricción de la circulación de vehículos, criticaron sin embargo que la medida es coyuntural y no conduce a una solución radical del problema. Es tanto como buscar la fiebre en las sabanas, indicaron estudiosos del tema.

Voceros de la unidad administrativa del Área Metropolitana de Medellín, reconocieron que la circulación diaria de automotores, comprendidos buses, taxis y motos, es responsable de la emisión del 80 por ciento de las partículas contaminantes que envenenan el aire de los habitantes de la ciudad. Además del 74 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono, del 99 por ciento de las de metano y el 80 por ciento de las de óxido nitroso.

Escenarios de gobernanza ambiental

Esta actividad dañina la llevan a cabo 1.400.000 vehículos que circulan diariamente por las calles de la ciudad. La medida del pico y placa restringió la circulación de 450.000, que tres días después retornaron a su labor contaminante.

Esto llevó a que representantes de la organización Medellín Cómo Vamos reconocieran que la medida de la alerta roja es un paliativo, y que lo que se requiere ahora es la construcción de escenarios de gobernanza, a través de una autoridad que hoy no existe, que involucre a toda la sociedad, incluyendo a las autoridades y la empresa privada en soluciones integrales a largo plazo.

La citada organización ubica la contaminación del aire de Medellín en el contexto de un desbarajuste ambiental más complejo. Por ejemplo, señala que el agua del Río Medellín y sus afluentes estuvo en sus peores condiciones en los últimos años. Dice que la inversión anual, en promedio, para medio ambiente y gestiones de riesgo, representa apenas el dos por ciento del presupuesto de la ciudad. Los niveles de ruido son superiores a los recomendados por la normativa nacional. Solamente en el tratamiento de residuos sólidos y prevención de emergencias, se presentan avances dignos de destacar.

Una reflexión

Pero si en Medellín el clima es malo, en Bogotá no es mejor. La capital de la república le pisa los talones a la de Antioquia. Por la misma época en que en Medellín decretaron la alerta roja ambiental, la organización Combo2600, organizó una acción en  la que puso tapabocas a 15 estatuas de Bogotá, situadas en puntos de alta contaminación del aire.

Dijo esta organización, que la acción buscó provocar una reflexión entre la ciudadanía y las autoridades sobre la calidad del aire en la ciudad. Informó al respecto, que el año pasado se registraron en la ciudad 56.000 consultas médicas por enfermedades respiratorias agudas. Una cifra superior a la del 2015 y que más de 70 niños bogotanos murieron en esos doce meses por la misma causa.

Recordó la organización que un estudio del año 2006 (el único hasta ahora conocido), plantea que alrededor de cuatro millones de kilómetros son recorridos diariamente por buses y camiones en la ciudad. La combustión de diésel, equivale a 690 toneladas de material particulado lanzado al aire.

Los buses que a diario recorren las calles bogotanas, son responsables del 60 por ciento de emisiones de dióxido de azufre; del 80 por ciento de material particulado y del 75 por ciento de dióxido de nitrógeno, producido por la combustión de diésel. Estos gases afectan la salud de las personas y producen el efecto invernadero.

Nuevos indicadores

Las alertas en materia de salud no son pocas. En preparación de esta nota periodística, al cierre de esta edición, se conoció un estudio de la profesora Alejandra Betancur Sánchez, investigadora de la Universidad Nacional de Medellín, en el que indica que a mayor cantidad de material particulado en el aire que respiramos, mayor es el daño celular en la cadena de ADN humana. El estudio será presentado esta semana a la alcaldía de Medellín, y su constatación es válida para el caso de Bogotá.

Otro colega de la docente en Medellín, Néstor Yesid Rojas, ingeniero químico de la Universidad Nacional y estudioso del tema ambiental, dice que los altos niveles de contaminación del aire en Bogotá se mantienen en una cifra alta desde el año 2014, y a pesar de que muestran alguna estabilidad en ese punto crítico, lo más probable es que se incremente la presencia de material particulado en el aire de la capital en los próximos meses.

Para otros ambientalistas, lo preocupante es que el caso del aire contaminado no es un fenómeno aislado, y está ligado a otros, como la contaminación de los ríos, los desórdenes en el clima, con extremos de mucho calor u oleadas de invierno, que causan desastres como el de Mocoa la semana pasada, y la desaparición de los nevados y los reservorios de agua, entre otros fenómenos.

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