Si eso no es traición a la patria, entonces, ¿qué es?

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Ilustración: Andrea Posada Escobar via photopin cc

Nelson Lombana Silva

Lo que escribió recientemente el influyente periódico “Washington Post” acerca de la injerencia directa de la CIA en el asesinato de varios comandantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP) por supuesto que no es novedoso en sí, lo novedoso quizás es que lo diga un periódico del imperialismo. ¿Qué busca con ello?

Ilustración: Andrea Posada Escobar via photopin cc
Ilustración: Andrea Posada Escobar via photopin cc

Se dice que la noticia no es ninguna novedad, entre otras cosas, porque el comandante Fidel Castro lo denunció hace más de dos años con pelos y señales. Lo grave y deshonroso es que las Fuerzas Militares colombianas son mercenarias del imperialismo, lo cual va en detrimento del honor nacional, la soberanía nacional y el completo descrédito de los supuestos héroes de la patria como nos lo quiere plantear la costosa campaña publicitaria.

En esas condiciones, se podría decir que la entrega del mando de las distintas operaciones militares a un ejército extranjero y mantener tal decisión oculta al pueblo colombiano es un delito de lesa patria que bien se puede calificar de traición a la nación, es decir, a la patria. Si eso no es traición a la patria, entonces, ¿qué es?

La presencia de siete bases norteamericanas en el suelo colombiano es una traición a la patria, es un crimen de lesa patria, que los medios masivos de comunicación y demás aparataje del Establecimiento tratan de ocultar o cuando más minimizar para que la pobre alienada opinión pública no devele la gravedad y cobardía de tal clase dirigente que habla tanto de amor patrio y soberanía nacional.

Así, podríamos decir que no es el militarismo colombiano el que está saboteando los diálogos de La Habana (Cuba), sino el militarismo estadounidense. Nuestro ejército nacional es un simple lacayo de los Estados Unidos. Es decir, peón de la CIA. ¡Qué vergüenza!

El ministro de defensa Juan Carlos Pinzón, que posa de bravucón como el soldadito de papel, en realidad es un cordero manso al servicio de la CIA y los dictámenes imperiales de los Estados Unidos.

Mucho se sabe sobre esos acuerdos secretos, pero muchísimo seguramente mantienen en reserva y seguramente irá saliendo con el transcurrir de los meses y años.

Tiene razón la izquierda colombiana, especialmente el Partido Comunista y la Unión Patriótica, cuando propone la lucha por la soberanía nacional, la defensa de nuestra identidad y nuestro territorio.

Así las cosas, ¿no sería más procedente intentar pactar la paz con el amo en vez de insistir con el peón? Solo una reflexión mientras llueve, como diría Fernando Soto Aparicio.