“Seré un buen presidente”: López Obrador

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Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México.

“No les voy a fallar. Soy un hombre de convicción y de principios. Mi honestidad no tiene precio. Juntos haremos historia”, dijo el candidato de la coalición izquierdista Morena, horas antes de confirmarse su triunfo

Alberto Acevedo

Escrutado el 95 por ciento de las mesas en México, el último boletín de las autoridades electorales indicaba que el candidato de izquierda, a nombre de la coalición Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, obtenía un significativo triunfo, al alcanzar el 54 por ciento de los votos, lo que indica que 24’200.000 ciudadanos optaron por esta opción.

La elección de López Obrador como presidente de los mexicanos en nombre de una coalición de fuerzas de izquierda, contrasta con los retrocesos sufridos por corriente en países como Brasil, Argentina y Ecuador, o con el avance de la derecha dura en Colombia, con la elección de Iván Duque, vocero del Centro Democrático uribista.

En estas condiciones, el ascenso de López Obrador significa un aliento para unir energías dispersas de la izquierda latinoamericana, que den lugar a nuevas articulaciones en la agenda regional e internacional. Es significativo que el Foro de Sao Paulo, que ha convocado su próxima reunión anual, a partir del 15 de julio en La Habana, tenga sobre la mesa una discusión abierta, franca y sincera sobre las perspectivas de las fuerzas democráticas y la necesidad de enfrentar la ofensiva neoliberal en la región.

Para un país sumido no solo en la violencia y el narcotráfico, con muchas de sus estructuras sociales y políticas en manos de las mafias, y con una profunda corrupción, que corroe hasta los círculos de las más elevadas esferas de poder, resulta de la mayor importancia que la candidatura de López Obrador se haya impuesto con la promesa de librar una lucha a fondo contra la corrupción y por la recomposición de las élites de poder.

No incrementará impuestos

A lo largo de su campaña, López Obrador propuso “una transformación que será pacífica pero radical, porque se propone arrancar de raíz el régimen corrupto de injusticias y de privilegios”.

En este sentido, esbozó un programa de gobierno inmediato que comprende, un plan de paz que convocará a víctimas y expertos; echar abajo la reforma educativa adelantada por la anterior administración, que ha recibido el rechazo de docentes y estudiantes; la promesa de que no incrementará los impuestos ni se producirá el llamado ‘gasolinazo’; una política exterior que defienda la dignidad, la soberanía nacional y promueva la cooperación para el desarrollo.

En otros aspectos de su programa de gobierno, propuso austeridad en el servicio público, reducción de la nómina de la alta burocracia, eliminar la figura del secretario particular y los escoltas para quienes no sean parte del gabinete de seguridad.

Elites sin legitimidad

En materia de derechos ciudadanos, prometió libertad plena de manifestación ciudadana, libertades civiles y religiosas, no reprimir, perseguir, espiar ni desterrar a las personas por sus ideas políticas o credos religiosos. Además, liquidar dos instituciones represivas, similares al Esmad en Colombia, o al DAS, que son el Estado Mayor Presidencial y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional.

En una primera lectura del terremoto político sucedido en México, al quedar desplazadas dos formaciones políticas tradicionales, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, y el Partido Acción Nacional, PAN, el ministro de la Suprema Corte de Justicia, José Ramón Cossío, dijo: “Si las elites que estuvieron en un determinado momento gobernando, tuvieran legitimidad moral, política, etcétera, no se presentaría una necesidad de recambio”, como en efecto se propone.

El de López Obrador, dice el magistrado, es un discurso fulminante contra los privilegios, la corrupción y la clase política. El prestigioso rotativo The Economist, escribió en ese mismo sentido: “Muchos mexicanos han dejado de creer que cualquiera de los dos partidos políticos que gobernaron México en el último siglo (el PRI nuevamente en el gobierno con Enrique Peña Nieto y el hoy opositor PAN) harán algo respecto de los horrores de la violencia”.

Retos

Además de las líneas generales del programa esbozado por el nuevo mandatario de izquierda, el gobierno entrante deberá enfrentar retos como la confrontación con un presidente norteamericano que quiere liquidar el libre comercio, deportar a millones de mexicanos, construir un muro fronterizo y forzar a los mexicanos a pagar por él. “Frente al nacionalismo de Trump, López Obrador responde con un fuerte nacionalismo propio”, dice The Economist.

Otro reto, además de la lucha contra la corrupción, es enfrentar la pobreza. México está entre el 25 por ciento de los países más desiguales del mundo, afirman organismos de las Naciones Unidas. De sus 123.5 millones de habitantes, 45 millones  (el 11.3 por ciento) viven bajo la línea de la pobreza absoluta. Contrasta con el hecho de que los cuatro mexicanos más ricos, poseen el 9.5 por ciento del Producto Interno Bruto. Estos mexicanos son: Carlos Slim, con una fortuna estimada en 77.000 millones de dólares; Germán Larrea, con 13.900 millones; Alberto Ballerés, con 10.400 millones, y Ricardo Salinas, con 8.000 millones de dólares.

Estar alerta

En el acto de cierre de su campaña, López Obrador se refirió a la cuestión social: “Si llevamos a cabo los cambios que proponemos, a finales del sexenio, es decir, en 2024, habrá un nivel de bienestar y un estado de ánimo completamente distinto al actual. Tendremos una sociedad mejor, no solo por lo que vamos a construir entre todos y desde abajo en el plano de lo material, sino por haber creado una nueva corriente de pensamiento, por haber consensuado una revolución de las conciencias que ayudará a impedir, en el futuro, el predominio del dinero, del engaño y de la corrupción, y la imposición del afán de lucro sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo”.

Sobre las dimensiones de esta revolución moral en el país azteca, el analista Atilio Borón dijo: “Lo que está en juego es mucho, más allá que la propuesta de AMLO carezca de estridencias radicales. Pero la lucha contra el narco, la corrupción y las políticas neoliberales, y un México que vuelva a mirar al Sur y tome una cierta distancia de Estados Unidos traería una brisa fresca y esperanzadora sobre Nuestra América. Habrá que estar muy atentos”.

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