Se fue Martín Vizcarra… y regresó Evo Morales

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Ricardo Arenales

En medio de las movilizaciones y protestas más grandes que ha tenido el Perú en los últimos años, el país conoció tres presidentes en un poco más de una semana. En una maniobra política todavía no muy clara, el congreso de la República destituyó al presidente Martín Vizcarra; nombró de inmediato al titular del Congreso, Manuel Merino en su reemplazo, en la idea de propiciar una transición, a seis meses de los comicios presidenciales, y ante las protestas ciudadanas por su designación, éste renunció tres días después.

En la noche del pasado domingo, el parlamento buscaba fórmulas para reemplazar al dimitente presidente encargado. La única fórmula presentada proponía a Rocío Silva Santisteban, del partido Frente Amplio, como fórmula presidencial, con Francisco Sagasti, del Partido Morado, como primer vicepresidente. Se necesitaban al menos 60 votos para la aprobación. La propuesta sólo obtuvo 42 votos a favor, 52 en contra y 5 abstenciones. En esas condiciones se levantó la sesión, se convocó a consulta a las directivas de los partidos y se ahondó la crisis política en el país.

La crisis se desató el día 9 de noviembre, cuando el congreso en pleno destituyó al presidente Vizcarra, bajo la figura de ‘incapacidad moral’ contemplada en la Constitución. La acusación se apoyó en presuntos cargos de corrupción del mandatario en una época anterior en la que fue gobernador de la provincia de Moquegua.

Corrupción y represión

Por tratarse de delitos penales, los tribunales de justicia peruanos adelantan una investigación, sin que se hayan concretado pruebas sólidas hasta ahora contra el ahora exgobernante. Por esta razón, muchos analistas consideraron que el congreso usurpó la jurisdicción de los tribunales y por tanto la destitución de Vizcarra obedeció a una “repartija” política de sectores políticos de derecha y del fujimorismo, para desviar la verdadera investigación sobre corrupción en el país.

De hecho, el problema es de tal magnitud, que más de la mitad de los actuales senadores y representantes son investigados por corrupción, y todos los expresidentes vivos se encuentran en la misma situación, y están presos o huyen del país. El gran proceso por corrupción en Perú inició con la investigación por sobornos de la empresa Odebrecht.

Conocida la destitución de Vizcarra, el país entero entró en una explosión de protestas, cuyo epicentro fue Lima, la capital, pero que se extendieron por todas las ciudades, incluyendo bloqueo de vías, cacerolazos, y otras movilizaciones. El presidente encargado, Manuel Merino, mostró su catadura represiva e instó a la violencia policial para reprimir a los manifestantes.

Se va el elegido

Como consecuencia de la arremetida, se produjeron más de cien heridos, 40 manifestantes desaparecidos, un número indeterminado de detenidos, en tanto que el pasado sábado se produjo la muerte en Lima de dos estudiantes universitarios, lo que elevó a un nivel de mayor indignación la protesta social.

Los manifestantes gritaban consignas como “fuera los corruptos”, tildaban al presidente interino de “usurpador”, y comenzaron a levantar la consigna de una “constituyente popular”, que provoque una reforma política a fondo, similar a lo vivido en Chile. Con semejante presión, el presidente interino no aguantó y presentó su renuncia hacia el medio día del pasado domingo. Para ese momento, la totalidad de su gabinete había renunciado, y hasta el propio parlamento que lo eligió le pidió su dimisión.

El domingo en la tarde el legislativo se reunió para escoger nueva fórmula presidencial. La única que se presentó fue la del Frente Amplio, que proponía el nombre de Rocío Silva Santisteban. Como se mencionó a al comienzo de esta nota, no contó con la votación suficiente. La gente en las calleas, que rechazó al “usurpador”, cambió sus consignas por las de “sí se pudo”, y festejó por todo el país.

Pero los manifestantes no regresaron a sus casas. Permanecen movilizados a la espera los resultados, anunciando que no van a tolerar que un corrupto llegue a la presidencia. Entre tanto un importante sector de parlamentarios, propusieron una sesión especial del Congreso, para reversar la vacancia contra Vizcarra, propuesta que, de prosperar, podría retornar al político a su cargo de presidente.

Multitudinario recibimiento al líder indígena boliviano

Acompañado por una multitud de seguidores y admiradores, el expresidente boliviano Evo Morales regresó al país, unas horas después de que el líder del Movimiento al Socialismo, Luis Arce, tomara posesión como nuevo presidente del país.

Sorprende el recibimiento que le dieron al expresidente indígena, por lo multitudinarias de las concentraciones, el afecto prodigado, los abrazos, las muestras de cariño. En algunas ciudades, las manifestaciones superaron el millón de personas, y algunos observadores insinúan, claro, en condiciones diferentes, que fueron mucho más multitudinarias que las protagonizadas por el actual mandatario, Luis Arce, durante su campaña electoral.

Morales hizo el recorrido de ingreso a la patria por tierra. En un punto fronterizo con Argentina, donde se encontraba exiliado, fue despedido por el presidente de ese país, Alberto Fernández. En Villazón, al otro lado de la frontera, tuvo el primer encuentro con su pueblo. A partir de allí fue escoltado por multitudes. De camino a Oruro, fue detenido en cada pueblo, en cada comunidad, que le dio la bienvenida.

Con los jóvenes

Evo, en su correría, dijo en repetidas ocasiones que trabajará por la unidad del país, y que no busca vengarse de quienes promovieron en golpe de Estado en su contra. Descartó volver a postularse a alguna candidatura u ocupar un puesto en el gabinete de Arce. Dijo además que desea regresar a vivir en Chapare, no en La Paz, y dedicarse a criar el pacú, un pez de río, famoso en la región.

En lo social, dijo que quiere compartir su experiencia con jóvenes, para contribuir a formar nuevos dirigentes sociales, pero al margen del gobierno, porque considera que una de sus prioridades es proteger a Arce de cualquier intento de inestabilidad.

Sin embargo, la magnitud de las manifestaciones que lo saludaron, sorprendieron, pues indican el profundo liderazgo de Evo, que aún se mantiene, con un enorme capital político, un hombre de apenas 61 años de edad. No faltó alguien que dijera que parecía más un candidato, que un político en retirada. El presidente Luis Arce, por su parte, indicó que Evo Morales no tendrá ningún papel en su gestión.

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