Santos pone en peligro diálogos. ¿Ahora qué bicho le picó?

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No hubo ningún show guerrillero y menos un acto de proselitismo armado en Conejo el 18 de febrero, como lo aseguran los voceros del Gobierno Nacional y los grandes medios de comunicación, siempre dedicados a atizar las contradicciones entre las partes en La Habana y a desprestigiar los diálogos.

Ilustracion EL DIA QUE LA PAZ SE VISTIO DE CONEJO

Carlos A. Lozano Guillén

Un vocero de las FARC-EP, miembro de la Delegación de Paz en La Habana, explicó que la presencia de Iván Márquez, Jesús Santrich y Joaquín Gómez, en Conejo, Fonseca (Guajira), obedeció “única y exclusivamente a la realización de jornadas pedagógicas en función de la paz, nuestros combatientes y simpatizantes en el país deben saber qué es lo que estamos discutiendo y aprobando en beneficio de Colombia”. Del mismo modo, Gabriel Ángel, integrante de las FARC-EP y conocido por la seriedad de sus artículos ideológicos, escribió: “Ahí no hay proselitismo armado, si acaso un proselitismo necesario por el desarme y el fin de la guerra”.

Estas opiniones lo dicen todo. No hubo ningún show guerrillero y menos aun un acto de proselitismo armado, en Conejo, el pasado 18 de febrero, como lo aseguran los voceros del Gobierno Nacional y los grandes medios de comunicación, siempre dedicados a atizar las contradicciones entre las partes en La Habana y a desprestigiar los diálogos que buscan la paz estable y duradera. No fue casual la delegación fariana “de lujo” en La Guajira, departamento azotado por la incuria oficial, en donde la gente, en particular los niños, se mueren de sed y hambre, sin que el poder central se conmueva ante el dolor de la comunidad ignorada y olvidada. Fue una expresión humana de solidaridad.

Voces destempladas

La “gran prensa” que censura a las FARC-EP, así como las voces destempladas del establecimiento, con el infundio de que están mezclando política y armas, no dijeron ni mu ante el cinismo gubernamental, que solicitó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) derogar las medidas cautelares a favor del pueblo Wayúu, sometido por el hambre y la miseria por largos años de olvido del poder nacional y departamental.

Mezcla de política y armas, la cantaleta de siempre, para justificar la democracia restringida, la represión y el exterminio de la izquierda. Con ese argumento falaz justificaron el genocidio de la Unión Patriótica, de sus congresistas, diputados, concejales, alcaldes y miles de militantes y dirigentes.

En Conejo no hubo ningún proselitismo armado ni acto político, Todas las intervenciones se refirieron a la paz y a los resultados de la Mesa de La Habana, ello acompañado de un acto cultural autóctono y folclórico de la más pura estirpe popular. Los combatientes que portaban armas no infringieron ningún protocolo, porque todavía no existe el acuerdo de dejación de las armas y lo hacían para proteger a sus comandantes y visitantes. Las jornadas pedagógicas han contado con todo tipo de tropiezos y le costó la vida al comandante Jairo, delegatario en La Habana, quien murió destrozado en un bombardeo de aviones de la Fuerza Aérea Colombiana a un campamento guerrillero en momentos en que adelantaba la explicación ante sus camaradas. No hubo ninguna explicación al respecto, el gobierno pasó de agache.

La andanada de Santos

“¿Y ahora qué bicho le picó a Santos?”, dijo una activista por la paz del departamento de Meta, cuando hablábamos en VOZ sobre la reacción exagerada del mandatario. Este llegó agresivo de Washington. Hizo promesas en la Casa Blanca y luego con la cúpula militar que del 23 de marzo no pasa la firma de paz, pase lo que pase. Cuenta a su favor con Paz Colombia, que asigna con intimidación, cuantiosa partida al componente militar del plan intervencionista. No es suficiente con el fracaso del Plan Colombia. El Gobierno está en la mesa con cartas marcadas y pone en peligro la estabilidad de los diálogos.

Lo de la fecha del 23 de marzo no puede ser una camisa de fuerza ante la cantidad de los temas pendientes, varios de ellos complejos y de contradicción entre las partes. El Gobierno reduce todo a los dos puntos de la agenda que están en discusión, desconociendo que hay cerca de 40 puntos pendientes en los temas de la agenda aprobados de forma parcial. Fabrizio Hochschild, jefe de la misión de la ONU en Colombia, declaró en El Tiempo del domingo pasado, que “se desconoce que este es el proceso de paz que a mayor ritmo avanza en el mundo, que apunta a las raíces del conflicto(…)”. Sobre la fecha del 23 de marzo dijo: “Creo que ver esa fecha en términos de un gran éxito o un gran fracaso es menospreciar los avances que se han hecho y el ritmo con el cual se está avanzando. Si tarda unas semanas o meses más, lo más importante es que haya un acuerdo sólido y sostenible”.

Temor a las reformas

A Santos lo picó el bicho de la debilidad desde el comienzo del proceso público, inclusive no lo cuidó en la etapa secreta porque autorizó, ni más ni menos, el asesinato de su interlocutor el comandante Alfonso Cano, acribillado en las montañas del Cauca. Lo de ahora no son simples pataletas. Son concesiones a la extrema derecha y a los enemigos de la paz, incrustados en el Gobierno y en la Unidad Nacional (coalición política gobiernista). Pareciera temerle al procurador Ordóñez y al senador Uribe Vélez, portavoces de la caverna y de la guerra.

El ambiente que se respira es similar al de los anteriores procesos. Cuando son inevitables las reformas políticas y sociales, al menos para superar las causas del conflicto, aparece la resistencia de la oligarquía, el pánico a los cambios, El establecimiento quiere la paz gratis. Desmovilización y punto. Por eso buscan los pretextos para la ruptura de los diálogos, es la experiencia histórica de los fallidos procesos de paz con las FARC-EP. En esas condiciones es improcedente el proceso de paz, porque la paz es con democracia y justicia social, de lo contrario, no tiene sentido.

Es un asomo de crisis. A Santos no le conviene la ruptura. Tampoco al empresariado que apoya el proceso, quiere la paz en función de sus negocios. Sin embargo, son nubarrones en el horizonte de la tranquilidad de La Habana, capital de Cuba. Los países garantes y acompañantes deben contribuir a apaciguar los ánimos y a que se termine con lo que ha avanzado bastante. Los ojos del mundo están puestos en Colombia.

El Frente Amplio por la Paz, la izquierda, los sectores democráticos y amigos de la paz, deben movilizarse en defensa de la Mesa de La Habana. ¡Los guerreristas no pasarán! El justo paro nacional debe incluirla en sus consignas de protesta y movilización popular.