Sandino, patriota de Latinoamérica

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Estatua en homenaje a Augusto César Sandino. Foto Mr. Deeds

A 87 años del asesinato del “General de Hombres Libres”, su legado perdura en la consciencia, el corazón y la voluntad de lucha del pueblo latinoamericano

Rigoberto Ramos Mora

Tras la primera e histórica derrota que Augusto César Sandino infligió a Estados Unidos cuando desterró a las tropas invasoras de suelo nicaragüense en enero de 1933, el 21 de febrero de 1934, la embajada estadounidense en Managua por orden de una humillada Casa Blanca, ejecutó en complicidad con Anastasio Somoza García, el crimen tan execrable como cobarde de asesinar al llamado “General de Hombres Libres”.

No obstante, la intención norteamericana por desaparecer al guerrillero quedó lejos de su objetivo en la memoria insurgente de los pueblos y la validez del pensamiento de aquel rebelde nicaragüense adquirió un carácter dinámico, que lo hace vigente, para todos los tiempos. En febrero, Sandino se convirtió en sentimiento.

Imperialismo sofisticado

“A veces siento que nos han robado hasta las palabras. La palabra imperialismo está fuera de moda y ya no existe en el diccionario político dominante, aunque el imperialismo sí existe y despoja y mata”1, expresó el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Quizás sea por eso que, a 87 años de su asesinato, el pensamiento de Sandino continúa respondiendo apropiadamente a las nuevas condiciones, hoy que ese mismo imperialismo continúa no únicamente invadiendo, masacrando y bombardeando pueblos, sino también diseñando nuevas formas de injerencia a través de criterios más sofisticados.

“No hay nada que justifique su intromisión en nuestra política interna”, le dijo Sandino al poeta hondureño Froylán Turcios, refiriéndose a los Estados Unidos en una carta escrita en septiembre de 1927, para continuar afirmando que, “aunque llegaran a aniquilarnos, en nuestros sangrientos despojos encontrarían el tesoro que encierra el corazón de los patriotas nicaragüenses, el cual sólo serviría para humillar a la gallina que en forma de águila ostenta el escudo de los yankees”2. Contra todo pronóstico, aquellos patriotas vencieron en el campo de batalla, para ser testigos del destierro de la gallina que se marchó humillada de suelo nicaragüense.

Laboratorio internacionalista

Aquella gesta patriótica en contra de la ocupación estadounidense despertó el interés y la solidaridad latinoamericanista. “Sandino carga sobre sus hombros vigorosos de hombre mítico, sobre su espalda viril de herrero o forjador, con la honra de todos nosotros”3, dijo en 1928 la poeta chilena y primera mujer Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, porque ubicó su lucha como un asunto regional y destinó sus esfuerzos a darle un encuadre político a la unidad latinoamericana.

Por tal razón, aquella lucha contó entre sus combatientes con los colombianos Rubén Ardila y Alfonso Moncayo, con el venezolano Carlos Aponte, con el salvadoreño Farabundo Martí, con el peruano Esteban Pavletich, con el hondureño Juan Pablo Umanzor, entre otros, y en el exterior con personalidades como Frida Kahlo, Diego Rivera, Julio Antonio Mella, Tina Modotti, que desde el comité “Manos fuera de Nicaragua” y distintas organizaciones, emitían comunicados y recolectaban medicamentos para hacerlos llegar a los patriotas que combatían al invasor en las montañas. En la Nicaragua de entonces se estaba poniendo a prueba nada menos que la resistencia de los pueblos latinoamericanos y la lucha sandinista al ser bandera común, fue la demostración viva que en esta región del mundo la dignidad es lo que sobra.

Mujeres al frente

De aquella lucha las mujeres tampoco estuvieron al margen, por eso, se hace imposible no mencionar a Blanca Arauz, valiente esposa de Sandino, telegrafista de su ejército. A Teresita Villatoro, la salvadoreña que lucía como condecoración la cicatriz que en su frente le dejó la esquirla de una bomba lanzada por un avión estadounidense. A Tiburcia García Otero, a quien violaron y torturaron y le asesinaron a toda su familia por apoyar a Sandino y una vez recuperada regresó a la montaña. A Juana Cruz, la cantinera que cambiaba tiros por tragos, dueña de un prostíbulo donde sus dignas mujeres sacaban secretos de cama al enemigo para informar al ejército de Sandino.

También la mítica enfermera “Emilia” quien montada en una mula atravesaba sola las montañas hasta llegar a Honduras a retirar medicamentos para regresar a los campamentos y curar las heridas de los combatientes. Y así, una extensa red de colaboradoras que incluían desde amas de casa hasta insospechables señoritas de la aristocracia. Sin ellas, las sandinistas, no estaría escrita la victoriosa gesta antiimperialista en la historia del pueblo nicaragüense y latinoamericano.

En disputa

La memoria, abierta a la dialéctica del recuerdo queda vulnerable ante la amnesia inconsciente en tiempos donde el discurso de rechazo a la historia seduce con el fin de olvidar las experiencias, aprendizajes colectivos y el planteamiento de las luchas anteriores. Por eso, la figura de Sandino hoy es objeto de disputa entre el bloque reaccionario donde think thanks de derecha y medios de comunicación que en conjunto con intelectuales supuestamente de izquierda y academias cómplices hacen con malabares teóricos para darle a Sandino una connotación nacionalista tradicional e interclasista, y el bloque popular que sostiene el carácter histórico antiimperialista, anticapitalista y clasista popular que tuvo la lucha que dirigió el “general de hombres libres”. Entre el nacionalismo tradicional y el patriotismo militante, hay una consciencia de clase de diferencia.

Sandino, su pensamiento -antes que ideología propia u horizonte político- debe entenderse también como una consecuencia, es decir, como una respuesta de pueblo que exige respeto ante los poderosos del mundo. En Nicaragua, el fracaso de la aventura capitaneada por empresarios y jerarcas católicos en 2018 se expresa en una oposición desorganizada y torpe que parece no enterarse que la intromisión de Estados Unidos en los asuntos nacionales es la prueba más clara de su derrota, ya que, al no contar con iniciativa y capacidad interna, recurren al patrón de siempre, mientras las reyertas intestinas por los intereses de grupos de poder pugnan por ser los favorecidos del amo.

Siguen desconociendo la dignidad del pueblo de ese Sandino, que con firmeza irrefutable regresa 87 años después de su fusilamiento y recuerda que, “todavía en estos días, los fracasados políticos siguen disputándose el látigo del invasor, siendo lo más irrisorio del caso, que están peleando como perros y gatos dentro de un costal, por alcanzar una presidencia a base de súper vigilancia extraña, que nosotros no se lo permitiremos”4.

1 El niño perdido en la intemperie. Diario El País. 27/03/90. Eduardo Galeano

2 Carta a Froylán Turcios. En A.C. Sandino. Pensamiento Político. Biblioteca Ayacucho. 1988. P. 68

3 Gabriela Mistral y el General Augusto C. Sandino. Publicaciones Nuevo extremo. 2019. P.18

4 Ibídem. Biblioteca Ayacucho. 1988. P. 451.

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Estatua en homenaje a Augusto César Sandino. Foto Mr. Deeds