Robin Hood al revés

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Ancízar Narváez M.

En una serie norteamericana de los años 80, un Yuppy, representado por Michel Fox, enseñaba a su hermano pequeño que Robin Hood era un personaje que robaba a los pobres para darles a los ricos. Su padre le replicaba que ese no era Robin Hood sino Ronald Reagan. Estábamos en plena época de Reagan y de Tatcher, la mayor ofensiva contra los trabajadores y el bienestar social después de la segunda guerra mundial. Pero entonces no contábamos con Donald Tump ni con Iván Duque.

En la leyenda, Robin Hood era un Bandido que quitaba a los ricos para regalar a los pobres; en la versión colombiana estamos hablando de un Bandido que hace ‘jugaditas’ para robarles a los pobres y después regalarles a los ricos. Pero la principal diferencia es que Robin Hood se enfrentaba a los poderosos mientras que aquí son los poderosos y los ricos los que se aprovechan de la indefensión de los pobres y los débiles.

Los bandidos solidarios que han aparecido en esta crisis han hecho varias jugadas aprovechando la indefensión, la desinformación, el confinamiento y la falta de debate público para apropiarse de los dineros que deberían ir a las personas que se encuentran confinadas, especialmente a las más marginadas que no tienen manera de cubrirse en un evento de crisis como el que estamos viviendo.

Empecemos por la última: tumbarles más de 3000 millones de pesos a los fondos para la paz en vez de destinarlos a la atención de los ex combatientes que están concentrados en en los lugares establecidos para ello, a los planes de desarrollo y a los programas económicos que se acordaron con para su desmovilización; lo peor, apropiarse de los dineros de la Paz no sólo para un propósito politiquero sino para rescatar la imagen personal del presidente.

Los empresarios antioqueños, que se destacan por su solidaridad, aprovecharon la pandemia para sacar del gobierno nacional una resolución que les permite obtener licencias ambientales expres para proyectos de alto impacto ecológico; así mismo, para hacer consultas previas Virtuales en zonas donde ni siquiera hay luz eléctrica, como en las zonas indígenas, en la zona del Pacífico, lo que les permite apropiarse ‘legalmente’ de las tierras de los indígenas, de los campesinos o del subsuelo de la nación.

Por otra parte, los Fondos de Pensiones aprovecharon para facilitarle supuestamente una liquidez al gobierno y deshacerse de las obligaciones contraídas con personas que ya no van cotizar pero a quienes ellos iban a tener que pagar pensiones durante más de una o dos décadas; entonces se las pasaron a Colpensiones, ya no como cotizantes sino solamente como beneficiarios de la pensión.

Por otro lado, mientras los hospitales están en crisis, no le han pagado a tiempo al personal médico y paramédico y carecen de la dotación necesaria para enfrentar este virus, están aprovechando para darles dinero a las EPS, no directamente a los hospitales y mucho menos a los trabajadores que son los que necesitan los salarios para consumir, para sobrevivir.

Además, están aprovechando  para sacarle dinero al Estado supuestamente para pagar las nóminas y resulta el dinero no va ni a los empresarios ni directamente a los trabajadores sino que los bancos, antes de hacer un préstamo, piden requisitos que obviamente los pequeños empresarios a quienes va dirigido el programa no pueden cumplir;  fuera de eso, cuando los cumplen, les descuentan una millonada en comisiones o gastos de intermediación, antes de desembolsarles el dinero, lo cual significa que el banco se está lucrando de la necesidad urgente de liquidez que tienen las pequeñas, medianas y microempresas.

Es decir, el gobierno está aprovechando de la manera más infame la crisis y la imposibilidad de movilizarse y de debatir de los más débiles para hacer ‘jugaditas’ como las que acostumbra el Centro Democrático. El problema es que estas jugaditas ya no son solo para birlarles los derechos a los opositores políticos sino para negarle el derecho elemental a la vida a una gran cantidad de población en emergencia, o simplemente pobre y vulnerable, como la llaman en la nueva jerga neoliberal que se impuso hace 30 años. El gobierno es como Robin Hood, pero al revés.

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