José Ramón Llanos

Falleció el pasado 30 de junio en Bogotá Roberto Romero Ospina, fue un destacado cuadro del Partido Comunista Colombiano. En Barranquilla desde muy joven empezó a militar en la Juventud Comunista, cuando todavía estudiaba bachillerato.

Fue comunista toda su vida, incluso cuando se marginó temporalmente del PCC. Empleó su inteligencia para asimilar y aplicar la teoría del periodismo en su trasegar por el semanario VOZ, por esa formación escaló hasta la responsabilidad de jefe de redacción. Cuando se proponía un tema se involucraba en esa tarea como un poseso y los resultados fueron bien valorados por todos aquellos que los consultaban.

Una de las obras más significativas y enjundiosa de su labor de investigador es La Unión Patriótica. Expedientes contra el olvido. Hoy su libro tiene un gran reconocimiento de los historiadores, y de los investigadores nacionales y extranjeros de las violaciones de los derechos humanos y de la violencia militar y paramilitar, ya que el libro contiene pruebas de la participación de fuerzas estatales en la comisión de alguno de esos asesinatos. La importancia del libro la valida el hecho de haber sido depositado en la Urna del Bicentenario, que contiene elementos de valor simbólico de esta época.

Roberto ocupó cargos de nivel intermedio y del ejecutivo de la JUCO y desarrolló trabajo político en la Unión Internacional de Estudiantes, en Praga, Checoeslovaquia. Estuvo vinculado al Centro de Memoria, donde realizó algunas investigaciones para rescatar la historia del hombre común que lucha en condiciones adversas para tratar de forjar un país más incluyente y cuyas vidas y acciones son ignoradas por la historia oficial.

Para definir la personalidad de Roberto Romero, hay que destacar su honestidad, su inteligencia, su pasión y decisión como defendía todo aquello relacionado con la lucha contra la mentira, la injusticia social y los gobiernos burgueses y el imperialismo. En el debate desplegaba toda su capacidad argumental y generalmente culminaba con un gracejo cáustico, cuyo efecto lo matizaba con una sonrisa o una risa estentórea, que equivalía al barranquillerismo: “Viejo man, tranquilo, no olvides somos amigos”.

La muerte de un ser como Roberto, duele porque se pierde un hombre generoso, sincero y un gran maestro que tenía mucho para enseñar y sabía hacerlo. Con la ausencia de Roberto, todos sus amigos, quedamos disminuidos emocional y afectivamente. Viejo man has dejado una gran cosecha de gratitud y recuerdos generosos. Tu vida y acciones te eternizan en la memoria y en el corazón del pueblo colombiano que tanto defendiste y por el cual hiciste tantos estoicos sacrificios. Tu hijo y hermana cuentan con la solidaridad de los comunistas y de la dirección y de la redacción del semanario VOZ, de tus discípulos a los cuales iniciaste en las lides del periodismo honesto y revolucionario.