Reseña del libro “De la forma-Estado a la forma-Comunidad»

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Juan Felipe González Jácome[1]
@JuanFeGonzalezJ

Hace poco más de dos años culminé la redacción de mi libro “De la forma-Estado a la forma-Comunidad”. Aproximaciones críticas al estudio del Estado desde el marxismo. Por los designios del destino y de los azares, el año pasado el texto logró ser publicado por la Editorial Académica Española, razón por la cual ha logrado estar a la mano de algunos/as lectores/as. De un tiempo para acá, me ha surgido la idea de hacer una reseña crítica que logre presentar algunos puntos de discusión del libro, con miras a que, si así se juzga conveniente, pueda tener una difusión un tanto más amplia y nutrida[2].

  • El Estado como comunidad ilusoria.

El libro “De la forma-Estado a la forma-Comunidad (…)” pretende transitar por los senderos que el propio título le traza. El objetivo es discutir la forma-Estado para así, al final de cuentas, poder delimitar unas líneas de investigación en torno a eso que los marxistas han llamado: comunidad universal, sociedad de lo común, humanidad socializada o, en el caso de este libro en particular: forma-Comunidad.

En aras de desarrollar un hilo conductor medianamente coherente, el texto se divide en tres grandes partes. La primera de ellas busca ahondar en lo conceptual: ¿cómo se ha categorizado el Estado desde el marxismo? ¿Qué significa hoy por hoy el Estado moderno para el marxismo? La segunda parte pretende inmiscuirse en la discusión sobre el Estado de transición o el Estado transicional; para estos fines se enlazan debates en torno al Estado como espacio de transformación social e institucional, y se busca insistir en lo que los marxistas críticos y heterodoxos del siglo XX pretendieron plantear, muchas veces sin éxito, para la izquierda mundial: la ineludible relación entre democracia y socialismo. Finalmente, el libro culmina con unas breves nociones acerca de la forma-Comunidad, lo cual, en términos del marxismo clásico, no es otra cosa que la cuestión de la extinción del Estado; tema que, además de ser poco estudiado, ha merecido las críticas demoledoras de muchos teóricos políticos, especialmente de los provenientes del liberalismo.

Una vez presentada la estructura, me gustaría dialogar con ustedes los elementos generales que se desarrollan en la primera parte del libro. Para tales efectos, quisiera precisar que si bien se esbozan las conceptualizaciones tradicionales que el marxismo históricamente delimitó sobre el Estado, y se dedica una buena parte a exponer las virtudes de la teoría política de Gramsci, quisiera enfocarme por cuestiones de espacio a su debate central: el Estado como Comunidad Ilusoria. A decir verdad, el gran error del marxismo durante muchos años ha sido su perspectiva instrumental del Estado, esto es, considerar este último como el simple instrumento de la clase dominante contra la clase dominada.

Ralph Miliband señaló que el instrumentalismo tiene tres facetas distintivas pero igualmente erráticas: 1) creer que la composición orgánica del Estado es exclusivamente proveniente de la clase dominante; 2) creer que el Estado es directamente igualable a las relaciones sociales de producción dominantes (o sea, ver el Estado como epifenómeno de la economía); y 3) creer que el Estado, al ser un escenario meramente super-estructural, está tan atado al capitalismo que cualquier autonomía relativa queda prácticamente desechada[3].

Una de las tesis centrales del trabajo que les presento, es que esta perspectiva instrumental ha podido desarrollarse al margen de un estudio medianamente serio de los trabajos clásicos del marxismo y de algunos marxistas contemporáneos: Lenin, Gramsci, Max Adler, Poulantzas y García Linera (por mencionar tan solo algunos). En efecto, de la atenta lectura de los escritos de Marx, desde su correspondencia con Arnold Ruge publicada en los Anales franco-alemanes, hasta su famosa Crítica al Programa de Gotha, resaltando para estos fines a la Ideología Alemana, se encuentra un análisis del Estado como una forma de comunidad ilusoria.

¿Pero qué es eso de la comunidad ilusoria? A pesar de que el libro busca desarrollar el concepto con mayor profundidad y precisión[4], se podría adelantar lo siguiente:

En primer lugar, apreciar el Estado como comunidad ilusoria hace parte del propio método dialéctico de Marx, es decir, de la propia tendencia a ver la realidad en su concreción paradójica. El Estado, nos dice Marx, es en efecto una forma de comunidad, una forma de universalidad social, pues, de no ser así, dejaría de ser Estado. Pero al mismo tiempo, a la vez que universaliza y crea comunidad, la transgrede y la monopoliza. ¿Cómo lo hace?

Destacaré muy someramente dos formas. La primera de ellas es la que tiene que ver con la gestión y el usufructo de los bienes comunes. Si bien el Estado crea y socializa bienes comunes, los servicios públicos, por ejemplo, al mismo tiempo, al estar atravesado por procesos de dominación política, económica, social y cultural no socializa dichos bienes plenamente, sino que encubre formas de monopolización y usufructo particular en beneficio de grupos sociales específicos.

La segunda forma de ilusoriedad en el Estado se enlaza con uno de los temas cruciales en la filosofía política: la democracia. En palabras de Umberto Cerroni, otra de las paradojas identificadas por Marx es la que tiene que ver con la gestión político-institucional. Si bien el Estado implica formas de socialización política (las cuales se identifican con las instituciones democráticas modernas), dicha socialización encuentra obstáculos, tanto en la centralización de la toma de decisiones en la burocracia estatal, como en la separación del órgano político de la participación decisiva de la ciudadanía[5].

A partir de lo anterior, es posible vislumbrar el objetivo político del marxismo, a saber: profundizar en la comunidad y superar su ilusoriedad.

  • Democracia, socialismo y forma-Comunidad

Precisemos entonces que conceptualizar el Estado como comunidad ilusoria no solamente nos permite impugnar el instrumentalismo y superar del todo el economicismo, sino que también permite hallar la paradoja del Estado y la manera en la que las relaciones de dominación se anidan en el mismo. En últimas, el Estado es comunidad en el entendido de que involucra necesariamente grados de socialidad política y económica, es decir, el Estado en su apariencia de gestionar de forma común los bienes comunes debe obligatoriamente aplicar formas de gestión colectiva. No obstante, dicha forma de gestión colectiva es a la vez ilusoria, y lo es, porque, en última instancia, y como hemos insistido, los bienes comunes se gestionan de forma monopolizada y en beneficio de un conjunto específico de grupos y clases sociales[6].

Una vez abordada esta temática, resulta fundamental referirme a la segunda y tercera parte del libro, a saber, la discusión sobre el Estado transicional y la discusión sobre la forma-Comunidad. Si bien ambos temas comprenden capítulos separados, a mi juicio, deben ser tratados de forma análoga, esto por una razón fundamental: porque la política transicional no se surte por etapas ni por esquemas, sino que es un proceso histórico integral y orgánico.

Dicho lo anterior, la discusión de lo transicional y de la forma-Comunidad como referente de organización y de mediación social apuntan al mismo interrogante: ¿cómo profundizamos los referentes comunitarios en el Estado y superamos/trascendemos su lógica ilusoria? La respuesta que el libro propone apunta a dos horizontes: profundizar la democracia y desmonopolizar el poder del Estado en la sociedad civil. Ahondemos en estos puntos.

Democracia

Antes que nada, debo señalar que una de las premisas concretas del libro, siguiendo en esto a Gramsci, es que el Estado es un campo estratégico de transformación social y de lucha por la hegemonía. Por este motivo, bien entendía Lenin que la cuestión central de la conquista del poder (y de lo transicional) es lograr alterar el sentido del orden que se anida en la forma-Estado. En otras palabras, si desde el Estado se desenvuelve una lógica de comunidad y/o socialidad, la genialidad del político revolucionario está en utilizar esta lógica en función del proyecto emancipador.

Ahora bien, la única forma en que ello puede adquirir una potencialidad relevante es profundizando los escenarios de participación democrática y de intervención ciudadana en la política, la cultura y la economía. Solo de esta forma habrá posibilidad de concretar lo que los clásicos denominaron: dictadura del proletariado; que, de acuerdo con el análisis del libro, no es otra cosa que un poder constituyente que busque la materialización de lo que Engels en 1891 denominó la República Democrática.

Frente a esto, son lúcidas las palabras de Jacques Texier en cuanto a que la “dictadura del proletariado” no es “una verdadera democracia” simplemente porque socialice el poder económico y político en las clases subalternas, sino especialmente porque permite que el pueblo gobierne con un nuevo sistema de instituciones que no lo despojan del poder: la constitución comunal”[7].

En ese orden de ideas, los problemas centrales del socialismo en lo que tiene que ver con el Estado y sus instituciones consisten en: a) cómo profundiza los escenarios de la democracia representativa y participativa; b) cómo profundiza las libertades civiles; c) cómo democratiza/socializa el proceso de producción de la riqueza social; y d) cómo, aparejado a todo lo anterior, despliega formas de democracia directa de base y de autogestión de los bienes comunes.

Forma-Comunidad

Una de las tesis marxistas más conocidas en relación con el estudio del Estado, es aquella que propone su necesaria extinción. Esta tesis ha sufrido un desenlace un tanto trágico. Por una parte, el campo socialista jamás la trató con demasiado interés, a tal punto que, 10 años después de la muerte de Lenin, Stalin se atrevía a decir con absoluta confianza que la desaparición del Estado solo podía imaginarse a partir de la vigorización del Poder del Estado (ya sabemos donde terminó tan nefasta apreciación). Por otro lado, el liberalismo de izquierdas trató esta premisa con una óptica caricaturesca e infantil, basta con leer los textos de Kelsen sobre esta cuestión.

Así las cosas, mi propuesta asume que, al final de cuentas, la extinción del Estado no hace alusión a la supresión de todo referente comunitario y social-institucional (como lo entendía Kelsen), sino más bien a la necesidad de encausar la praxis humana hacia la creación de una nueva forma de mediación y síntesis social-institucional que tenga como epicentro un referente auténticamente comunitario. De manera análoga, lo que el texto busca hacer explícito, es que esa forma-Comunidad solo puede ser alcanzada a partir del fortalecimiento de la sociedad civil y de las lógicas de autogestión de los bienes comunes. Y esto por una razón fundamental, porque la autogestión es lo único que puede impulsar la responsabilidad colectiva y la imaginación social[8].

Para terminar con esta breve reseña, resulta prudente advertir que no todos los debates del texto han podido ser abordados con la profundidad deseada. Cosa que, a decir verdad, no es mera casualidad, pues el objetivo de este pequeño escrito es motivar la lectura del libro. Así las cosas, mi único deseo es que estos puntos hayan resultado sugerentes y hayan logrado plantear la importancia del (re)estudio del Estado desde el marxismo.

Por lo pronto permítanme finalizar con lo siguiente. En una entrevista de 1969, Lukács dijo que para Marx (y para Lenin) no había forma de diseñar una estrategia política certera y una táctica coherente al margen de un minucioso estudio de la realidad. El estalinismo, mencionaba el filósofo húngaro, revirtió el orden: adecuó la decisión estratégica y la teoría a la mera táctica. ¿Resultado? La esclerosis del marxismo… Si me preguntan entonces por qué leer este libro, diría que es un ejercicio honesto de hacer lo que Lenin recomendaba algunas veces: detenerse, reflexionar, y volver a comenzar desde el principio.

[1] Abogado, especialista en Derecho Constitucional, estudiante de Maestría en Filosofía del Derecho y profesor de Teoría del Derecho. Correo electrónico: juanfegonzalezj@gmail.com

[2]  El texto puede adquirirse ingresando al siguiente link: https://www.morebooks.de/store/es/book/de-la-forma-estado-a-la-forma-comunidad/isbn/978-620-2-12300-6

[3] Miliband, Ralph. (1978). Marxismo y política. Madrid: Siglo XXI. Págs. 86-96.

[4] González Jácome, Juan Felipe. (2018). De la forma-Estado a la forma-Comunidad. Aproximaciones críticas al estudio del Estado desde el marxismo. Berlín: Editorial Académica Española. Págs. 37-59.

[5] Cerroni, Umberto. (1976). Teoría política y socialismo. México D.F.: Era. Pág. 85.

[6] González Jácome, Juan Felipe. (2018). De la forma-Estado a la forma-Comunidad. Aproximaciones críticas al estudio del Estado desde el marxismo. Berlín: Editorial Académica Española. Págs. 91-92.

[7] Texier, Jacques. (1995). Las innovaciones de Engels, 1885, 1891, 1895. Bogotá D.C.: Universidad Nacional de Colombia – Departamento de Antropología. Pág. 29. (Traducción: Jaime Caycedo Turriago).

[8] Heller, Ágnes & Fehér, Ferenc. (2000). Anatomía de la izquierda occidental . Barcelona: Península. Pág. 155-156.

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