Reconciliación para sanar el dolor

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Acto simbólico de reconciliación. Foto Bibiana Ramírez, APR.

Encuentro simbólico entre los diferentes actores del conflicto armado y las víctimas para dar un paso hacia la convivencia en el nordeste antioqueño

Bibiana Ramírez – Agencia Prensa Rural
@bibianarm 

En Remedios (Antioquia) ocurría algo fuera de lo cotidiano. Algunos se preguntaban por qué el parque y algunas calles del pueblo tenían tantas bombas blancas colgadas de los balcones y los árboles. A otros les era indiferente, era sábado y había que mercar para luego regresar a la vereda. Por primera vez en sus calles caminaron, el mismo día, excomandantes de las antiguas FARC-EP, desmovilizados de las AUC, militares y víctimas del conflicto armado.

Y esto se dio porque ese sábado 14 de abril un grupo de 140 víctimas, 30 excombatientes de FARC y cinco integrantes de AUC se reunieron en el coliseo para realizar un acto simbólico de reconciliación. Es una iniciativa que surgió de la mesa departamental de reincorporación de Antioquia, a través de la submesa de reconciliación, “que articula el trabajo de la Gobernación de Antioquia, Gobierno nacional, autoridades locales, academia, FARC y las Naciones Unidas en torno a este tema crucial para cumplimiento de los acuerdos de paz”, dice un comunicado de la mesa.

Un velón blanco con unas flores adornaban el centro del coliseo. Alrededor de él se fueron congregando las víctimas, en su mayoría campesinos que les tocó vivir masacres y arremetidas militares. En medio de ellos también se fueron sentando ex combatientes de FARC-EP, AUC y un militar que voluntariamente decidió presentarse ante las víctimas para pedir perdón.

Hubo un primer momento, donde cada uno hizo su elaboración de duelo y preguntó a los victimarios por sus familiares y el porqué de los asesinatos y desapariciones. En medio del llanto, muchos campesinos recordaron masacres hechas en las veredas, falsos positivos y enfrentamientos donde caían civiles inocentes.

Voces inocentes

Miguel Huepa: A mi hijo lo asesinaron y lo pasaron como guerrillero. Aún no me recupero de esta pérdida. Importantísimo estar aquí con las víctimas y los actores, porque se trata de una responsabilidad de todos.

Marta: En el 2001 mataron a mi esposo. Les pregunto: ¿por qué lo mataron? Él era trabajador, honrado. Mi hijo también está desaparecido. Yo les perdono, pero me dejaron un dolor y un vacío muy grande.

Oliva: Dos de mis hijos fueron asesinados. El rencor enferma, acaba con las personas. Yo perdono porque no sé odiar a nadie.

Milton: Agradecer que voluntariamente estas personas decidieron pedir perdón. ¿Cómo se comprometen a la no repetición? Tenemos que hablar de reconciliación en serio, no en palabras. Que los niños no crezcan con ese odio. Perdonar es muy difícil, reconciliarnos es un poco más flexible.

Mercedes: En el 2007 asesinaron a mi hijo. A la Fuerza Pública le digo que no más falsos positivos, no queremos más muertes.

Rosa: Perdí a mis tres hijos y a mi hermano. No le echo la culpa a ninguno de ustedes, todos tenemos mente y corazón. Si no les interesa nuestro sufrimiento, a nosotros sí nos interesan sus corazones. Me siento orgullosa de estar frente a ustedes y perdonarlos. Pero no más muerte, no más familias sufriendo. Quiero seguir andando sola, libre y segura por los montes.

Carolina (secretaria de Gobierno de Remedios): Mi padre fue asesinado en 1985 por el cuarto frente de FARC, yo tenía dos años. No sentí el amor de padre, no lo pude abrazar. Los perdono, pero la condición de aquí en adelante es no retroceder. He expuesto mi vida y me he entregado a defender a las víctimas. He creído en el proceso de paz. Es un dilema interno pero quiero la paz.

Gabriel (está en silla de ruedas): Soy concejal desde 1985. En el 96, cuando salí de una sesión del concejo, me bajaron del carro, me pegaron cuatro tiros y me dejaron por muerto. Luego fui exiliado. Fue un momento duro. No les tengo rabia a los que lo hicieron, ya mi corazón sanó.

Yolanda: Las FARC no han hecho tanto daño en el campo como ha hecho el Ejército. Cuando entra una patrulla del Ejército le tenemos miedo. Nunca han llegado a tener una amistad con nosotros, sino a masacrar, torturar, señalarnos de guerrilleros por solo vivir en el campo.

Flor Quintero: Perdí mi compañero, un hermano, primos, tíos y fui desplazada. Hay muchos sentimientos encontrados. Se trata de perdonarnos, todos cometemos errores.

Amparo Ramírez: Estoy aquí para volver a renovar mi dolorcito. Una hija mía me la desaparecieron hace 17 años y no he sabido de ella. Esto me tiene muy triste, aburrida, este dolor me está carcomiendo. Que estos señores se arrepientan y dejen de generar dolor.

Jesús Antonio Tellez: Yo tengo 72 años y nací en plena Violencia, en 1949, cuando mi padre tuvo que dormir entre los cañaduzales y las montañas para poder defender su vida, porque se desató una violencia de color político y ver este acto de reconciliación me motiva, me llena de alegría porque llegar a ver a todos los actores que se den la mano es como empezar una nueva vida. Colombia necesita vivir sin tantos rencores, sin tantas venganzas.

Voces armadas

Orlando AUC: Sé que los hechos que ocurrieron fueron muy lamentables. Estamos en una oportunidad histórica para que no se vuelvan a repetir. Hoy se siembra una semilla de paz, esperanza y reconciliación. Aquí estamos dando la cara, pidiendo perdón.

Jacín Gómez, oficial retirado del Ejército: Entendí que en 200 años de conflicto no había tenido en cuenta a las víctimas. La guerra es cruda y dolorosa. Vine a nombre personal, soy el primero que lo hago. Sé que me equivoqué y estoy dando la cara. No quiero seguir cometiendo errores.

Pastor Alape, FARC: Me estremecí al escucharlos, hombres y mujeres que sufrieron en esta guerra. Mi madre murió con el dolor de sus hijos, nietos y no tuvo la posibilidad de recibir un perdón. Hoy ustedes pueden hacerlo. Aquí falta el Estado y es el primer responsable de los hechos. No podemos seguir recibiendo delegados que no toman decisión. Esto lo vemos desde un proceso transformador y no de actividades que quedan en las cámaras. La alcaldesa se la jugó por la paz.

Cuando todas las voces se expresaron, en los rostros se notaba un alivio, una pequeña sonrisa se dibujaba al desahogar tanto dolor. La gran protagonista de todo esto fue la alcaldesa de Remedios, Lucía Carvajal, en quien todos confiaron y agradecieron el gesto de apoyar a las víctimas. Es este un municipio que ha sido muy golpeado por la violencia de todo tipo, sobre todo en lo rural y las instituciones no habían dado el paso para transformar el dolor de la guerra.

Al final todos firmaron el libro de la reconciliación, prendieron sus velas invocando sus familiares, se abrazaron en la solidaridad y descargaron el peso que sus corazones cargaban desde hace años, sin poder expresar, públicamente a los responsables, su dolor, que a muchos estaba enfermando.

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