Reabrir o no colegios: Un debate ético

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Los niños han sufrido las consecuencias de la pandemia al no poder socializar con sus compañeros y profesores de manera directa, aun así, por la ausencia de condiciones, la mayoría de padres de familia han preferido continuar con las clases virtuales. Foto cortesía Martha Ruiz

Profesores e integrantes de la comunidad científica dicen que
no hay condiciones de bioseguridad ni de infraestructura para retornar a las aulas

Redacción Laboral

“A partir del 15 de febrero los jardines y colegios públicos de nuestra ciudad retomarán la presencialidad gradual, progresiva y segura siguiendo los lineamientos específicos de nuestra Secretaría de Educación”, dijo en rueda de prensa la alcaldesa mayor de Bogotá, Claudia López, el pasado 2 de febrero.

La mandataria capitalina argumentó que, al tener más cupo epidemiológico porque la ciudad pasó de alerta roja a alerta naranja, instituciones de educación privada, y pública una semana después, podrían volver a clases de manera gradual.

William Agudelo

Las reacciones no se hicieron esperar. El presidente de la Asociación Distrital de Educadores, ADE, William Agudelo, dijo que le parecía irresponsable abrir la economía cuando las UCI están en más del 80% de su capacidad y las pruebas han ido disminuyendo. Informó que los profesores bogotanos del sector público se declaraban en desobediencia civil.

“Aquí no se nos puede medir por UCI, se tiene que medir por pruebas que demuestren que ha bajado el contagio. No se puede medir por número de muertos. Esta necropolítica no puede continuar. Por lo tanto, hemos venido planteando desde el magisterio que no regresaremos a clases hasta que las condiciones de bioseguridad estén dadas, hasta que los contagios hayan disminuido”, expresó el dirigente sindical de los docentes de la capital, quien agregó que los requerimientos van más allá de tapabocas y gel y están relacionados con infraestructura y aumento de personal docente.

En el mismo sentido, se pronunció la profesora Aura Nelly Daza Gallo, fiscal de la ADE, quien expresó que aún no hay condiciones de infraestructura y bioseguridad en colegios públicos: “Hay construcciones a las que hace más de 30 años no les han inyectado un solo peso, hay colegios que están a punto de caer, paredes averiadas, falta de espacio para los descansos, aulas sin ventilación ni iluminación”.

Argumentos científicos

Por otra parte, Orlando Acosta, doctor en Virología Molecular y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, envió una misiva a la Secretaría de Salud en la que pregunta: “Cuál sería el número aproximado de fallecimientos que se produciría cuando la comunidad educativa entre en contactos que antes no existían, incluyendo los contactos no solo en los espacios escolares sino en el transporte. Además, los contactos en que entrarían los padres de familia en las comunidades al ser liberados del cuidado de sus hijos”.

La indagación la hace al tener en cuenta que la comunidad educativa de Bogotá está constituida por 800 mil estudiantes, profesores y sus familias, empleados administrativos y sus familias y por los padres de familia, por lo que su tamaño se estima en alrededor de 2.300.000 personas.

Aura Nelly Daza Gallo

Asimismo, acerca de las condiciones de ventilación en los colegios de la capital y de la manera de propagación del virus, el profesor explica: “las gotas de saliva mayores a 50 micras, por acción de la gravedad, descienden con una trayectoria parabólica llegando al suelo a menos de 2 metros de quien las emitió. Pero las gotas más pequeñas, inferiores a 50 micras, se elevan un poco en la nube de aire exhalado por el contagiado llegando hasta 8 metros y permaneciendo suspendidas en el aire hasta varias horas dependiendo de su tamaño. Se debe recordar que la otra vía de contagio son los ojos, especialmente cuando en el aire se alcanza una determinada concentración de partículas virales. Un infectado puede exhalar hasta 100.000 partículas virales por minuto con solo respirar. En una hora inunda el aire con varios millones de partículas virales”.

Si a lo anterior se suma que en Bogotá hay un promedio de 40 estudiantes por salón y que el país sufrirá un tercer pico de la pandemia en pocos meses, las consecuencias podrían ser iguales o peores a las ya vividas.

Presiones

En varias oportunidades, la alcaldesa ha dicho que sus decisiones se toman con base en conceptos científicos. Pero también, personalidades entre académicos, como el ex rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman; políticos como Alejandro Gaviria y Juanita Goebertus; y epidemiólogos como la doctora Zulma Cucunubá se han mostrado de acuerdo con el regreso gradual a clases presenciales garantizando protocolos de bioseguridad.

Y aunque para los educadores hay razones válidas para el retorno a las aulas, los colegios no cuentan con las condiciones mínimas. Entonces, “no hay necesidad de exponer a los niños en este momento, porque los chicos vienen recibiendo sus clases en forma virtual, con diferentes estrategias que han utilizado los maestros, quienes les hemos entregado lo necesario, explicando con guías, de alguna manera hemos estado trabajando, no es como dicen que no lo hemos estado haciendo”.

La docente y dirigente sindical dijo que hay presiones por parte de comerciantes y pequeñas empresas sobre la Alcaldía para que se retorne a los colegios, para reactivar sectores de la economía, porque no hubo beneficios del Gobierno con un subsidio total a las nóminas, y que ante la ausencia de una renta básica han sido muy golpeados.

Preguntas al Gobierno de Bogotá

Por su parte, y con base en las condiciones de infraestructura, conexión a internet de los estudiantes, y planta docente, la ADE hizo cuestionamientos a la Secretaría de Educación: “¿Cuántos muertos pueden suceder con la reactivación escolar y del transporte? Los estudiantes que retornan, ¿cuántos días pueden ir a la semana? ¿Cuántas horas estudian en el colegio? ¿Cuántos días estudian desde la casa? ¿Cuentan con los elementos tecnológicos y la conexión en red tanto en el colegio como en la casa? ¿Si el colegio solo está preparado para recibir entre 7 y 10 niños por curso en forma presencial de 45 niños por día en promedio, cómo va a distribuir la jornada laboral de seis horas el docente en la actividad académica y las dos horas preparando clases o desarrollando actividades de planeación en casa? ¿A qué horas atiende a los niños que no fueron al colegio en forma presencial?

Para los profesores, no se han solucionado las peticiones hechas ni hay los protocolos de bioseguridad que desde el inicio de la crisis sanitaria exigieron. Y aunque estos se solucionaran, no garantizarían que no haya infecciones, que el virus se controle. “Este se detendrá solo con la vacunación de los docentes, ya que muchos de ellos tienen comorbilidades y muchos otros son de más de 60 años”, explica la profesora Aura Nelly e indica que en la crisis sanitaria en Bogotá han fallecido 113 educadores por covid-19.

Así las cosas, las discusiones en torno al regreso o no clases presenciales es un debate que se da en varios ámbitos, pero que se convierte en una discusión ética, como lo plantea el doctor Orlando Acosta: “…la toma de la decisión de reabrir o no reabrir presencialmente las actividades educativas se instala en el terreno de la ética: cuál es el precio en vidas que tendríamos que pagar para privilegiar un derecho en detrimento de otro”.

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