Radio Habana Cuba en vez de La Voz de América

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Plaza San Nicolas, Barranquilla.

Alejandro de la Hoz

Cuando Barranquilla apenas tenía 600 mil habitantes y ya casi había sido totalmente reemplazada la inmigración de extranjeros, especialmente ingleses, italianos, alemanes y árabes por antioqueños, santandereanos, tolimenses, lo que un docente costeño de apellido Mendoza llamaba la chatarrización de la inmigración, o la agropecuarización de la ciudad. En esa época llegaron a la Arenosa dos cachacos que fundaron La emisora Ríomar y otro, a La Voz de la Costa. En esta emisora se dio el juvenil cambiazo.

En 1968, con 15 años, yo cursaba el 4° de bachillerato. Había adquirido el hábito de la lectura, gracias a mi profesor Wilderson Archbold Ayure, destacado periodista, comunista y uno de los pocos sanandresanos raizales de raza blanca. Tenía a su haber que era un gran reclutador de jóvenes estudiantes, especialmente del colegio Barranquilla para varones. Como un estímulo a mi aplicación académica, me quiso introducir en el campo del periodismo, llevándome en su vieja Vespa a redactar, sin remuneración, noticias para las tres emisiones diarias de “Forero Sanmiguel Informa,” donde el profesor ejercía de jefe de redacción.

Gabriel Forero Sanmiguel fue un cachaco progringo, de carácter muy duro, fosforito, cualquier cosa lo exaltaba y estallaba. Fue un pionero de los noticieros de la radio barranquillera, devino director del noticiero y dueño de la emisora La Voz de la Costa.

En menos de un mes ya redactaba más noticias que los redactores asalariados. Muy cándido me dirigí a don Gabriel pidiéndole ser incluido en la nómina. Entonces conocí la fama de energúmeno y aprovechado de que gozaba el viejo. “Es usted el que debe pagarme por estar enseñándole a ser periodista y si no está de acuerdo puede irse ya mismo,” me dijo con tono airado.

Una de mis funciones en cada emisión era sintonizar en un poderoso radio RCA Víctor, por diez minutos La Voz de los Estados Unidos de América en español, colocarle el micrófono y soltarla al aire. Ese día me “equivoqué”, sintonicé Radio Habana Cuba. Salí sigilosamente, en la misma esquina cogí el bus rojo que me llevó a mi barrio Abajo.

Hasta ahí llegó mi fugaz paso por el periodismo y por supuesto, hasta ahí llegó el profesor Archbold en la emisora.

En la idea del cambiazo participó también Lucho de Castro, un gran amigo del Partido Comunista, a quien un temblor de tierra en Bogotá en 1965, lo sacó despavorido de la nevera -como llaman a la capital del país los costeños- frustrando su proyecto de ser abogado. En cambio fundó en Barranquilla cinco colegios, que se distinguieron por su biblioteca con una profusión de libros de marxismo y de algunos autores masones como Aquiles Escalante y Julio Hoenigsber. Además, pagaba mal, pero retenía a los docentes con su amiguismo y la financiación en carnavales de la parranda más larga del mundo, que incluía el miércoles de Ceniza, para parrandearse el inicio de la Cuaresma.

Lo celebramos hasta la ebriedad, en compañía del muy orgulloso Lucho De Castro, quien había grabado la vaina, por la intrepidez de su alumno y del profe Archbold muerto de la R, remedando la ira del viejo Forero.

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