Quince años sin Manuel Zapata Olivella

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Retrato Manuel Zapata Olivella. (Arlés Herrera - Calarcá 2017).

Decir Manuel Zapata Olivella es decir mecenazgo de la Generación sin nombre, es decir, vagabundear como estrategia para reafirmar su compromiso con la defensa de la igualdad humana y la literatura nacional

Cosme del Mar

Manuel Zapata Olivella nació el 17 de marzo de 1920 y murió el 19 de noviembre de 2004 en Bogotá. Fue médico, narrador, ensayista, conferencista, antropólogo, humanista y corajudo defensor de los afrodescendientes y apologista y socializador de los significativos aportes de esta etnia a la cultura de América Latina y del mundo.

En esta ocasión solo haré referencia a dos temas de la vasta temática implicada en la vida y obra del autor de En Chimá, nace un santo. Solo compartiré con el lector su condición de mecenas de jóvenes narradores y poetas y su aprendizaje y acumulador de temas para su narrativa y ensayos con su peregrinaje por el mundo.

Considero muy útil citar al poeta José Luis Díaz Granados quien escribió un bellísimo texto describiendo a Manuel Zapata: “Manuel es macizo, alegre, bullicioso por naturaleza y a propósito. Es culto y amable, y cuando diserta sobre algún tema le gusta abarcarlo, desbordarlo, agotarlo. Para ello se arma de una capacidad inusitada de concentración y, por lo general (algo insólito), puede hablar durante largo tiempo con los ojos completamente cerrados bajo las espesas cejas, vocalizando cada palabra con firmeza y sintiendo la verdad de lo que dice, mientras enseña sus dientes grandes y perfectos”… “Manuel era entonces un mulato jubiloso y vital. y hacía alarde de una juventud permanente con sus ademanes inquietos, su voz estentórea y sus risotadas insolentes.”1

Letras Nacionales

Sin embargo, hay una valiosa labor de Manuel que pocas veces se menciona y valora, su apoyo y orientación a los integrantes de la llamada Generación sin nombre. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, José Luis Díaz Granados, Luis Fayad, Policarpo Varón, Óscar Collazos, Fanny Buitrago, Umberto Valverde, Alberto Duque, Darío Ruiz, nacieron literariamente bajo el mecenazgo del fundador y director de la revista Letras Nacionales. La sede de esta revista fue la matriz fértil donde estos jóvenes escritores vieron como sus primeras obras se exponían a la crítica de quienes asistían a las tertulias que allí vespertinamente se celebraban. Precisamente en una de esas vespertinas, el entonces imberbe José Ramón Llanos, expuso con más osadía que autoridad, un texto crítico sobre la obra de García Márquez La hojarasca. Por supuesto esa disertación, recibió las acertadas sugerencias de Manuel para mejorarla.

La revista Letras Nacionales circuló durante 20 años, fueron 42 ediciones. Su objetivo esencial era difundir y defender prioritariamente la literatura nuestra, como se expresa en el editorial de la primera edición: “…siempre que sea afirmativa de lo nacional. Nuestras páginas no estarán al servicio de quienes desean ostentar un culturalismo sin fronteras. Tampoco de aquellos que se olvidan del país cuando escriben”.

En el editorial del número 2 de Letras Nacionales es más contundente su crítica contra los intelectuales que subvaloraban lo nuestro: “De ahí arranca ese gesto peyorativo ante lo criollo y la alucinación por todo lo ajeno, aun cuando muchas veces el brillo de este sea del mismo quilate de las cuentas de vidrio que nos cambiaban por pectorales de oro.

Su vagabundaje creativo

Los biógrafos y estudiosos de la vida y obra de Manuel Zapata Olivella se detienen en el análisis, significado e importancia de su temprana tendencia a explorar primeramente a Latinoamérica y a la América anglosajona. Con tan solo 23 años intento recorrer, hoy diríamos echando dedo, Brasil. Pero apenas llegó hasta los Llanos Orientales

Posteriormente emprendió viaje hacia Centro América, recorrió Panamá, Nicaragua, Costa Rica, Honduras y Guatemala, y finalmente llegó por primera vez a México, donde recaló algunos meses. Allí trabajó en hospitales, en algunos periódicos, fue asistente del gran fotógrafo costeño Leo Matiz y hasta actuó como extra en la película Doña Bárbara.

En México decantó su pluma de periodista trabajando en los periódicos Tiempo y El Excélsior, además escribió reportajes en las revistas América, Cinema Repórter, Hoy, Mañana y Sucesos.

En los Estados Unidos

La larga estancia de Manuel Zapata en los Estados Unidos se convirtió en una estancia fértil para la comprensión y sensibilización ante la feroz y humillante discriminación racial. Allí, en las “entrañas del monstruo”, como diría Martí, reafirmó su decisión de combatir la discriminación del negro y la invisibilización de sus aportes al desarrollo de la cultura humana en el ámbito mundial.

Manuel Zapata al vivir en los medios de transportes estadounidenses la humillación de una especie de aparheid en la silletería de los buses, por su color de piel, reafirmó su compromiso de luchador sin cuartel contra los agentes discriminadores y su cultura opresiva. Este compromiso lo expresa así en su obra ¡Levántate, mulato!: “En aquel instante comprendí que el vagabundo había muerto y nacía el combatiente por la igualdad de los hombres, cualquiera que fuera el color de su piel”.

Su aventura de analista viajero por los Estados Unidos, lo llevó a trabajar como cargador de un telescopio ambulante para que los transeúntes escudriñaran la luna, de oficios varios en hospitales y clínicas, mesero y lo mejor pago, reportero de la revista mexicana Mañana. Con este oficio puso fin a su peregrinaje en los Estados Unidos y en 1947 vía aérea retornó a su Corralito de piedra, Cartagena

El aporte de su vagancia por América y África a la rica obra de Manuel Zapata Olivella, la reconocemos desde una de sus primeras obras, He visto la noche, hasta su obra monumental de madurez Changó el gran putas. Manuel Zapata en el primer libro nos permite captar como con el conocimiento de la sociedad norteamericana, consolidó su compromiso de luchar contra la discriminación del negro y aquilató la importancia de la cultura negra en sus múltiples componentes y facetas.

Además, la lectura de He visto la noche, describe los primeros pasos del negro estadounidense hacia la reafirmación y toma de conciencia de sus derechos en su condición de ser humano, independientemente de la pigmentación de su piel y las inagotables posibilidades de aceptación, valoración y reconocimiento de su cultura de afrodescendiente.

Changó el gran putas es la obra de madurez de Zapata Olivella, tiene un lugar cimero en la narrativa latinoamericana, porque permite que el esclavizado cuente su historia diaspórica, por la riqueza del discurso y por lo ambicioso de sus propuestas narrativas. Manuel escribió además Tierra Mojada, La calle 10, Los pasos del indio, Detrás del rostro, En Chima, nace un santo, Chambacú, corral de negros. Además de artículos en periódicos y revistas.

1 José Luis Díaz-Granados. Manuel Zapata Olivella. La forja de un rebelde. En Semblanzas. Ministerio de Cultura. Bogotá 2003., p. 253.

4 Comentarios

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