¿Quién gana si sacan a Daniel Ortega?

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Escenas de las jornadas callejeras de Nicaragua, estimuladas por la derecha antisandinista.

La intentona golpista en Nicaragua no está dirigida solo contra Ortega, sino contra el pueblo nicaragüense, contra todos los gobiernos progresistas y revolucionarios de América Latina

Ricardo Arenales

Al cabo de 50 días de crisis política en Nicaragua, con un saldo trágico que supera los 135 muertos, casi dos mil heridos y numerosos detenidos, según reporte de las agencias internacionales de noticias, una de las cuestiones que parecen quedar en claro es que la metodología de los ‘golpes suaves’, con toda su carga de violencia callejera y de respaldo de las poderosas máquinas de formación de opinión pública de las empresas mediáticas, se ha instalado definitivamente en América Latina.

El modelo de golpe suave se intentó hace unos pocos meses en Venezuela, para desalojar del poder a Nicolás Maduro, con las llamadas ‘guarimbas’ (asonadas callejeras) que tuvieron como objetivo la destrucción de estaciones del metro, sedes del gobierno, supermercados, hospitales, escuelas, los llamados a un paro general y a ‘elecciones libres’.

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Ahora el esquema es el mismo en Nicaragua, sólo que con un nivel más alto de violencia, de agresividad y de víctimas mortales y heridos. Los grandes medios, todos a una, cierran filas contra el gobierno sandinista, al que hacen responsable de toda la crueldad en las calles que bajo cuerda organiza la derecha golpista.

Para los demócratas del continente es necesario tomar con beneficio de inventario la información que desgranan las grandes agencias noticiosas. Lo primero por decir es que Nicaragua no vive un enorme conflicto social sino político. La reforma al régimen de pensiones que quiso llevar adelante el gobierno sandinista, mal motivada, mal presentada, sirvió de aliento para poner en marcha una operación golpista que se venía cuajando desde mucho tiempo atrás.

Pretender cambiar el régimen de pensiones, un asunto bastante sensible en América Latina, que ha concitado grandes movilizaciones de trabajadores, se presentó en el peor momento. Esto debió haberlo previsto el gobierno de Daniel Ortega. Pero una cosa son los errores que pudieron haberse cometido en el manejo del asunto, y otra muy diferente, la idea de sacar a coscorrones al gobierno sandinista del poder.

Carta al niño Dios

El presidente convocó a una mesa de diálogo en medio de las asonadas callejeras. El sector opositor y algunos empresarios, presentaron un pliego de demandas, conocido como la ‘Carta del niño Dios’. No se desliza en su texto ni una sola reivindicación económica o social. Ni exigencias de empleo, de seguridad social, de construcción de carreteras,  de educación o salud.

El objetivo principal que allí se plantea, y se agita en las calles, es la salida del presidente Daniel Ortega, por fuera del marco de la constitución. A diferencia de movimientos similares en el continente, los líderes de la protesta en Managua confiesan abiertamente su intención golpista, llaman en sus portales de internet, al estudio de un texto de Gene Sharp, teórico norteamericano del golpe de estado moderno.

Otra característica, es que no se trata de un movimiento espontáneo, como pretenden mostrar los grandes medios. La cadena de desmanes, que casi completa dos meses, ha sido bien planificada, aparecieron con rapidez las armas, incluso de mediano y largo alcance, el combustible, los explosivos. El “estallido social”, es un movimiento dirigido, organizado.

La vieja elite burguesa

Como en Venezuela, tratan de capitalizar al movimiento estudiantil. Y tras las ‘jóvenes generaciones’, aparece el liderazgo de la vieja elite antisandinista, pronorteamericana, que siempre se opuso a los cambios revolucionarios en ese país.

Han salido a bailar los nombres de Sergio Ramírez, exsandinista; de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, del Partido Liberal Constitucionalista, que no alcanzó un dígito en el registro electoral, y que con el golpe quieren ganar lo que no pudieron en el ejercicio democrático de la política. Incluso aparece el nombre de la congresista norteamericana Ileana Ros-Lethinen, autora de la ley Nica-Act, que busca la desestabilización del régimen sandinista, y es enemiga declarada de la revolución cubana y del proceso bolivariano de Venezuela.

Es curioso que la presión de las fuerzas de la contrarrevolución se incrementa en el continente. En México y Colombia hay una feroz campaña para impedir que lleguen al poder Andrés Manuel López Obrador y Gustavo Petro. La ofensiva contra el sandinismo en Nicaragua, y contra el chavismo en Venezuela, va de la mano de sicarios morales como Luis Almagro, de la OEA y de sus secuaces del Grupo de Lima.

Esta ofensiva, desde luego, confunde a incautos y a algunas fuerzas progresistas. Se comen el cuento de la ‘dictadura’ y del ‘fin del ciclo progresista”. El golpe en Nicaragua no está dirigido solo contra Daniel Ortega. Es también contra el pueblo de Nicaragüita y su revolución, contra todos los gobiernos progresistas y revolucionarios de la región; contra Cuba, Bolivia y Venezuela.

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