¿Quién está matando a los rohinyá?: Genocidio en Birmania

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Un cuadro doloroso del éxodo de los rohinyá hacia Bangladesh.

Cálculos de las Naciones Unidas indican que al menos mil nativos de esta etnia, han muerto en los últimos meses

Ricardo Arenales

En medio de una espantosa escasez de alimentos, sin agua qué beber y con absoluta falta de atención médica, cada día, decenas, cientos de pobladores de la etnia rohinyá, descienden por las riberas limítrofes del rio Naf, hacia la vecina Bangladesh, para proteger sus vidas de una matanza sistemática, a la que han sido sometidos por tropas del ejército y la policía de Birmania.

Muchos años antes de que Birmania existiera como país, los rohinyá ocupaban una extensa franja de tierra, entre la meseta del Tíbet y la península malaya, en Asia meridional. Por su condición de practicantes musulmanes, nunca se les reconoció la ciudadanía, y de hecho son tratados como ‘extranjeros invasores’, y sometidos a toda suerte de discriminaciones por parte de la mayoría nacionalista budista que detenta el poder, en la también llamada Myanmar.

Limpieza étnica

Los rohinyás han recorrido miles de kilómetros, a pie y en destartaladas embarcaciones por río, para salvar sus vidas y sus familias. Según la Acnur, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, casi un millón de personas ha cruzado la frontera de Bangladesh, y se encuentran hacinados en campamentos, sin las mínimas condiciones de salubridad y sin alimentos suficientes.

Los testimonios de los sobrevivientes son desgarradores: “Quemaron mi casa”, “Mataron a mi padre delante de nosotros”. “Violaban a las mujeres, quemaban las casas”. “Hemos  caminado casi una semana”, dijo un niño de 12 años de edad, que se salvó de la matanza.

Funcionarios de la Organización Internacional para las Migraciones, OIM y de otras agencias de la ONU, hablan de ‘limpieza étnica’, de ‘genocidio’ y que se está cometiendo un crimen de ‘lesa humanidad’.

La ONU califica a los rohinyás como “el pueblo más perseguido de la tierra”. En tanto que la Unicef asegura que al menos 200 mil niños, algunos huérfanos, están en situación de riesgo. Más dramática es la apreciación de la organización para la protección de la infancia, Save the Children, quien asegura que la escasez de alimentos, de refugios, agua potable y artículos de higiene, podría derivar en una catástrofe.

¡Petróleo!

En las últimas semanas, la ofensiva del ejército birmano se intensificó, tomando como pretexto la acción armada de un grupo insurgente denominado Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán, Arsa, que se opone a la ocupación de sus tierras. La acción rebelde no ha sido más que un pretexto para buscar expulsar de sus tierras a los nativos. Estos en realidad han sido perseguidos por distintos gobiernos, casi desde la fundación de Birmania como nación. Desde octubre del año pasado a esta parte, se calcula que un cuarto de la población  rohinyá ha sido expulsada de sus hogares.

Detrás de la matanza sistemática están, no solo la acción genocida del ejército y la policía birmanos, y los prejuicios religiosos de los budistas, que se consideran amos y señores. También la acción de grandes empresas transnacionales como la Shell, Chevron, Total y ENI, que están detrás de los riquísimos yacimientos de petróleo que han sido confirmados en el subsuelo de la etnia musulmana.

Estas empresas, con la anuencia del gobierno de la señora Aung San Suu Kyi y del ejército, que mantiene un poder omnipresente, vienen invirtiendo grandes sumas de dinero en proyectos de explotación de los recursos naturales del país. Y de paso, buscan desarticular cualquier influencia de la República Popular China en la economía nacional, objetivo que complace sobremanera a las potencias occidentales, con Estados Unidos e Israel a la cabeza.

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