De puerto en puerto llega la reconciliación

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Foto Cindy Lopera - Agencia Prensa Rural.

Historias de perdón y unidad en el sur de Bolívar

Cindy Lopera – Agencia Prensa Rural
@PrensaRural

De puerto en puerto, de vereda en vereda, las chalupas recorren el río. Dejan y recogen pasajeros, dejan y recogen fletes y mandados… Así también un equipo psico-social de la Asociación de Víctimas de Crímenes de Estado -Asorvimm- recorre el imponente río Magdalena, junto a excombatientes de la otrora guerrilla de las FARC, en búsqueda del perdón y la reconciliación en los municipios de Cantagallo, San Pablo, Santa Rosa y Simití en el sur de Bolívar. De puerto en puerto, adentrándose después en las carreteras de la región, este equipo interdisciplinario ha dejado a su paso emociones encontradas.

Recuerdos nostálgicos que se avivan, actividades simbólicas, intercambios de palabras y experiencias y una maleta viajera en la se empaca los sueños, las esperanzas, los anhelos de paz; esos son los elementos con los que se “armó” este equipo para recorrer cuatro de los principales municipios de la zona norte del Magdalena Medio.

Camilo, el psicólogo que lidera el equipo

Camilo Medrano, psicólogo y educador popular, un joven bogotano que ahora divide su tiempo y corazón entre la calurosa ciudad de Barrancabermeja y el corre-corre por los municipios del Magdalena Medio y sur de Bolívar. Gracias a su experiencia desde temprana edad, formado en los barrios populares de la capital, trabajando con las comunidades; ahora coordina el proyecto “Acompañamiento psicosocial en la búsqueda del perdón y la reconciliación entre víctimas y excombatientes del conflicto armado en municipios de la región del sur de Bolívar”.

Camilo considera que el proceso ha sido arduo, pero enriquecedor. Llegar a compartir un lenguaje común, víctimas y excombatientes, desde sus propios significados de lo que es la reconciliación, sólo ha sido posible a través de nuevos escenarios y dinámicas. Medrano narra con orgullo que uno de los mayores logros de este proyecto es la creación de la Mesa Regional por la Reconciliación del Magdalena Medio; piensa este escenario como un ejemplo que podría replicarse en otros lugares del país.

El acompañamiento de parte de psicólogas y trabajadores sociales realmente se ha visto reflejado en acciones: desde un abrazo entre víctimas del conflicto, unos que decidieron tomar las armas y otros con  el dolor en sus corazones; hasta la siembra conjunta de árboles que disfrutarán las generaciones venideras como legado de la paz; pasando por desenredar los “nudos”, los obstáculos para alcanzar la reconciliación. Miradas de curiosidad, barreras del lenguaje, palabras estigmatizadoras, lágrimas y dolor le dieron paso a un abrazo de perdón. Las víctimas perdonan a quienes les pudieron haber causado dolor en el pasado, pero reconocen también que el Estado tiene una gran responsabilidad en ese absurdo conflicto que aún se vive en Colombia y que al no brindarle las garantías necesarias a todos los colombianos; algunos se vieron envueltos en la guerra. Así precisó Camilo Medrano sobre el camino recorrido.

Sin JEP no habrá paz

Según el Centro de Memoria Histórica, entre 1958 y 2012, el conflicto armado dejó 218.094 muertes; de las cuales el 81% eran civiles. En una región tan marcada por la violencia, en la que aún perviven actores armados, grupos desmovilizados, Fuerza Pública y víctimas, encontrándose día a día en sus espacios cotidianos; este tipo de proyectos son indispensables para alcanzar el perdón y la reconciliación, de cara a lograr la implementación de los acuerdos de paz de La Habana, especialmente en lo concerniente a la puesta en marcha de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

La JEP fue creada para satisfacer los derechos de las víctimas a la justicia, ofrecerles verdad y contribuir a su reparación y asegurar la no repetición con el propósito de construir una paz estable y duradera. Por esto son vitales los avances que se han logrado en la identificación y sistematización de casos, actores, fechas y lugares de los hechos victimizantes que se vivieron durante décadas en municipios como Cantagallo, San Pablo, Santa Rosa y Simití en el sur de Bolívar. Así aseguró Medrano frente a la evolución del proyecto.

La apuesta es grande, el camino apenas comienza y los puertos a los que deben llegar el perdón y la reconciliación aún son numerosos. Las organizaciones sociales y populares, con miras a incrementar los aportes de las comunidades a la JEP, deben comenzar a documentar casos, sistematizar testimonios y cotejar la información, contar con verificadores y testimonios que nos acerquen un paso más a la consecución de la paz con justicia social. Asorvimm viene recogiendo esta información como parte de su acompañamiento a las víctimas, en su labor de búsqueda de la verdad y como interlocutor exigiendo un proceso transparente en el que no se revictimice ni a las organizaciones, ni a los líderes sociales.

La verdad debe salir a la luz, los verdaderos responsables de masacres, desapariciones, atentados e innumerables violaciones a los derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario, deben asumir sus culpas. El Estado y todas sus instituciones de deben comprometerse a brindar garantías reales de acceso a la justicia; pero principalmente deben asegurar que hechos victimizantes que llenaron de dolor a los colombianos y regaron con sangre los campos de nuestro país, jamás se vuelvan a repetir. Por estas razones es imprescindible cuanto antes la puesta en marcha de la JEP.

Sara, la psicóloga que se ganó el corazón de las comunidades

Sara Manuela Marín, oriunda del Quindío, de baja estatura y largos cabellos, hace parte del equipo de psicólogas que acompañan a víctimas y ex-combatientes en este largo recorrido, de puerto en puerto, buscando la reconciliación. Aún conserva intacto el olor a café entre sus manos, criada entre cafetales cuenta con el carisma y la pasión para obtener un lugar en el corazón de las comunidades. Para ella resulta simbólico, aunque difícil de comprender, el encontrarse cara a cara con quien indirectamente pudo llegar a causarte dolor; pero verlo también como una persona de carne y hueso, que te pide perdón, que se arrepiente de algunas decisiones, pero que está dispuesto a trabajar a tu lado. Ese es el verdadero reto de esta ardua empresa, así lo explicó Sara.

Desde el punto de vista psicológico, el dolor, la rabia, la tristeza, y todos los sentimientos que pudo haber dejado el conflicto, se transforman cuando comparto con el otro. Escuchar al otro, reconocerlo como una persona, como un ser humano que también ha sufrido; es lo que ha permitido que víctimas y excombatientes puedan fundirse en un solo abrazo de unidad que les permitirá construir juntos su nuevo camino que apenas comienza, puntualizó Marín antes de partir a su nuevo destino. Un elemento inesperado surgió de estos encuentros: ambas partes se reconocieron como víctimas del conflicto. Por falta de garantías, los excombatientes optaron por tomar las armas y las comunidades vieron sacrificados muchos de sus sueños por amenazas y desplazamientos.

Un nuevo puerto los espera, el equipo psico-social de acompañamiento seguirá escuchando a las comunidades, compartiendo con excombatientes y acercando un poco más a Colombia a las verdaderas garantías de verdad, justicia, reparación y no repetición.

Foto Luis Torres – Agencia Prensa Rural.

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