Un Primero de Mayo de combate

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El gobierno Duque ha convertido a la clase trabajadora en la gran víctima de todos los vejámenes de un Estado criminal, enfermo y corrupto. Hoy más que nunca se hace imperioso cambiar el modelo productivo y laboral, porque es excluyente y explotador, porque el gobierno frente a las contradicciones del capital-trabajo, abiertamente favorece y protege al capital, especialmente al financiero y lógicamente ante la crisis de la pandemia, las determinaciones resuelven a medias las urgencias de los trabajadores y los excluidos y las elevadas transferencias monetarias están dirigidas al gran empresariado.

En víspera del 1º de mayo, tiene como antesala el envío de miles de trabajadores a las empresas para evitar las pérdidas del capital, sin tener en cuenta los riesgos de infectarse los asalariados, con la alta posibilidad de que, en vez de aplanar la curva de contagio, se apilen los infectados y fallecidos. Todos estos riegos los afronta el conjunto de la sociedad, para tratar de fortalecer la ya debilitada economía colombiana.

El llamamiento del Gobierno nacional al aislamiento “inteligente” representa un maltusianismo disfrazado, ya que las decisiones tomadas son producto de presiones realizadas por los principales emporios económicos, sin tener en cuenta las advertencias hechas por la Organización Mundial de la Salud, de la posibilidad de que se aumenten exponencialmente los infectados y colapse el sistema de salud.

El planteamiento de ir levantando gradualmente la cuarentena, hasta volver a la normalidad de la actividad económica, implica que millones de trabajadores deban salir a sus puestos de trabajo sin existir un plan nacional de contingencia que permita disminuir el inminente contagio masivo.

Los tanques de pensamiento del capital neoliberal en Colombia (en cabeza de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo, Fedesarrollo copiaron la fórmula de la contención inteligente que han venido aplicando los países de Europa occidental, salvo que el gobierno Duque no cuenta en su equipo de Gobierno con el talento humano apto para implementar exitosamente el modelo europeo, y lanza a las calles de manera irresponsable a los trabajadores  sin una efectiva protección, ante los riesgos a que se exponen.

Según Fedesarrollo (2020), un mes de cuarentena representa la pérdida de 48 a 65 billones de pesos (4,5% al 6,1% del PIB), dos meses de cuarentena de 94 a 125 billones de pesos (8,9% al 11,8% del PIB) y tres meses de cuarentena de 138 a 162 billones de pesos (13% al 17% del PIB). Este cálculo no tiene en cuenta la pérdida de empleos, ni el cierre de empresas, pero deja en evidencia la destrucción del sistema productivo en Colombia. También plantea la entidad que, en medio del Covid-19, no se debe realizar una salida masiva de la población a las calles, pues los costos en materia de salud serían incalculables para el país.

Sus datos revelan que si no existe confinamiento se pueden generar aproximadamente 252.064 muertes, habría 392,2 billones de pesos en gastos y una afectación del 36,9% del PIB. Si el distanciamiento social es del 42% se tendría alrededor de 132.515 muertes, 206 billones de pesos de gastos y un impacto del 19% del PIB.

Con estos cálculos el presidente Duque toma la decisión de un desconfinamiento del 25%, para reactivar los sectores de la economía, que se han reducido entre un 37% a un 49%, según el DANE (2020), exponiendo a la infección a aproximadamente 9.4 millones, y cerca de 35.400 muertes. Es el riesgo que no mide o no le importa al Gobierno.

La decisión del confinamiento inteligente sin la suficiente preparación del sistema de salud, sin la realización masiva de pruebas diagnósticas y sin mayor disponibilidad de unidades de cuidados intensivos, respiradores e inventarios suficientes de elementos de protección personal, representa un atentado colectivo contra la clase trabajadora, la gente saldrá a trabajar sin las condiciones necesarias para disminuir el contagio, lo que demuestra  que el Gobierno subvalora la salud y la vida de la mayor parte de  los colombianos y magnifica los intereses y beneficios del empresariado.

Ante este panorama los trabajadores y trabajadoras conmemoraremos un primero de mayo que debe afianzar la posición de clase y ganar terreno en la batalla de ideas, de las reivindicaciones laborales, articuladas con las políticas progresistas y revolucionarias, y procurando enriquecer el accionar con creatividad y permanente innovación para lograr los cambios que permitan remover las caducas estructuras del capitalismo, responsable de las pandemias por la permanente destrucción de la naturaleza e invasión de los ecosistemas.

La crisis es evidente y el panorama aberrante y una vez más se hace patente que mientras la clase obrera, la clase media y los sectores progresistas y revolucionarios, no cambien la correlación de fuerzas tan desfavorables, cualquier crisis la burguesía hará que sus costos los pague onerosamente el pueblo. Por ello el fortalecimiento del movimiento de Paro Nacional es importante para avanzar en la articulación obrero-popular, que pueda confluir en un escenario más amplio: un frente democrático que luche por la paz, por un cambio del modelo productivo y laboral, por la  defensa de las conquistas obreras, por el empoderamiento de la clase media y la mujer; el fortalecimiento de las organizaciones sindicales, la recuperación de la negociación colectiva, por construir otro modelo de justicia laboral e implantar una democracia real en un país soberano, capaz de utilizar racionalmente sus recursos naturales para impedir el cambio climático y la contaminación atmosférica.

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