Portugal: Crecimiento sin mermelada

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Paisaje urbano de Lisboa, capital de Portugal.

Alberto Acevedo

La gestión del gobierno socialista de Portugal, presenta curiosas particularidades. El primer ministro, António Costa, a diferencia de sus antecesores, no cuenta con un aparato burocrático en la administración, que le sea incondicional y le sirva de comisión de aplausos. Ha integrado una coalición de gobierno, muy singular en la política europea actual, y con cada partido que la integra ha suscrito acuerdos puntuales, sin cuotas de mermelada, como en Colombia, para sacar adelante uno u otro proyecto de gobierno. Y mediante una hábil gestión administrativa, ha logrado, posicionar a Portugal entre los primeros puestos del desarrollo económico en la eurozona.

Hace dos años, la prensa europea y los agoreros de la política, no le auguraban un futuro estable ni prolongado a la actual coalición, integrada por el Partido Socialista, al que pertenece Costa, el Partido Comunista Portugués, el Bloque de Izquierda y el Partido de los Verdes. Decían que se tratada de un “mandato efímero”, mera expresión de un “populismo antisistema”, que probablemente iría a naufragar, entre otras cosas, por las contradicciones internas que necesariamente reporta una coalición  de gobierno con posiciones políticas tan disímiles.

Sin embargo, António Costa no solo consiguió unificar políticamente todo el abanico de la izquierda portuguesa, sino que  frenó la política de dura austeridad impuesta por la troika europea, integrada por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central de Europa. La misma fórmula que, por cierto, se le impuso al pueblo griego, con un enorme costo social. Y los verdugos de la economía portuguesa, el FMI y la Comisión Europea, hoy reconocen la exitosa gestión del gobierno socialista y hacen elogios de sus logros.

Duro ajuste neoliberal

La alta cuota de recortes en el gasto social y de sacrificios, en una dura política de austeridad, que a Portugal le impusieron desde Bruselas, hizo que el rescate de su economía se tradujera en un préstamo de 78.000 millones de euros de la banca internacional, que hipotecó su economía, y le impuso un programa de privatizaciones de las principales empresas del país. La deuda pública llegó a bordear el 130 por ciento del Producto Interno Bruto, PIB.

En 2015, los socialistas recuperaron el poder, soportados en una coalición de fuerzas de izquierda, con los comunistas a la cabeza. Costa frenó la privatización de la principal aerolínea del país, lo mismo que las principales empresas del transporte público de pasajeros, sobre todo en Lisboa y Oporto, paso al que se había comprometido el gobierno anterior, en el marco de la ejecución de un modelo neoliberal de desarrollo.

En un programa general de rescate de la economía, se ha acordado un alza gradual del salario mínimo de los trabajadores, hasta alcanzar un incremento del 25 por ciento en los cuatro años de gobierno socialista. El salario mínimo está hoy en 557 euros y se aspira a que llegue a 600, al final de la gestión de António Costa. El mejoramiento de los salarios toca igualmente al resto de trabajadores, en particular a los del sector público.

La recuperación

Ligado al tema salarial está el del desempleo, que en plena crisis llegó al 16 por ciento. En la actualidad la tasa de desocupación bajó al 9.4 por ciento, la mejor cifra en los últimos diez años. Esto implica que bajo la actual administración, fueron reenganchados 95.000 trabajadores.

Se ha establecido un plan de choque contra el déficit de energía eléctrica y recuperar la economía tras los devastadores incendios del año pasado. Se ha recuperado la inversión pública, en quiebra por la política de rescate fiscal impuesta por Bruselas. En educación primaria, los textos escolares se entregan de forma gratuita y se suspendieron los convenios con empresas privadas. En salud pública, Portugal asciende al puesto 14, entre los 35 estados más desarrollados de Europa.

Esto se ha traducido en un crecimiento económico que para el año pasado fue del 3 por ciento, cifra nada despreciable, si se tiene en cuenta el panorama de recesión en la vieja Europa. Más meritorio aún si se tiene en cuenta que el actual primer ministro recibió al país con dos millones de portugueses en riesgo de caer en la pobreza absoluta, es decir, el 20 por ciento de la población, gracias a una deuda pública de 78.000 millones de euros, que representaban el 130.4 del PIB portugués.

Expansión sostenida

El Producto Interno Bruto creció en 1.4 por ciento en 2016, y en el último trimestre de 2017 fue del 2 por ciento. El crecimiento económico ha venido en alza a lo largo de 13 trimestres consecutivos, en tanto el déficit fiscal se redujo al 2.1 por ciento, cuatro décimas por debajo de la meta establecida por la Unión Europea. A mediados del año pasado, el Fondo Monetario Internacional reconoció que Portugal “consiguió un progreso encomiable en afrontar los riesgos a corto plazo”. Estos avances además, han sido avalados por certificadoras de riesgo como Fitch y Standard and Poor’s.

En otros términos, se trata de las mejores cifras de crecimiento de Portugal en el presente siglo, que se consolidan bajo la administración de un partido socialista, que frena las privatizaciones y se aleja del modelo neoliberal de desarrollo y del ajuste fiscal, que golpearon duramente a los trabajadores en toda Europa. La economía portuguesa en general ha tenido una expansión anual del 2.7 por ciento, la mejor cifra desde el año 2000, según lo confirmó el Instituto Nacional de Estadística, INE.

Se reduce brecha de género

Valga señalar en este sentido, que después de las ridiculizaciones y la estigmatización al nuevo gobierno, la coalición de socialistas, comunistas, verdes y del Bloque de Izquierda, han logrado cautivar a inversionistas nacionales y extranjeros. El ministro de Finanzas, Mario Centeno, por su parte ha dicho que “es el crecimiento más sostenible de las últimas décadas”. Por su gestión, Centeno ha sido denominado el Cristiano Ronaldo de la economía de Portugal, y ha sido llamado por la Unión Europea a que lidere la gestión de los ministros de finanzas de la eurozona.

Es un desarrollo acompañado del bienestar para todos los trabajadores, que han venido asistiendo al crecimiento de sus salarios en todos los niveles. El FMI estima una expansión del PIB para 2018 del 2.2 por ciento, y del 1.8 por ciento para el 2019. Una particularidad del crecimiento portugués es que hay también una menor brecha de género en la política de empleo y de crecimiento. La última cifra de desempleo masculino es del 7.4 por ciento, y el femenino del 8.1, una diferencia del 0.7 por ciento entre ambos bandos.

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