¿Por qué Aída?

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Candidata al Senado, Aída Avella. Foto Óscar Sotelo.

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos 

El próximo 11 de marzo, la ciudadanía colombiana elegirá un nuevo Congreso de la República en una de las elecciones más importantes de los últimos tiempos. El nuevo legislativo no sólo tiene la misión de continuar con la aplazada implementación de los Acuerdos de La Habana, sino dinamizar la política de un nuevo gobierno, que seguramente será disputado por dos proyectos distintos: El del continuismo de las elites, los de siempre, o el cambio histórico promovido por la gente, siendo la propuesta de Petro y la Colombia Humana una oportunidad.

En esta coyuntura electoral, como Partido Comunista y Unión Patriótica, decidimos colectivamente promover un proyecto novedoso de coalición electoral llamada Decentes con el nombre de la compañera Aída Avella para el Senado de la República y el de Gustavo Petro como candidato presidencial.

En lo personal, y gracias a la confianza depositada por el Partido y el equipo de comunicaciones UP, he tenido la oportunidad de acompañar a Aída en giras estratégicas por la Colombia profunda. Eje cafetero, Villavicencio, Ibagué, Antioquia y Urabá, Chocó y Arauca, fueron los territorios visitados conociendo realidades de la gente más humilde en lugares paradigmáticos. De igual forma, mis colegas del periódico también han podido acompañar la campaña visitando la región caribe en su totalidad, el suroccidente, Boyacá y los santanderes, el sur del país y la capital bogotana.

Este acompañamiento nos ha permitido conocer de cerca el perfil humano y político de Aída, lo cual ha motivado este ejercicio de escribir. ¿Por qué Aída? ¿Por qué tachar el logo Decentes y el número 5 en el tarjetón? Son dos argumentos contundentes para dar respuesta a estas interrogantes.

El primero definitivamente es que Aída merece, quizás como nadie, ser senadora. La vida de esta mujer ha estado acompañada de enormes sacrificios, de un compromiso abnegado por lo que cree, piensa y lucha. Irradia compromiso, admiración, verraquera. Conversadora, de anécdotas y cuentos, está boyacense nacida en Sogamoso, ha luchado toda una vida y parece no cansarse nunca.

Desde su juventud hasta hoy, ha desempeñado responsabilidades con el único propósito de aportar al cambio político. Fue líder sindical convirtiéndose en una agitadora profesional, una defensora de los derechos de la clase trabajadora al servicio del Estado. Desempeñó la secretaría general de la CUT finalizando los 80, rompiendo el patriarcado sindical, estimulando el papel de la mujer en la lucha por sus derechos laborales. Fue constituyente por la UP junto al conservador Alfredo Vásquez Carrizosa, siendo una de las cuatro mujeres que construyeron la Constitución del 91. Ante el genocidio y las divisiones internas, se echó al hombro la presidencia de la Unión Patriótica, y por orientación de Manuel Cepeda Vargas, se convirtió en Concejal de Bogotá. Como es ella, convirtió su curul en el cabildo bogotano, en una verdadera tribuna de los problemas de la ciudad y el país.

Por representar todo lo que los enemigos de la paz odian, atentaron contra su vida y el siguiente capítulo se llamó exilio. Fueron 17 años en la lejana Suiza, donde la consigna diaria fue “Vivimos para volver”.

Con el espíritu renovado, con un país buscando un nuevo acuerdo de paz y con una UP renaciendo como la esperanza de un nuevo tiempo, Aída volvió en medio de las dificultades, y sin ambigüedades, comenzó a trabajar por la paz y las transformaciones. Al votarle como senadora, le estaríamos depositando una nueva responsabilidad, donde estoy seguro honrará dignamente su compromiso con la gente humilde, desposeída, de abajo.

El segundo argumento, es que Colombia la necesita en el Congreso. Este nuevo periodo tiene que cambiar la idea que la política es corrupción, violencia y politiquería. Si Aída fue capaz de pararse duro en el movimiento sindical demostrando que las mujeres pueden ser probadas dirigentes; si fue capaz de promover en la constituyente los derechos humanos elementales de un Estado Social de Derecho como el de las mujeres, los niños, la cultura, la paz y la vida; si fue capaz de hacer del cabildo bogotano la tribuna de los pobres; si tuvo el coraje de vivir forzadamente en el extranjero y volver para continuar los sueños de miles de compañeros y compañeras que no están, y oxigenar la política de un partido víctima; es fácil imaginar lo que puede lograr en el Congreso.

Estoy seguro que su agenda de campaña será traducido en debates políticos duros, sin censuras, tocando la fibra del poder y desenmascarando a la élite putrefacta que se resiste a los cambios. El debate en defensa del agua será incómodo para las trasnacionales que quieren de Colombia un país sin páramos, sin ríos, sin naturaleza, un país extractivista.

El debate contra la corrupción le mostrará al país como desde el sector público y privado se estimula un Establecimiento que ejerce su dominación a partir del robo, de la rapiña, de la riqueza de unos pocos y la miseria de casi todos.

El debate sobre derechos sociales, develará cómo la salud, la educación y el derecho al buen vivir, fueron convertidos en una mercancía que favorece las arcas de los más poderosos. En fin, una agenda legislativa con un fuerte componente de denuncia, donde el compromiso con la implementación será genuino, y con proyectos para superar el alarmante estado de desigualdad e injusticia social.

La invitación es que acompañemos a Aída y las ideas de cambio social con un voto digno, decente, corriente. Un voto diferente.

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