Poemas de Manuel Cepeda Vargas

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En el 20º aniversario de su fallecimiento, recordamos la faceta de Manuel poeta, a través de esta pequeña selección de su obra.

Ave Fénix

¿Y por qué
no escapaste
cuando cayeron Jaime,
Leonardo,
Miller?
¿Cuando Teófilo partió en un viaje sin retorno
y Antequera entró en el aeropuerto
y Bernardo lanzó su última sonrisa?
Y cuando aquel desconocido (labriego, obrero, estudiante)
dijo: -Aquí luché, aquí muero.-
Y murió.

No hablamos de la cacería del tigre
ni de la flecha contra el águila
sino de un genocidio a la luz del día,
del racimo entregado al sacrificio,
de abuelos, nietos, hijos, madres
que en vano anhelaron tu regreso.

… Los árboles
transmiten sus semillas
en el aire.
Las lanzas de Bolívar,
las luciérnagas
de Policarpa
y el aullido
de los libertadores
resucitan con niebla
en la hondonada.

Tras la pared de fusilados
invencibles retoñan
los geranios
y deidades anónimas
bautizan callejuelas
del mercado.

¿Quizás el exilio
nos habría salvado?
¿Tal vez el asilo
preservaría a Jaime y a Leonardo
cuando el palacio
armó la mano del esbirro?

Dejemos al examen del futuro
el error de la lucha, si era bueno
acudir a la cita, si era mejor agazaparse, si el tejido
del tapete gigante debería
llevar un hilo de oro o de topacio
en lugar del cabello aniquilado.

Pero
no teorices
sin medir el esfuerzo, la titánica
labor que hace la ola en el océano
ni consigas el titulo con tesis
bien (mal) pagadas
sobre la tumba de los mártires.
Sube un rayo
de luz anunciadora,
una espuma veraz
del fondo oceánico
desde la sencillez
de Jaime
Pardo.

Penúltima carta de amor a Yira Castro

I

Amor sálvame de la prehistoria

Hallo tus fotos
caídas entre los libros,
clavadas en la espalda de mi casa,
atravesándome la frente.

Te veo, reportera,
tapándote de la ventana cruel,
huyéndole al viento verdugo.
Y allí vas
saltando charcos,
retratando a los niños,
descifrando la esfinge suburbana.
Mariposa árabe:
sácame de la prehistoria,
rescátame del diluvio universal.

Y preguntas. Preguntas mucho.
Indagas existencias
hasta hacerlas cantar en tus crónicas
y vuelves a salir
(no esperes, llego tarde)
a la calle apoteósica.
Afuera Bogotá nocturno
emprende comunidades estelares
en su tapiz asiático.

Asciendes
barriadas, ventisqueros
y luego:
“Hoy visité Lucero Alto,
pasé por las Colinas,
cómo llovía en el Meissen”.

Entrégame la flor de la suerte
trébol del nomeolvides
fluvial Ofelia en pos de Hamlet.
Cierra la ventana por Dios:
el sacrílego viento no me deja dormir.

II

Te declaro
mi amor en las paredes

Nuestras ciudades están censadas
por consignas de amor.

“Te quiero Oliva.
Te adoro Teresa.
Sin vos no puedo vivir”
Y allí un corazón flechado
verde o escarlata
epitafia adorables ladrillos.

Soy precursor.
Antes de que los barrios
fueran escriturados
(Julieta y Romeo
no habían nacido)
escribí:- Te quiero Yira,
sin ti no puedo vivir,
me haces falta muchacha.-
Y fui hasta la novena cuadra,
hasta la undécima semana
agotando el spray
escribiendo
tu hipotético nombre
como si presintiera que la noche
iba a borrarlo.

Mayo de 1994

Postsocialismo

Cayó
Lenin del pedestal. Cayó
Derynski. Salieron a la luz
las ignominias. El llanto
nos sacudió entre risas
y lágrimas ahitas de miseria
y el mundo, un mundo absurdo
que patea en el vientre
volvió a escribir palotes.

Si. Cayó
Marx de su estatua
que no de su estatura.
Tambores nazis
anochecen a Europa
y alguien dice:
-Esto es postsocialismo.
Ahora imperarán hasta el fin del mundo
la oferta y la demanda.-
Toma y daca. Mercado.
Pero en realidad
oficia la miseria.
En tu casa,
en la casa del vecino
vendiste el alma
para sobrevivir
en pleno paraíso mercantil.

Y el postsocialismo
no es pro (ni pre) capitalismo.
Es pre
prehistoria,
prefuturo,
predéjame que piense,
preconstruya mi casa,
tu casa,
nuestra casa
en el prosocialismo
futuro.