El poder de la unidad de las clases trabajadoras

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Juan Evangelista Duque

A los 170 años de publicado el Manifiesto Comunista y a los doscientos años del nacimiento de Carlos Marx, que se celebrarán el próximo 5 de mayo, frecuentemente se escuchan infundados argumentos en contra del marxismo, especialmente entre los capitalistas y sus defensores. Aseguran, bajo un mal entendimiento, que el marxismo no es válido en las condiciones actuales del siglo XXI. La crítica marxista del capitalismo, bien entendida, no sólo se limita a señalar los grandes progresos y denunciar la inmensa miseria y los sufrimientos que este sistema económico trae consigo; también se extiende a revelar el origen, la raíz de estos males sociales y a plantear cambios reales, a corto y largo plazo, acompañados de estrategias apropiadas para lograrlos, estrategias provenientes de los acontecimientos mismos, de las experiencias propias del país y de las consignadas en la historia.

Ante el fenómeno de la globalización, ya presente en la primera mitad del siglo XIX, descrita en el Manifiesto Comunista como si hubiese sido escrita hoy día, Carlos Marx y Federico Engels planteaban la necesidad de la unidad de las clases desposeídas, que se encontraban en lucha, desde décadas atrás, contra la opresión generada por los corruptos y monárquicos gobiernos europeos de la época. Marx y Engels venían gestando con anterioridad la consigna ¡Proletarios de todos los países, uníos!, y la presentó Engels por primera vez en el Congreso convocado por los revolucionarios de la Liga de los Justos a celebrarse en Londres, en el verano de 1847, efectuado con el propósito de unificar y organizar las diferentes nacionalidades y las diversas corrientes comunistas en boga, estrategia que Marx y Engels propugnaban con gran empeño pues la valoraban de fundamental importancia en las luchas de los trabajadores.

En dicho Congreso, bajo la influencia de Marx y Engels, no sin dificultades, se logra un compromiso entre las diferentes corrientes, se establecen nuevos estatutos que incorporan la nueva consigna propuesta por Engels, se cambia el nombre de la organización a Liga de los Comunistas y se funda el Periódico Comunista, el cual lanza su primer número en septiembre de 1.847, en donde aparece publicada por primera vez la consigna ¡Trabajadores de todos los países uníos! Válida en aquel tiempo como hoy en día, continúa siendo la estrategia más eficaz con que cuentan los pueblos, a nivel doméstico e internacional, para enfrentar los males del neoliberalismo.

La Liga de los Comunistas, en su posterior Congreso, celebrado en diciembre de 1847, propuso a Marx la tarea de redactar el Manifiesto Comunista, documento que se adoptaría como el programa oficial de la nueva organización. Marx completa la tarea a principios de febrero, incluye en sus líneas finales, cerrando el texto, el histórico llamado a forjar la unidad, ¡Proletarios de todos los países, uníos! Se publica el Manifiesto el 21 de febrero pocos días después de estallar la revolución europea de 1.848. [1]

Basta leer Las luchas de clases en Francia de Carlos Marx para conocer las típicas reyertas e intrigas entre las diferentes clases gobernantes francesas, la descarada corrupción en el parlamento, la ya temprana dominación del capital financiero y su enriquecimiento con el déficit fiscal y cómo el dinero de los impuestos se utilizaba en estafas y sobornos, para la contratación de obras públicas. ¿Suena familiar esta vieja crítica en nuestro país? Más aun, tal como lo hacían los gobernantes franceses de aquellos años, los de hoy en día, en nuestro medio, también utilizan la mentira, la calumnia, el espionaje, los testigos falsos y la violencia, en su empeño por combatir toda oposición al estatu quo, prácticas sin parangón en las sociedades modernas, arraigadas al capitalismo, como lo reveló Marx en su obra. [2]

La crisis que actualmente experimentan los pueblos a nivel nacional e internacional tiene sus raíces en la principal contradicción —exacerbada hoy en día por el imperialismo— existente entre el capital y el trabajo, en la dinámica de obtener máximas ganancias explotando la fuerza laboral, concentrando la riqueza en unas pocas manos y despojando de ella a la mayoría, contradicción que señaló acertadamente Marx en su época y que permanecerá vigente mientras exista el capitalismo.

Junto a esta crítica, Marx reveló el papel protagonista que cumplen las clases trabajadoras en el proceso de superar esta contradicción. Pero este papel, como él lo señalara, se convertirá en una realidad, solo cuando las clases trabajadoras adquieran la conciencia, la certeza, de que son el elemento imprescindible en la producción de los bienes de consumo y de toda la riqueza de la sociedad, de que son imprescindibles en el manejo y la administración de las ins­tituciones, del transporte terrestre, marítimo y aéreo, de la salud, de la educación, de la cultura, etc., etc.; y sólo se hará realidad, cuando logren unirse, hecho que las convertiría en la clase de mayor influencia en los acontecimientos sociales, políticos y económicos.

Un cambio positivo en la situación social por la que atraviesa el país puede lograrse en un momento de contienda electoral, pero sólo forjando la unidad de las clases trabajadoras y de todos los sectores sociales populares, alrededor de una agenda de interés común: erradicar la corrupción y la violencia, e implementar, al pie de la letra, los acuerdos de paz.

[1] Dirk J Struik, Editor. The Birth of the Communist Manifesto. International Publishers, New York 1993.

[2] Carlos Marx. Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Obras Escogidas. Tomo I. págs.. 211-212. Editorial Progreso, Moscú 1973. 

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