Peñalosa y el parrillero

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Rubén Darío Arroyo Osorio

A propósito de la incubación del decreto que prohibirá la circulación de parrilleros – hombres – en la capital de la República, hay que precisar que en esta situación se vislumbra otro síntoma de crisis de gobernabilidad del encopetado alcalde Peñalosa. No es la primera vez que este burgomaestre lesiona el ejercicio de derechos fundamentales de los ciudadanos de a pie.

En este caso cercena sin rubor alguno la libre locomoción de quien se dirige a su lugar de trabajo, estudio u otro espacio requerido en la vida cotidiana, de manera distinta a la tragedia humana del hacinamiento en el Transmilenio, donde se padece todo tipo de vejaciones contra la integridad personal y  crece cada día más la inseguridad de sus usuarios, especialmente mujeres, niños y compatriotas de la tercera edad.

En ciudades como Medellín esta prohibición fue suspendida y en Barranquilla donde se prohíbe el parrillero – hombre en sectores del norte, por donde habita el alcalde, Alejandro Char y sus familiares. Esto no ha garantizado en realidad una disminución sustantiva de la delincuencia, con el agravante que ahora hay más personas transitando en moto: por diligencias familiares o en el ejercicio de una tarea laboral informal, insegura, y mayor índice de accidentalidad, especialmente en sectores del sur y otras zonas deprimidas de la ciudad.

Los estudios de expertos en gobernabilidad han mostrado con claridad que, cuando los gobernantes no satisfacen en grados razonables las necesidades y exigencias de las comunidades, que además rechazan las políticas y medidas de improvisación, expresan sus percepciones de inseguridad, carencias de servicios básicos de salud, empleo, educación, vivienda e incluso la movilidad misma, se está en una crisis de gobierno, peor aún si sus protestas y reclamaciones son disueltas a punta de bayoneta, gases lacrimógenos, persecución y encarcelamiento de sus pobladores, rayando las fronteras de una tiranía disfrazada de democracia, para lavar sus represalias con un disfraz de estado de opinión, donde los medios masivos de comunicación a su servicio solo enseñan los posibles beneficios de unas medidas nada consensuadas, ni contrastadas con experiencias similares.

¡Atención!, Señor Peñalosa, no todo el que se transporta de parrillero en moto es delincuente. Si un padre de familia lleva a su hijo al colegio o a la universidad de parrillero, además de impedirle su locomoción le imponen multa. Ya esto es un cinismo propio de su ceguera axiológica.

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