Peligrosa carrera armamentista

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Misiles antiaéreos del ejercito ruso.

El verdadero peligro atómico es la obsesión de ciertas facciones neoconservadoras norteamericanas, convencidas de que Washington puede ganar una guerra nuclear táctica “limitada y localizada” contra Rusia

Alberto Acevedo

Consternación entre los aliados europeos causó el anuncio hecho, por el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, el pasado 21 de octubre, en el sentido de que su gobierno abandonará el Tratado de Fuerzas Nucleares de rango medio (INF por sus siglas en inglés), suscrito en 1987 por los presidentes Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov.

En su momento, analistas internacionales consideraron que con la firma del INF, por primera vez en el mundo las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, se comprometían a reducir los arsenales nucleares, eliminar una categoría completa de armas de este tipo y ampliar las inspecciones in situ, para verificar el cumplimiento del acuerdo.

Treinta años después de haber entrado en vigencia el importante acuerdo, que ha garantizado un prolongado espacio de distensión tras la finalización de la segunda guerra mundial, ahora el presidente de los Estados Unidos quiere retirarse del acuerdo en forma unilateral.

Falseando la realidad

El temerario anuncio, se da además en el marco de la prolongación de sanciones contra Rusia, del despliegue de escudos antimisiles próximos al espacio aéreo de ese país, de maniobras militares de la OTAN muy cerca de la frontera rusa y la decisión de no prorrogar un nuevo tratado Start II, que en su última versión, y por espacio de diez años, fue suscrito entre los presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev.

Ahora, con la decisión de Trump, Estados Unidos quiere echar marcha atrás, provocar una nueva carrera armamentista, estimular un ambiente de ‘guerra fría’, que caracterizó los años posteriores a la segunda guerra mundial y crear un clima generalizado de desconfianza en los países desarrollados. Es tal la paranoia armamentista de Washington, que algunos de sus teóricos comienzan a asegurar que estaríamos a las puertas de la creación de una nueva Unión Soviética. Un cuento por demás descabellado, que solo se explica en ese ambiente de ‘fake news’, tan de moda en Occidente.

La paz mundial en peligro

En el mundo hay muchos arsenales nucleares, pero con la firma del tratado de reducción de armas INF, los depósitos de armas nucleares norteamericanos y rusos se redujeron en un 85 por ciento. Esta realidad es la que niega Trump con sus anuncios de retiro del tratado INF. La Casa Blanca va más allá y asegura que la relación de fuerzas en el terreno nuclear, ha cambiado. El asesor de Seguridad, John Bolton, en el mismo acto en Miami en que amenazó a Cuba, Venezuela y Nicaragua, dijo que hoy existe “una nueva realidad estratégica” y que el “tratado bilateral” al que renuncia Trump no tiene en cuenta los misiles con que cuentan China, Irán y Corea del Norte.

Argumenta además la administración norteamericana, que Rusia ha violado en varias ocasiones el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio. El mismo tratado establece que cuando una de las partes alega una situación como esa, están previstos los mecanismos de discusión y de corrección que se requieran, con el ánimo de preservar la paz en el mundo. Estados Unidos, no ha querido acudir a esos mecanismos de diálogo bilateral.

Queda por aclarar que el Tratado INF regula los misiles de alcance medio, es decir, aquellos que cubren distancias entre 500 y 5.000 kilómetros, y los que poseen China, Irán y Corea del Norte no tienen ese alcance.

Consecuencias imprevisibles

Los arsenales de esos países, no son el peligro. La función de ese armamento es defensiva, han dicho sus gobiernos. El verdadero peligro atómico es la obsesión de ciertas facciones neoconservadoras norteamericanas, que se sienten representadas en Trump, que están convencidas de que Washington puede ganar una guerra nuclear táctica “limitada y localizada” contra Rusia.

Pierden de vista los estrategas norteamericanos que la OTAN, que estaría involucrada en un conflicto por cuenta de la Casa Blanca, puede ser relativamente fuerte en misiles, pero no está en condiciones de competir con Rusia, que tiene misiles hipersónicos de alta generación. Algunos de los cuales alcanzan velocidades superiores a la de la luz, imposibles de detectar por los radares europeos y norteamericanos.

Las reacciones no se han hecho esperar. La representante para la política exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, invitó a Trump a evaluar con atención las consecuencias de un eventual retiro del INF. “Pueden ser consecuencias imprevisibles, no solamente para la seguridad de Estados Unidos, sino también para la de sus aliados”, dijo la funcionaria.

“Estoy muy preocupado”, dijo el premier italiano Giusseppe Conte. El presidente francés, Emmanuel Macron, telefoneó a Trump y le expresó las preocupaciones europeas. Y por supuesto, estuvo la reacción de Moscú. Si estalla una nueva guerra, no habrá ganadores, dijo el portavoz del Kremlin. Una carrera armamentista aumenta ese riesgo. Hoy los aliados de Estados Unidos se rehúsan a ser plataforma de lanzamiento de los nuevos misiles del Pentágono, indicaron analistas de Moscú.