“Por un pedazo de tierra”: 20 años sin James Barrero

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James Barrero.

El 30 de septiembre se cumplen 20 años del asesinato del recordado exconcejal de la ciudad de Villavicencio por la Unión Patriótica y presidente de la Central Nacional Provivienda en el Meta. El movimiento popular lo recuerda por la lucha de toda su vida: vivienda digna para la gente

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

El ocaso del siglo XX configuró para Colombia uno de los escenarios más complejos en su agitada historia política. La esperanza de lograr la solución política con el naciente proceso de paz en el Caguán entre el gobierno de Andrés Pastrana y la insurgencia de las FARC-EP, se desvanecía a diario con la consolidación del proyecto paramilitar a escala nacional y el proceso de reingeniería militar que adelantaban las fuerzas armadas amparadas por el Plan Colombia.

La fragilidad de aquel 1999 se manifestaría en la fatídica noche del 30 de septiembre en Villavicencio, Meta. Sobre las nueve de la noche en el barrio “Ay mi llanura”, dos sicarios disparan contra la humanidad de James Barrero de 37 años, exconcejal de la ciudad por la Unión Patriótica y presidente de la Central Nacional Provivienda, Cenaprov, en el territorio.

La guerra sucia contra el movimiento popular continuaba impune sembrando tragedias. La vida del último dirigente de los destechados en el Meta se apagaría para siempre.

La lucha por la vivienda digna

Para el fallecido intelectual Jacques Aprile Gniset, la dramática historia de la urbanización en Colombia es ese “proceso peculiar y original que debemos enfocar como consecuencia y producto directo de la guerra agraria, siendo la ciudad uno de los derivados de la violencia.”

Como respuesta a este fenómeno, el Partido Comunista Colombiano, PCC, sintetizó las diferentes experiencias que emergían ante el desbordamiento de la demanda habitacional, en una propuesta organizativa por un derecho básico de la gente: la lucha por la vivienda digna.

En palabras de la socióloga María Elvira Naranjo, “la Cenaprov, como organización social de viviendistas, es la única experiencia de América Latina que ha permanecido en funcionamiento durante 61 años (1959-2019), a pesar de la persecución política y de sus dificultades internas, y ha logrado que más de 100 mil familias sean propietarias de sus viviendas.”

Exitosa experiencia en el Meta

La colonización popular en los Llanos Orientales, que en buena medida orientó y construyó la Cenaprov, respondió a varias dinámicas según Naranjo. Los diferentes procesos de colonización, la diáspora de las familias comunistas, la fundación de barrios en Villavicencio, y las estrechas relaciones de Cenaprov con propuestas políticas novedosas, tales como la Unión Patriótica, permitieron un proceso exitoso, que a la postre experimentó un forzado declive gracias a la sistematicidad de la violencia contra el conjunto de la organización social.

En síntesis, fue el Meta uno de los departamentos con mayor incidencia de la Cenaprov en el país. En la ciudad de Villavicencio se crearon aproximadamente 14 barrios: El Dos Mil, el 20 de Julio, Los Comuneros, Las Américas, Ay Mi Llanura, Prados de Siberia, Pinares de Oriente, Rincón de La María, Portales del Llano, Villas de Alcaraván, entre otros. Tendencia que se extendió en el territorio en municipios como Lejanías, Mesetas, Puerto López, Puerto Esperanza, Granada y El Castillo.

En el corazón de esta valerosa historia, son recordados los nombres de los dirigentes, la mayoría asesinados, que lideraron desde distintos roles estos procesos viviendistas. Gabriel Mateo Escribano, Luis Eduardo Yaya, Eusebio Prada, Luz Odilia León, Pedro Nel Jiménez, Luis Mayusa, Carlos Kovacs, María Mercedes Méndez, José Rodrigo García, Gabriel Alfredo Briceño, Rubén Lasso, y por supuesto, el hábil y carismático James Barrero.

Hijo de Provivienda

James Ricardo Barrero Barrero nació en Bogotá en el año 1962. Su familia desplazada de Pandi, Cundinamarca, llega a la capital en medio de una situación económica precaria. Luego de transitar varios lugares de la ciudad, la familia Barrero aterriza en el barrio El Porvenir de Soacha. James rápidamente se involucra en el trabajo activo de la Cenaprov alrededor de la dinámica cotidiana del territorio.

“Mi padre es un hijo de la Central Nacional Provivienda”, comenta James Barrero Garzón, al señalar el activismo que desde muy joven desplegó su padre alrededor del barrio, siendo «pionerito» y luego militante de la JUCO. Bajo la batuta de los dirigentes viviendistas Álvaro Rodríguez, Mario Upegui y Héctor Lozano, Barrero Barrero participa en la fundación de barrios como el Pablo Neruda, Nuevo Chile, Ciudad Latina y Julio Rincón.

Precisamente es su abnegado compromiso con el trabajo de la Central, como su juventud, las razones que lo llevan a continuar su responsabilidad política en el departamento del Meta, primero en San Martín, luego en Puerto López y finalmente en Villavicencio en el barrio Las Américas.

“Con el asesinato de los principales dirigentes de la Cenaprov en el Meta, el Partido toma la decisión de que sea James Barrero quien dirija el proceso”, enfatiza Barrero Garzón al señalar que esta persecución era directamente proporcional a los triunfos electorales que le daba a la mayoría de los dirigentes de la Central representación en cargos de elección popular.

Por dos periodos consecutivos James Barrero se invistió como concejal de la ciudad de Villavicencio. Querido entre la población de los barrios de la Provivienda, lideró acuerdos en el municipio que permitieron la legalización de barrios y la instalación de servicios públicos vitales. De igual forma, su papel como vicepresidente nacional de la Central, le permitió tener contacto directo con los distintos procesos a lo largo del país, generando un recuerdo perenne en los viviendistas de Colombia.

Impunidad

“A mi padre lo asesinan porque representaba el relevo generacional de la izquierda en un departamento clave en el proceso de paz del Caguán”, comenta James Barrero Garzón. Para su hijo, las constantes amenazas y los múltiples atentados sentenciarían en los últimos días de la vida de su padre la certeza de que sería asesinado. Sin embargo, nunca abandonó su barrio “Ay Mi Llanura” donde finalmente fue ultimado.

“La justicia, desde el punto de vista administrativo, condenó al DAS por negligencia”, resalta Ramiro Orjuela, presidente de la Unión Patriótica en el Meta y abogado en el caso. Al contrario, según Orjuela, el DAS asignó a James Barrero un escolta sospechoso que ya había protegido al militante comunista Pedro Malagón y a la aliada liberal de la UP, Betty Camacho de Rangel, ambos asesinados.

“Se demostraron las permanentes y constantes amenazas que siempre tuvo James Barrero, y que pese a ese nivel de riesgo que siempre se informó a las autoridades competentes, el DAS nunca cumplió con su función constitucional y como escolta puso alguien muy sospechoso”, comenta el abogado sobre la sentencia del Tribunal Administrativo del Meta que ratificó el Consejo de Estado en segunda instancia.

Sin embargo, insiste Ramiro Orjuela con vehemencia: “el 100% de los casos de asesinatos de militantes de la Unión Patriótica en el Meta están en la total impunidad. La Fiscalía de manera cómplice, cobarde y negligente, nunca abrió una investigación penal seria para esclarecer los asesinatos de los compañeros de la UP. Son más de 600 casos donde no hay responsables, ni de la fuerza pública ni de la dirigencia política del departamento”.

Legado

“El principal legado de James, como el de todos los dirigentes viviendistas asesinados en el Meta, es que hoy miles de personas tienen un techo donde vivir gracias a sus luchas por vivienda digna”, exclama de manera emotiva James Barrero Garzón. El mensaje directo en contra de la impunidad es que las balas asesinas no ganaron nada con estos asesinatos. “En cambio, la vida ganó sobre la muerte.”

En definitiva, 20 años después, la gente aún recuerda desde el corazón la expresión celebre de James Ricardo Barrero en cualquier sede de la Provivienda: “esta vaina es por un pedazo de tierra”

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