Paz: Todos a cumplir

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Tanto Timoleón Jiménez, como Iván Márquez, en las medulares intervenciones en el acto de instalación del Congreso constitutivo del nuevo partido de las FARC-EP, resaltaron que cumplieron la palabra empeñada en el Acuerdo Final de La Habana, pese a los incumplimientos del Gobierno nacional, a las dificultades de la implementación del mismo y a la renegociación a que ha sido sometido el Acuerdo en el proceso del trámite de las leyes de paz en el Congreso de la República. No obstante, explicaron, han seguido adelante porque entendieron que llegó el tiempo de la paz y la lucha política mediante la palabra y sin el uso de las armas.

Dijo Márquez: “La paz que hemos alcanzado no es una paz perfecta en cuanto es una paz negociada; es la paz de la continuación del conflicto social y de la continuidad de nuestras aspiraciones y propósitos a lo que nunca hemos renunciado ni renunciaremos por la vía exclusivamente política. Es la paz basada en acuerdos, a nuestro juicio, mínimos y básicos, para avanzar en la superación de las causas del origen  y persistencia del alzamiento armado y sobre todo para ofrecerle y dejarle a la sociedad colombiana un  legado que abre la posibilidad de iniciar un proceso de democratización política, económica, social y cultural que,  de materializarse, transformará para siempre la vida de la sociedad en su conjunto y abrirá las alamedas de bienestar y el buen vivir de las  grandes mayorías”. Muy claro y preciso el mensaje.

En contraste, la oligarquía no abandona la mezquindad. Fue la causante de “las causas del origen y persistencia del alzamiento armado” y sigue actuando con arrogancia y triunfalismo. En coincidencia con el histórico congreso fariano, voces del establecimiento, del Gobierno y de la “gran prensa”, le hacen el coro al fiscal Néstor Humberto Martínez, en el sainete de los bienes de las FARC con que busca torpedear el proceso como lo ha hecho desde cuando asumió el importante cargo y lo colocó a disposición de los provocadores de la extrema derecha enemigos de la paz. Para Martínez, Álvaro Uribe Vélez es un patriota y con ese cuento le sirve de caja de resonancia para hacer trizas el Acuerdo Final de La Habana.

Pero también la campaña escandalosa sobre los bienes de las FARC que ocupa editoriales y sábanas de “investigaciones periodísticas”, tiene como finalidad desviar la atención de la corrupción que carcome a la Fiscalía y a los nexos de Martínez con Luis Carlos Sarmiento quien aparece untado en el escándalo de Odebrecht.

Difícil así un proceso de paz en Colombia. La oligarquía que lo apoyó quería a las FARC dejando las armas y “desmovilizándose” y nada más, sin cambios, sin reformas. Ya lo consiguieron y ahora quieren cambiar las reglas de juego con el aval de un gobierno pusilánime y sin principios. Las FARC, al contrario, han actuado con humildad, con modestia, con decisión patriótica de cumplir la palabra pese al incumplimiento de la contraparte. Será parte de la lucha del nuevo partido y sus aliados la defensa del Acuerdo de La Habana y el logro de un frente amplio para transformar a Colombia. Es la nueva realidad que surge del proceso político colombiano.

En este sentido, Iván Márquez dijo en el informe al congreso fariano, para mayor claridad política e ideológica: “No estamos pensando en una estrategia política lineal y ascendente, concebida por etapas a superar gradualmente. Nuestra elaboración programática está pensada sobre la idea de que toda lucha cotidiana es estratégica y que toda estrategia no representa simplemente un propósito por venir, sino que se concreta justamente en la lucha cotidiana. En este sentido, no concebimos una separación tajante entre la táctica y la estrategia; asumimos más bien su relación  dialéctica. Así es que nuestro proyecto político no es el de la mejor sociedad por venir, sino el de la nueva sociedad que tendremos que construir  de manera creadora desde la cotidianidad  de nuestras vidas”.

Positivo también el llamado de Timochencko y de Iván Márquez a la unidad popular. Unidad amplia para trabajar en dirección a un gobierno de transición que abra el camino a la democracia y a la justicia social.

Un positivo Congreso para el futuro del país. El aporte de las FARC es evidente. Pero todos deben cumplir. El Gobierno, el Estado, el establecimiento y la clase dominante están en deuda. La historia los juzgará.

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