Paz con armisticio

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El brigadier general Rubén Darío Alzate, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego en su primer encuentro con el MinDefensa. Los tres fueron capturados por las FARC el 17 de noviembre y entregados dos semanas después.

Plantear las cosas en estos términos no es jugarle sucio a la paz, ni pretender prolongar indefinidamente la guerra. Es buscar garantías para el pueblo y los combatientes revolucionarios.

El brigadier general Rubén Darío Alzate, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego en su primer encuentro con el MinDefensa. Los tres fueron capturados por las FARC el 17 de noviembre y entregados dos semanas después.
El brigadier general Rubén Darío Alzate, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego en su primer encuentro con el MinDefensa. Los tres fueron capturados por las FARC el 17 de noviembre y entregados dos semanas después.

Horacio Duque Giraldo

La decisión política de avanzar hacia un cese al fuego y de hostilidades bilateral e indefinido constituye un suceso trascendental que marcará el contenido del curso histórico nacional en los próximos meses.

Es el imperio de las reglas de la política en sentido estricto. Vendrán las consecuencias, los resultados, los escenarios y los nuevos sujetos sociales constituyentes. Es la hora de los sujetos constituyentes, de los constructores de una nueva institucionalidad asociada con la emergencia popular y democrática de la multitud en el espacio público, sin los caudillismos y protagonismos de ciertas individualidades volcadas sobre sus vanidades y caprichos.

Estamos inmersos en lo más álgido de un proceso revolucionario según nuestras tradiciones y cultura. Un proceso apalancado por la Mesa de diálogos de La Habana.

Es el momento de articular los deseos de paz de millones de colombianos con la solución de los problemas más críticos en materia de empleo, salud, educación, vivienda, libertades políticas y ambientales, que padecen millones de seres humanos. No es cierto, como lo sugieren ciertos charlatanes de red, funcionales a la politiquería clientelar tradicional regional, que la paz le sea indiferente a los colombianos. Puras elucubraciones de mentes débiles y veleidosas, carcomidas por el oportunismo y el odio a las luchas campesinas.

Con las medidas para desescalar el conflicto que debate la subcomisión técnica de oficiales y guerrilleros y con el horizonte cierto de un cese al fuego y de hostilidades bilateral, por supuesto que lo que nos espera no es una paz armada (http://bit.ly/1KNh2IW). Nadie quiere una paz en medio de las hostilidades y los incidentes de la naturaleza intrínseca de la guerra.

Tampoco queremos una paz exprés, una paz sin democracia sustantiva y de ciudadanos como autoconocimiento de las masas, ni una paz sin justicia social.

Por eso no resulta coherente salir a decir que “el desescalamiento del conflicto armado no implica que la Fuerza Pública deje de realizar sus operaciones ofensivas y que, por lo tanto, no se ha dado la orden de dejar de bombardear a las FARC.

“Una decisión de suspensión de los bombardeos no se ha dado. Hoy no hay una orden expresa y directa de suspender bombardeos”, enfatizó Naranjo, quien precisó, no obstante, que “el Gobierno ha manifestado su interés para que se vayan tomando decisiones para reducir la capacidad de generar violencia” (http://bit.ly/1KNh2IW).

Doble juego. Matan el tigre y se asustan con el cuero y el cuerpo (http://bit.ly/1Bw4WQH). Bailarines de cabaré que juegan con cartas marcadas. Les falta entereza y seriedad y por eso hay que ser precavidos con estos pillos de esquina. Es la política pequeñoburguesa de elementos derechistas enriquecidos con la guerra y el ascenso oportunista por las burocracias policiales.

En ese sentido es que resulta necesario plantear la necesidad de una paz con armisticio. Es lo consecuente con el texto del Acuerdo especial de La Habana que indica sabiamente que la paz es un proceso integral y simultáneo (http://bit.ly/1ntk4t5). Nada es sucesivo ni diacrónico. Todo es complejo, integral simultáneo. No se puede pretender que la resistencia popular revolucionaria se entregue, deje las armas, y las reformas pactadas se dejen para el fin de los siglos. Mamola, como diría un líder de la izquierda liberal.

La mejor fórmula es el armisticio. Veamos de qué se trata.

Un armisticio es un instrumento de derecho internacional que detiene hostilidades entre las partes de un conflicto internacional (entre Estados), que no implica el final del conflicto o el estado de guerra, que equivale a un cese de hostilidades general o local, pero hay continuidad del estado de guerra y beligerancia. Establece que las partes pueden reanudar las hostilidades cuando lo deseen o denunciar violaciones, y que estas, al ser beligerantes, deben contar con un comando y subordinación, emblemas y distintivos reconocibles a distancia, portar armas visibles y conducir operaciones de acuerdo con la legislación de guerra. Los beligerantes, además, tienen derecho a ocupar territorios y ejercer soberanía (http://bit.ly/151aiHi).

A las partes que sean reconocidas se les aplican las leyes internacionales y las obligaciones de un estado de guerra, y en caso de captura, los combatientes y no combatientes tienen el derecho a ser tratados como prisioneros de guerra (http://bit.ly/151aiHi).

Plantear las cosas en estos términos no es jugarle sucio a la paz, ni pretender prolongar indefinidamente la guerra. Es buscar garantías para el pueblo y los combatientes revolucionarios.

Lo que procede es la paz con un armisticio regulado con la participación de los países garantes y acompañantes. Es el procedimiento adecuado para bloquear las trampas de los politiqueros.