¿Qué pasó en Uruguay? (I)

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Germán Ávila

Desde el norte de Sudamérica, Uruguay no es un país sobre el que se hable mucho, incluso a mucha gente le cuesta diferenciarlo de Paraguay. Con cierta frecuencia se le atribuyen características como no tener costa o ser el orgulloso poseedor de las maravillosas cataratas del Iguazú. Se le mencionó siempre como un competidor de calidad en el fútbol y la expresión “la garra charrúa” se convirtió en un referente, pero como país solo hace algunos años se ha conocido más hacia el norte.

Una parte importante del interés que despertó Uruguay desde la primera década del presente siglo llegó gracias a saber que el gobierno en este país había sido ganado por la izquierda, y luego la figura emblemática de José “Pepe” Mujica reforzó dicho interés. El ahora senador, se convirtió en el principal embajador de un modo de hacer política que se contrapuso a lo que en la mayoría de países se reconoce como el político tradicional.

Al mismo tiempo las cifras y estadísticas sobre Uruguay generaban profundo interés, el crecimiento de la capa media, las políticas sociales y la estabilidad económica y social hicieron que poco a poco este país se convirtiera en un referente continental. La ley de interrupción voluntaria del embarazo o la regulación para la venta de marihuana con fines recreativos, pusieron a Uruguay en el punto más alto de la agenda progresista en el ámbito global, pues sólo algunos países en Europa han logrado llegar hasta ahí.

Vivir en Uruguay habiendo conocido todo lo anterior gana mayor valor porque da alguna posibilidad de entender las razones de la consolidación de esta nación como referente democrático, así como de ver en primera fila el cambio que hoy se cierne y la lucha que, seguramente va a generar ese cambio.

Es un país con una sociedad chica, poco poblada y con tendencia al envejecimiento, lo que se nota al caer en cuenta que casi no hay niños. Cuando se viene de un país con el ritmo de Colombia, sobretodo si se vive en alguna de las cinco grandes ciudades, el cambio es tremendo. Los tiempos, los ritmos y las actitudes frente a la realidad son otras, todo fluye mucho más lento, casi no hay filas y la gente se toma su tiempo para cada cosa que hace, hasta los atardeceres son un acontecimiento que dura lo suficiente como para convertirse en un espectáculo al cual asistir.

Vivir en Uruguay es darse cuenta que Mujica es un personaje extraño en la política internacional, pero no es tan atípico dentro de sus fronteras. Sin lugar a dudas, es un personaje en el país, pero es más bien la máxima expresión de una forma de hacer y entender la política y no un elemento atípico. Incluso la clase política tradicional uruguaya, es más terrenal de lo que se acostumbra a ver en países como Colombia, donde esa clase está compuesta por patricios inalcanzables que se mueven en escenarios sin tiempo ni lugar, porque nunca nadie los ve.

En Montevideo es relativamente común encontrarse con algún ministro haciendo fila en un teatro o con alguna senadora en un supermercado, en la estantería de donde cualquier parroquiano toma el azúcar o el café. Se ve al presidente del Banco Central pasando la calle para comprar algo que olvidó antes de salir para su casa. Sería muy extraño encontrarse con el estrepitoso operativo con que se mueven las figuras públicas en Colombia.

De otro lado, las organizaciones sociales tienen, a su turno, sus propias características. La central sindical única, llamada PIT-CNT (Plenario Intersindical de Trabajadores – Convención Nacional de Trabajadores) está compuesta por directivos que pueden tener permiso sindical para el ejercicio de sus funciones, pero están obligados a mantener un número determinado de horas de actividad laboral. Es decir, que los sindicalistas cuyo trabajo es ser sindicalistas, no existen en Uruguay, entonces también es común ver a los miembros directivos sindicales cumpliendo funciones laborales diversas.

La pregunta que se hace el continente entero es: si todo esto es así, si es un país con estas características y que logró sacar de la miseria a tanta gente luego de la crisis del 2002 ¿por qué el Frente Amplio perdió las elecciones de noviembre? Las posibles explicaciones van desde pequeños desaciertos en proyectos puntuales, hasta desatinos en la concepción de un modelo alternativo que quiso reconciliar contradicciones irreconciliables, pasando por la desatención a la comunicación propia de los gobiernos alternativos latinoamericanos. Estos aspectos se abordarán en la próxima entrega de esta reflexión.

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