Panorámica laboral

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Trabajadores de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá. Foto archivo.

Iván Posada Pedraza

La clase obrera colombiana, en conjunto con las organizaciones sociales, cívicas y populares conmemoró el día internacional del trabajo con numerosas y entusiastas marchas a lo largo y ancho del país. Este primero de mayo se realizó, ya firmados los acuerdos entre el gobierno y las FARC-EP que buscan poner fin al conflicto armado, hecho que le da una connotación especial pues a largo plazo el objetivo es la consecución de la paz con justicia social, dentro de la cual el aspecto laboral juega un papel determinante.

Este nuevo aniversario de la clase obrera se realizó en condiciones bien complicadas en cuanto a la situación de los asalariados en varios aspectos: el nivel de organización en lo que tiene que ver con las centrales obreras y su capacidad de responder a la ofensiva de la clase empresarial; la desregulación del trabajo formal y digno; y como tercer aspecto – sin que sean los únicos – el nivel de afectación por sectores laborales, entre otros, el infantil y el  femenino, para citar sólo dos de los más golpeados y discriminados desde la perspectiva laboral.

Grado de organización

En el primer tema, sindicalización y organización, la existencia de varias centrales obreras que no actúan con criterio unitario, dificulta la defensa de las conquistas laborales y la presentación y argumentación de los pliegos de peticiones. Por su parte, el bajo nivel de sindicalización de los trabajadores colombianos (cinco por ciento), es una debilidad muy grande a la hora de mantener las conquistas logradas, fenómeno que tiende a agudizarse a causa de la desindustrialización que golpea al país hace más de tres décadas. En efecto, empresas del sector industrial medianamente desarrolladas desaparecieron del mercado a causa de las importaciones y la mano de obra ocupada en esta actividad económica, tuvo que migrar hacia el sector servicios, comercio, etc. Los sindicatos existentes en estas empresas por supuesto desaparecieron.

Trabajo digno

La política económica aplicada en las últimas tres décadas ha llevado al máximo la degradación del trabajo digno en cuanto a salarios, cobertura social, grado de explotación, etc. Son muy variados los mecanismos para acabar con el trabajo formal: las cooperativas de trabajo asociado, contratos de prestación de servicios o contratos basura; duplicación de funciones a realizar para precisamente reducir costos laborales y hasta trabajo por horas. Incluso el sector estatal recurre a estas estrategias para escamotear los derechos laborales. El grado de informalidad en el país puede llegar al 60 por ciento en promedio, pero en algunos sectores económicos puede ser mayor, por ejemplo, en servicios, comercio, hotelería y restaurantes.

En cuanto a la jubilación, si se mantiene el actual grado de informalidad, las generaciones de jóvenes trabajadores, difícilmente podrán aspirar a alcanzar una pensión. Ya los gremios que representan a la burguesía están presionando al poder ejecutivo y al parlamento para presentar otra reforma pensional para endurecer aún más los requisitos de edad y semanas cotizadas para acceder a este derecho.

Trabajo infantil

De acuerdo a estadísticas estatales, el porcentaje de menores entre 5 y 17 años que trabajan es de 10,2 por ciento, en cifras son cerca de un millón de niños y niñas que deben laborar. En las capitales las cifras son preocupantes: de acuerdo a la misma fuente en Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena y Florencia los porcentajes son 7,9; 5,3; 4,4; 4,0 y 8,6 por ciento respectivamente. En el sector rural es aún más crítica la situación, con 15,1 por ciento (DANE, 2014). Igualmente se señala que la principal razón para que los menores entre los 5 y 17 años trabajen, es que deben ayudar al sostenimiento de sus familias y además costearse su estudio. Otro grupo de menores lo hacen porque quieren independizarse económicamente y otros más lo hacen porque el trabajo los forma socialmente.

Trabajo femenino

En los últimos tiempos la mujer ha ingresado al campo laboral en la medida que ha tenido posibilidad de acceder la educación en todas sus modalidades y por otro lado, a causa de la situación económica para reforzar los ingresos familiares de los hogares de clase media y popular. Una tercera causa es el anhelo de superación, de independencia económica y de realización personal.

En ingresos, las mujeres ganan en promedio 20 por ciento menos que los hombres y en desempleo este fenómeno golpea más a las mujeres que a los hombres (11.3 y 7.0 por ciento respectivamente).

En general las mujeres trabajan más que los hombres en el denominado “rebusque” y en el peor de los casos no son remuneradas (las amas de casa por ejemplo). Cerca de 750.000 mujeres trabajan en el servicio doméstico, donde son objeto todo tipo de discriminaciones, empezando por las de tipo salarial y prestacional.

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