Palabra itinerante: Un mundo para Alyan

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Foto: Syrian refugees' camp in Cappadocia, Turkey via photopin (license)

El drama de los refugiados es una derrota de la humanidad pero también muestra luces de esperanza. Hemos visto hermosos gestos de solidaridad allí por los caminos desesperados de los refugiados.

Foto: Syrian refugees' camp in Cappadocia, Turkey via photopin (license)
Foto: Syrian refugees’ camp in Cappadocia, Turkey via photopin (license)

Jaime Cedano Roldán

El mundo sigue horrorizado por el drama de los refugiados. Una historia que no cesa y que mientras no se paren las guerras y las injusticias va a continuar como un desangre continuo, como un lamento permanente y clara expresión del fracaso del capitalismo y sus políticas de intervencionismo, saqueo, imposición de regímenes autoritarios y políticas económicas que favorecen a unas minorías sedientas, hambrientas de poder y de dinero. El drama de los refugiados es la derrota de los Estados Unidos y de su presidente Barak Obama en su supuesta lucha por la democracia. La cara de la inutilidad de la Unión Europea y de las Naciones Unidas, inutilidad para servir a las grandes mayorías. El drama de los refugiados es la victoria del capital transnacional, de los mercaderes de armas, la victoria de los usureros y los banqueros. El drama de los refugiados es una derrota de la humanidad pero también muestra luces de esperanza. Hemos visto hermosos gestos de solidaridad allí por los caminos desesperados de los refugiados. Hemos visto gente que sale a los caminos con comida, mantas y abrazos. Hemos visto a una niña siria ofrecerle una galleta a uno de los policías enviados a impedirles el paso, también hemos visto a un policía danés jugando en medio de la carretera con otra niña siria. Pero también hemos escuchado las voces del fascismo. “Nos preocupa la composición étnica de Europa ante la llegada masiva de refugiados”, dijo en entrevista a la televisión española la Embajadora de Hungría en Madrid. La pureza de la raza. No nos imaginábamos que pudiéramos volver a escuchar frases de esta naturaleza. Pero lo más preocupante es que puedan decir estas frases y no pase nada desde las institucionalidades y los medios. También hemos escuchado al Primer Ministro húngaro Victor Orbán, decir que “La inmigración sin control hará perder al cristianismo su primacía en Europa”, como si estuviéramos en los tiempos de las cruzadas o de la inquisición. “No existe el derecho fundamental a una vida mejor”, dice el Ministro húngaro. Es decir, que los hambrientos tendrán que conformarse. También los humillados y los perseguidos. En nombre de la civilización y el cristianismo están haciendo apología de la barbarie, de las injusticias. Ahora entendemos que haya una periodista que se dedicara a lanzarles patadas a los niños refugiados. O que los policías húngaros les tiraran comida como si fueran cerdos o animales salvajes. Las fronteras se cierran, las amables palabras oficiales desaparecen. Cruel. Inhumano.

Otro mundo es posible y necesario. Un mundo donde los niños como Alyan puedan acercarse a las playas de los mares a recoger caracolas de mil colores, construir castillos de esperanza y mirar con confianza a las estrellas que iluminen un nuevo mundo sin mares ni fronteras manchadas de sangre.