Óscar Collazos: Serenidad ante la muerte

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Óscar Collazos, novelista fallecido el 16 de mayo en Bogotá.

Como expresaran su compañera y su hija Laia, murió con la tranquilidad de quien se sabe consciente que ha vivido de acuerdo con sus valores y principios y quien ha hecho de ellos el tejido que le ha permitido leer y afrontar los retos que le han plateado la vida en este continente y el país.

Óscar Collazos, novelista fallecido el 16 de mayo en Bogotá.
Óscar Collazos, novelista fallecido el 16 de mayo en Bogotá.

José Ramón Llanos

Muy pocas veces un intelectual asume los últimos días de su existencia como se supone debe asumir la inevitable muerte, de acuerdo con su posición frente al tránsito de su existir al no existir. Muchas veces pregonada su reconocimiento de que no hay vida, ni trasmigración de las almas. Sencillamente su tránsito de la vida inteligente a la condición del retorno al polvo fértil y multiforme del cual nacimos. Óscar Collazos, como expresaran su compañera y su hija Laia, murió con la tranquilidad de quien se sabe consciente que ha vivido de acuerdo con sus valores y principios y quien ha hecho de ellos el tejido que le ha permitido leer y afrontar los retos que le han plateado la vida en este continente y el país.

Como expresó emotiva su esposa y le comunicó a sus amigos, Óscar afrontó sus últimos días con tranquilidad, incluso lamentó con alegría y sonrisas el problema en que se había metido Juan Gossaín al anunciar el martes su muerte. Rememoró el asunto del vallenato, quien se presentó a su velorio el quinto día de velación y en su composición dijo: “para un velorio me deben cuatro”.

Su enfermedad, al decir de la viuda y su única hija, Laia, le permitió constatar que estaba rodeado de amigos sinceros, aparte de las decenas de lectores, que solo lo conocían a través de sus obras y le hacían llegar sus plegarías y mensajes de energías positivas, para que su enfermedad huérfana con la ciencia deviniera curable, no solo para él, sino para todos los afectados con ese mal.

En ese pensamiento estaba pintado de cuerpo entero, integro, el autor de esos cuentos maravillosos, “de estilo esplendoroso”, como los calificara su amigo el gran poeta nadaísta Jota Mario Valencia, Son de Máquina y El verano también moja las espaldas. Pero no solo Jota valoraba positivamente esos cuentos, también Mario Carvajal consideraba que Óscar era más un excelente cuentista que novelista. Y un excepcional ensayista. Además, plenamente comprometido con los excluidos y explotados. Mejor dicho, con la clase en la cual naciera.

Ese compromiso está fundamentado en el cabal conocimiento que tenía del país y el continente en que le tocó vivir, cuestión que describió con claridad en una de las últimas entrevistas: “Colombia es un país lleno de paradojas: vivimos en medio de una guerra que parece no tener fin; nos acostumbramos a aceptar una sociedad criminalizada en muchos sectores; pero al mismo tiempo, vivimos como si fuéramos ciudadanos de un primer mundo sin conflictos: apoteosis del consumo y del lujo, con sus secuelas de banalidad, pero también apoteosis de una sociedad que abre zanjas mayores entre ricos y pobres”.

La obra de Óscar Collazos

Collazos pertenece a la generación que le tocó abrirse paso y crear una obra en las difíciles condiciones de la época garciamarquiana. Algunos optaron por el camino fácil, pero estéril, de imitar al premio Nobel colombiano. Otros, mencionamos a Óscar Collazos, Luis Fayad, José Luis Díaz-Granados, José Stevenson, Roberto Burgos, Luis Ernesto Laso, Hugo y Roberto Ruiz y Héctor Sánchez, para citar solo algunos de los más prolíficos, prefirieron arriesgar creando tratamientos originales y estilos creativos en lugar de imitar a los escritores consagrados.

Ya al publicarse su primer libro El verano también moja la espaldas, los lectores y la crítica entendieron que había nacido un cuentista que no solo había asimilado la problemática social colombiana sino que sabía narrarla y poseía recursos y formas narrativas originales. Por lo tanto, estábamos frente a un valioso prospecto que seguramente, con disciplina y trabajo contribuiría a enriquecer la literatura nacional posgarciamarquiana.

Su libro de cuentos Son de máquina impactó la crítica de tal manera que hasta Gabo expresó comentarios positivos, como dijera el intelectual Alfonso Carvajal al referirse a esta obra: “Sin lugar a dudas, es uno de los mejores libros de cuentos que se han escrito en el país. A partir de ahí recibió el aplauso de García Márquez, entre otros escritores y críticos”.

Tanto en El verano también moja las espaldas como Son de máquina se notaban las influencias de la narrativa estadounidense, pero también de algunos narradores latinoamericanos. Collazos con gran honestidad reconocería esas influencias. Al respecto afirmaba: “Esos cuentos no fueron escritos con el propósito de cambiar un estilo o desafiar una tradición; fueron escritos con naturalidad y con el empuje secreto de algunas influencias, la de escritores como Cortázar, Cabrera Infante, Salinger, William Saroyan y Hemingway. Lo inédito era quizá el mundo que recreaba”.

Aparte de los libros mencionados Collazos escribió las novelas Tierra quemada, Rencor, La modelo asesinada, Señor Sombra, Fuego fatuo y Batallas en el monte de Venus. Sin embargo la crítica académica considera que el escritor chocoano era mejor cuentista, ensayista y columnista que escritor de novelas. Sin lugar a dudas la literatura latinoamericana fue enriquecida con la obra de Óscar Collazos. Él había nacido en Bahía Solano y su deceso se produjo el 16 del presente mes en Bogotá.