OEA se hunde en su propio desprestigio

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Un aspecto de la Asamblea General de la OEA en la capital antioqueña.

A Colombia, como país anfitrión, le fue bastante mal. No eligieron a Everth Bustamante como delegado ante la Corte Interamericana, ni prosperó su propuesta de reformar a la CIDH en favor de los países más conservadores de la región

Alberto Acevedo

Antes que un foro de integración regional, convocado para fortalecer el multilateralismo hemisférico, la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, OEA, que sesionó en Medellín entre el 26 y el 29 de junio pasado, fue una Cueva de Rolando, que, por el contrario, hizo apología de la desintegración y, ella misma, antes que conseguir mejorar su maltrecha imagen, se hundió en el lodazal de su incompetencia, precio que paga por mantenerse al servicio de los intereses injerencistas de los Estados Unidos.

Colombia, en su condición de país anfitrión, junto a otras tres naciones, propuso una agenda, en términos generales denominada “la innovación para fortalecer el multilateralismo hemisférico”. Pero ese multilateralismo que sugirió el presidente Iván Duque, no fue más que un lobo con piel de oveja. La verdadera agenda estaba bajo la mesa: coordinar una acción hemisférica en gran escala contra el gobierno bolivariano de Venezuela, buscando a la mayor brevedad el derrocamiento de su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros. Y tras el ‘fuego amigo’ contra la patria de Bolívar, enfilar acciones contra Cuba y Nicaragua, y otros países con gobiernos de signo progresista.

Imponer un derrotero semejante, llevó a una mayor polarización, no sólo en el continente, sino en el seno de la Asamblea General, en los primeros hervores de la cumbre hemisférica.

Oxigenan a Guaidó

Cuando en la sesión inaugural se incluyó en el temario la presentación y aceptación en el seno de la organización hemisférica del señor Julio Borges, como representante personal de Juan Guaidó, se produjo la debacle. El presidente de la Asamblea, Carlos Holmes Trujillo, y el secretario general de la OEA, se llevaron por la borda los principios fundantes de la OEA y la normatividad estatutaria de la organización.

No sólo porque Venezuela no es miembro de la OEA, como lo recordaron varios representantes gubernamentales, sino porque el organismo regional se atribuía funciones que no le corresponden, como la de conferir legitimidad a un gobierno, el de Guaidó, que nadie ha elegido, que no es producto de una consulta electoral democrática, que no representa un poder real, sino fáctico.

La reacción más enérgica y digna contra esta maniobra, que vulnera los estatutos de la OEA, provino del representante del gobierno de Uruguay, el subsecretario de Relaciones Exteriores de ese país, Ariel Bergamino, quien dijo que no iba a reconocer a una persona que no representaba a ningún gobierno y abandonó la reunión.

No voy a validar la presencia del delegado de Guaidó, lo que implica reconocer a este como presidente, algo que no está en las competencias de la OEA. “A partir de esta situación, que denuncia un progresivo vaciamiento de la institucionalidad de la organización, Uruguay se retira de la Asamblea”, dijo Bergamino.

Doble rasero

A renglón seguido, el representante de Bolivia expresó la misma inconformidad y dijo que se retiraba del foro. El rechazo a la maniobra se extendió a las delegaciones de Granada, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda, Surinam, Dominica, Nicaragua y México, es decir, el bloque de naciones de Centroamérica y el Caribe.

A partir de esta decisión, la Asamblea de la OEA no fue la misma. En las deliberaciones de los representantes de distintos países, se vio una fuerte discusión en torno a lo que algunas fuentes diplomáticas calificaron como un doble rasero, no solo frente al multilateralismo, sino al criterio que se tiene de democracia, derechos humanos y cooperación regional.

Los discursos del canciller colombiano Holmes Trujillo, quien presidió la Asamblea, y del Secretario Almagro, estuvieron tachonados de calificativos de “dictador” y “tirano” contra el gobierno de Maduro en Venezuela. De la misma manera contra los gobiernos de Cuba y Nicaragua. Para ellos era necesario, destituir a Maduro y propiciar cambios “democráticos” en los otros países.

Fracasos

Pero el gobierno de Honduras, nacido de un fraude, y que cimenta un régimen de negación de libertades, no merece siquiera un examen. Tampoco los gobiernos de Argentina y Brasil, o el de Colombia, que ostenta el mayor número de desplazados, de sindicalistas y defensores de derechos humanos asesinados, de excombatientes acribillados, en un naciente proceso de paz.

En este sentido, el mayor fracaso de la reunión de la OEA consiste en atomizar aún más las fuerzas regionales y brindar ante la comunidad internacional un cuadro de discusiones polarizadas en torno a los intereses injerencistas de los Estados Unidos.

La propia gestión de Luis Almagro, divide opiniones entre la comunidad de naciones latinoamericanas. La obsesión de Almagro contra el gobierno bolivariano de Venezuela y el odio que no disimula contra Cuba socialista y el gobierno sandinista de Nicaragua, ha dividido a la OEA. Inclusive la idea de Almagro de trabajar por su reelección, que supuso que la cita de Medellín sería plataforma de lanzamiento, se aguó con la orientación que se dio a la Asamblea General.

Colombia más aislada

A Colombia, por su parte, como país anfitrión, le fue bastante mal. Con Estados Unidos había coordinado el ternario sobre ‘multilateralismo’, que no fue tal. Había expresado, también con el bloque de países más conservadores y neoliberales de la región, una propuesta para modificar la orientación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, iniciativa que tampoco prosperó.

Hizo los máximos esfuerzos diplomáticos por convencer a los cancilleres de los países miembros, para que eligieran a Everth Bustamante como representante de Colombia ante el organismo regional de derechos humanos, propuesta que fue recibida con la mayor frialdad y no convenció. De Bustamante se dijo que ni tenía las calidades morales para ocupar el cargo ni una visión realista de los derechos humanos. Una ficha del uribismo que iba a jugar un papel similar al del exprocurador Alejandro Ordóñez.

Tampoco convenció Colombia a los países miembros, para que le entregaran un chorro de dólares para la atención a los migrantes venezolanos, tarea en la que Iván Duque se quedó solo. La OEA tendrá que hacer una seria reflexión alrededor de su papel como orientador de la cooperación regional, si quiere jugar algún papel relevante en el continente. Empezando por tomar en cuenta la voz de las organizaciones de la sociedad civil, a lo cual que se negó en la reunión de Medellín.

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