Nueva ola neoliberal se avecina

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La “democracia liberal plena” funciona, pero no como nos la dibujan, sino como es realmente: un Estado que, encargado más de la represión, asegura el bajo riesgo inversionista y óptimas ganancias al capital.

Ilustracion billetes pag economica

Nelson Fajardo

Los multimillonarios del sistema financiero, a nivel mundial, consideran que el rumbo de la economía va muy bien y que los malestares que se presentan, son fortuitos y se pueden capotear. Y en efecto, se han podido capotear, para prevenir la tan anunciada depresión económica mundial. De tal forma, que divide la política monetaria entre derecha y supuesta izquierda, cuando la primera, parte de acciones manipuladoras, centradas en favorecer el crecimiento económico, a partir de estimular la inversión, que a su vez, se incrementa cuando las tasas de interés se reducen; para alcanzar un incremento en la demanda con su efecto multiplicador.

Por su parte, la mal llamada izquierda, no es más que la corriente keynesiana y liberal, propia del fin del verdadero capitalismo de la libre competencia, y los inicios del capitalismo monopolista de Estado en su versión imperialista. Desarrolla una propuesta para frenar las crisis de acumulación del capital, como reacción al avance comunista en el mundo, medio para detenerlo, pero aprendiendo de él, tal como sucedió con John Maynard Keynes durante su estadía en la Rusia bolchevique y socialista, capaz de obtener altas tasas de crecimiento, a partir de elevar masivamente la inversión en el crecimiento y desarrollo del aparato productivo, desde su versión socializada, propiedad socialista, baja dirección y control del Estado y el Partido, que limitaba el aumento de las tasas de interés y la especulación financiera, buscando una correspondencia entre el volumen de toda la producción y la masa monetaria requerida para su circulación o realización; así como bajo planificación estatal.

Ha pasado más de medio siglo, desde que Keynes expuso su propuesta y fue aceptada e implementada, de tal manera que condujo a los conocidos años maravillosos del capitalismo, de 1945 a 1973, cuando la gran crisis económica mundial se hizo presente. Fueron 28 años, que logran ese manejo equilibrado entre volumen de producción y masa monetaria en circulación; al punto de estimular lo que Keynes llamó el pleno empleo de los factores económicos, capital/ tierra y trabajo. Y traemos estos planteamientos, para recordar que estamos lejos de recuperar esa versión democrática y liberal de la comprensión de la economía promedia, basada en una fuerte distribución de los excedentes para ampliar el aparato de reproducción; y, con ello potenciar la demanda agregada, detrás de la cual tenemos un Estado empresario, que interviene directamente y redistribuye la riqueza. Esta no quiere decir el fin de la lógica del capital, que intensifica la explotación del trabajo ajeno, para concentrar la riqueza.

Recordamos lo planteado a raíz del reconocimiento que hacen los grandes teóricos y asesores del capital, como Paul Krugman, Adair Turner y Kemal Dervis, mencionados en la revista Dinero, que la política económica en el mundo es ineficaz, incluidas las llamadas no convencionales.

Si captamos el mensaje oculto detrás de estas consideraciones, podemos interpretarlas, sin lugar a equívocos, como el anuncio de una última ola de reformas neoliberales, cuyo centro está en acabar, de lo poco que queda, toda expresión de intervencionismo directo y empresarial del Estado. Acompañado de su reducción a simple interventor indirecto y convertido en un Estado absolutamente gendarme y autoritario, dedicado de tiempo completo al control y la represión de las mayorías, para asegurar óptimas condiciones de valorización al capital. Así, la “democracia liberal plena” funciona, pero no como nos la dibujan, sino como es realmente: un Estado que, encargado más de la represión, asegura el bajo riesgo inversionista y óptimas ganancias al capital. Es un Estado que a través de los bancos centrales, se dedica, exclusivamente a cuidar que la inflación no afecte un crecimiento artificial, basado en un consumo inducido, más no producido, que acaba la producción nacional; pero la sustituye por una importación masiva de bienes de consumo directo para la población y una importación de bienes de capital precarios para un producción limitada y controlada por las transnacionales.

El adelanto para imponer la nueva ola consiste en considerar la política monetaria como componente independiente de las demás políticas públicas y como factor externo que influye determinantemente sobre ellas. Según los mencionados expertos, la política económica aplicada a la superación de la crisis 2007 a 2008 consistió en recortar las tasas de interés a corto plazo para estimular la demanda agregada. Ahora, ante el relajamiento monetario cuantitativo, es necesario que la política fiscal tome las riendas para superar el estancamiento evidente de la economía mundial. Es un estancamiento que debe superarse por medio de una amplia participación de esta política, que además de contener una fuerte política tributaria, se puede apoyar en emisiones y absorber el exceso de oferta de bonos a largo plazo. Bajas tasas de interés, política tributaria a la alza con posibles emisiones y las primas de riesgo controladas; esas tres medidas, si bien aplanan los rendimientos, permiten que los bancos centrales compren deuda emitida en los mercados primarios y aumentar el gasto público.

Es una financiación monetaria estimulante para el sector privado con menos impuestos, mientras que los capitales fortalecen la tasa de ganancia y como corresponde el Estado, asume su vocería en las dificultades que genere la economía real.