Noches sin miedo

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Noche sin miedo en Bogota

Desde el 25 de septiembre se están llevando a cabo en diferentes ciudades del país “las noches sin miedo”, una iniciativa de diferentes organizaciones en favor de la vida, la justicia y contra la estigmatización y persecución militar a los jóvenes

Leandra Becerra Copete
@leandrabeco

La oscuridad de la noche siempre ha sido asociada con el peligro, pero en esta ocasión, este momento tan especial del día ha sido el elegido por centenares de jóvenes y organizaciones barriales, comunitarias, artísticas y culturales a lo largo y ancho del país para realizar un llamado contundente en favor de la vida, la justicia y contra la estigmatización y militarización de la vida juvenil.

Desde el pasado 25 de septiembre y de manera simultánea se ha venido realizando en diferentes ciudades del país esta acción colectiva, que busca a través de las expresiones artísticas, la democratización de la cultura, el reencuentro con la comunidad y la apropiación de los espacios públicos, como los parques, canchas, esquinas, plazas y un largo etcétera, enviar un mensaje contundente, apelando a la sensibilidad y a la subjetividad juvenil ante tanta muerte, olvido y tristeza que sigue enlutando al país.

Así se vivieron

En Barranquilla el arte se tomó la noche, un Mc (Microphone Controller) lanzaba letras crudas denunciando el juvenicidio en marcha y rechazando las masacres perpetradas en los últimos meses en Colombia, donde las víctimas han sido niñas, niños y jóvenes.

En Pereira, la tinta de un aerosol plasmaba en tela la contundente exigencia “que los jóvenes se llenen de paz y no de balazos” y mientras los jóvenes de la Perla y Cúcuta se jugaban un picadito de fútbol, las artes circenses y el fuego de una antorcha iluminaba el camino de quienes desde diferentes localidades de Bogotá se unían al llamado de justicia popular ante la brutalidad policial que hacían las y los jóvenes en la lejana ciudad de Pasto.

En Cali, los gatos ya no eran los protagonistas en el bulevar del río sino las fotografías que no permiten que olvidemos, así como no olvidamos que una noche fue la alegría caribe de los jóvenes la que hizo estallar de felicidad la plaza principal de Sincelejo y no el estruendo de la guerra que ya hace unos años había silenciado los cercanos Montes de María.

Antecedentes

Las noches sin miedo han sido una iniciativa del movimiento juvenil desde hace varios años, que surgió ante la arremetida de organizaciones paramilitares y las llamadas “limpiezas sociales”, mediante las cuales se instituía el terror en la población, se hacían al control territorial y garantizaban mediante el miedo infundido el poder delinquir sin restricciones.

De la misma manera, desde la institucionalidad estatal se decretaban toques de queda en diferentes lugares del país, restringiendo la movilidad ciudadana y estigmatizando principalmente la vida juvenil, sus lugares de encuentro, su interacción nocturna y su libertad de expresión.

De esta manera, las noches sin miedo se constituyeron en una respuesta rebelde a la desidia estatal, en un rechazo contundente a la estigmatización y criminalización de la vida juvenil, en un acto decidido en favor de la paz y contra el militarismo.

El arte, la cultura, el deporte y el intercambio de saberes en lugares comunes, son la característica principal de estos escenarios desde donde se construye organización, lucha y resistencia, perdiendo el miedo a la noche y a quienes la utilizan para sembrar el terror en las ciudades.

Paz con enfoque urbano

Ha quedado claro una vez más la necesidad de seguir enarbolando la bandera de la paz con enfoque urbano, situación que para materializarse debe pasar esencialmente por la reforma estructural de las fuerzas militares, la policía nacional y el desmoste del ESMAD. La doctrina del enemigo interno, el tratamiento de guerra con el que la policía trata la protesta social, y la violación sistemática a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas, deben ser erradicadas de fondo de su accionar para que cumplan su papel constitucional.

Otro aspecto fundamental en esta dirección es parar el juvenicidio que sobre todo ocurre en los lugares periféricos de los centros urbanos, detener la persecución y la estigmatización de la vida juvenil. No se puede seguir criminalizando y militarizando a la juventud. Su acción como generación ha sido protagónica a través de la historia, pero particularmente en los últimos años, la juventud colombiana ha sido uno de los principales motores de la movilización social y sus expresiones de indignación han irradiado el rechazo al uribismo, a la ultraderecha y al actual gobierno.

En las últimas semanas se ha levantado con fuerza la consigna de “nunca más guerra para la juventud”, en rechazo a las masacres contra jóvenes, a los asesinatos perpetrados por la policía nacional, a la brutalidad policial y a la desidia estatal.

Para seguir diciendo ¡nunca más jóvenes para la guerra! las y los jóvenes de Colombia han decidido demostrar que la juventud no se desperdicia en los jóvenes y que, ante la muerte y el terror, la respuesta ha sido, es y seguirá siendo la vida.

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