No firmamos la paz para que nos asesinen

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Marcha de las FARC en Bogotá.

Rubín Morro

He recibido muchas reflexiones y preguntas de mis compañeras y compañeros, de quienes confiamos en la palabra empeñada por el Estado de cumplir eficaz y totalmente el Acuerdo de Paz firmado en La Habana. Agregan:

–Pusimos todo el empeño y voluntad en cumplir lo pactado sin vacilaciones, aunque con una dosis de incertidumbre, por el lastre histórico que hoy nos golpea de nuevo en una espantosa realidad. Y siguen reflexionando…

–A nosotros nos dijeron que dejábamos las armas, acataríamos la ley y la Constitución contra quien luchamos tantos años, y que recibíamos la posibilidad de reincorporarnos integralmente a la sociedad, que sería un proceso complejo, pero jamás nos dijeron: los vamos a matar uno por uno y sistemáticamente.

Y para terminar preguntándome:

–¡O es que!, viejo, Morro, ¿firmamos fue nuestro asesinato?

La verdad entendemos lo complejo que es un proceso de paz, luego de una guerra de más de medio siglo de confrontación armada, donde por la mezquindad y el  equivocado manejo del conflicto por parte del Estado, escaló a dimensiones horribles y desastrosas, todo eso lo entendemos, lo que jamás entenderemos es que el nuevo gobierno  sea  “enemigo acérrimo del Acuerdo de Paz” y eso no lo puede negar, desfinanciándolo, desviando los recursos aportados por la Comunidad Internacional y dejando a matones con las manos  libres, porque no han implementado las “Garantías de seguridad para la vida y Ejercicio de la Política”. Han distorsionado el Acuerdo de Paz y hasta le han cambiado algunos nombres originales donde se asoma claramente, el estigma, la venganza, el odio y la traición.

217 asesinatos desde la firma del Acuerdo de Paz, signatarios de este acuerdo, 72 por año, y con más fuerza en el gobierno de Iván Duque, 48 intentos de homicidio, 15 desaparecidos, y mas de 42 familiares de firmantes del proceso de paz asesinados, eso sin contar los centenares de líderes, lideresas y defensores de los derechos humanos.

Esto es espantoso, inmersos en un proceso de paz, donde el establecimiento, guarda un silencio cómplice, creando la desesperanza de quienes firmamos la paz y la sociedad colombiana. Se le suma todo esto el desplazamiento forzado de varios asentamientos de exguerrilleros y sus familias en proceso de reincorporación. En el ETCR de Ituango, El Diamante en el Meta, amenazas y desplazamiento en Frontinos, Antioquia, en el ETCR de El Oso en el Tolima, en Argelia y Miranda en el Cauca y en otros lugares del país.

Es inadmisible que nos asesinen luego de haber pactado la paz con el Estado colombiano. En la guerra moríamos y estábamos preparados para la muerte, es la dinámica de la confrontación y éramos conscientes de ello. Pero que el asesinato político nos persiga por todos lados, luego de haber cumplido una buena parte de lo acordado, como la “Dejación Integral de las Armas” más de 391 toneladas de material bélico, certificadas por las Naciones Unidas, las Fuerzas Militares y la Procuraduría General de la Nación, cuyo destino fue la construcción de los tres monumentos en Cuba, New York y Colombia como simbología de paz.

Es una situación desesperanzadora para el presente y el futuro de la familia colombiana y para los exguerrilleros y exguerrilleras de las FARC-EP, una enorme incertidumbre e incredulidad con el gobierno.

Nosotros firmamos el Acuerdo de Paz, porque por ello, luchamos toda la vida. Todos respaldamos esta decisión, que, sin lugar a duda, fue la mejor y es el clamor de las mayorías. Estamos con la paz, en medio de estas tormentas provocadas y permitidas por el gobierno, que según parece no es suficiente tanta guerra, en las cuales han sido determinadas por ellos. En consecuencia, el poder político debe implementar todo lo acordado, sin dilación y sin desviar los recursos para la paz.

La militancia de la Fuerza Alternativa, y millones de colombianas y colombianos estamos por  la paz estable y duradera, sin que nos cueste la vida. Sin temores a morir acribillados solo porque firmamos la paz. Tenemos familias, sueños por realizar, una vida para construir, luchar por un país democrático, respetuoso de los derechos humanos con unas fuerzas armadas que preserven las fronteras y no masacren a su propio pueblo. Firmamos la paz para vivir y no para que nos asesinen.

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